Los Trastornos Gastrointestinales Funcionales (TGF) combinan diferentes síntomas que no se pueden explicar por alteraciones bioquímicas o estructurales y que no muestran anormalidades en los estudios de endoscopía, radiográficos o de laboratorio; es decir, no hay una enfermedad inflamatoria, infecciosa o neoplásica que justifique su presencia.
Los TGF afectan a millones de personas en todo el mundo, incluso a los niños. Los síntomas van desde ligeras molestias hasta el malestar y dolor tan intensos que interfieren en el desarrollo de la vida cotidiana a nivel personal, social y labora.
Múltiples síntomas físicos o psíquicos se pueden combinar con los TGF, tales como dolores de cabeza, dificultad respiratoria, fatiga constante, trastornos del sueño, aumento de sudoración, escalofríos, intolerancia alimentaria, reflujo gastroesofágico, pirosis o regurgitación ácida, ansiedad, ataques de pánico, depresión o apatía.
El estrés crónico puede provocar o empeorar los cuadros gastrointestinales; sin embargo, los síntomas como diarrea, incontinencia o dolor pueden ser por sí mismos factores estresantes, con lo cual suele aumentar el grado de tensión de la persona que cae así en un círculo vicioso.
El abordaje psicoterapéutico específico para estos cuadros permite afrontar el estrés general y el que se deriva de los síntomas de modo adecuado, suprimiendo así el círculo vicioso.
La tendencia a experimentar emociones como ira, disgusto, culpa, temor, depresión, enojo, ansiedad y tristeza se relaciona con las quejas físicas y determina características específicas de personalidad en los pacientes que sufren TGF, puesto que han experimentado una elevada frustración relacionada con sus metas y lo expresan mediante reacciones explosivas de agresividad; de la misma manera, los individuos afectados en su estado de ánimo, fatigados, con sentimientos de culpa, con poco interés en las cosas, tensionados o con preocupaciones excesivas, inquietos o irritables suelen ser los más propensos a padecer TGF.
Una psicoterapia adecuada para estos cuadros ayuda a modificar estas características que suelen tener su arraigo en un esquema temprano de vulnerabilidad frente a las enfermedades. El mejoramiento de los mismos modifica la manera en que las personas perciben sus síntomas e incrementa la respuesta al tratamiento. Inversamente, si una persona sufre de un episodio de depresión, pánico o ansiedad y responde a través del sistema gastrointestinal, con toda seguridad empeorarán sus síntomas en tanto sus desórdenes emocionales persistan.
Las personas con estos cuadros frecuentemente se preocupan en exceso por su salud, suelen estar pendientes de sus sensaciones corporales, alertándose frente a cada síntoma. Estos temores hacen que consulten al médico más a menudo que otros pacientes, pero difícilmente se tranquilizan con las respuestas. Como resultado, la relación con el profesional suele complicarse puesto que se eleva la tensión interna del paciente.
El adecuado y oportuno tratamiento de estos factores emocionales mediante la Psicoterapia coadyuva a disminuir el estado de hipervigilancia sintomática y tendencia al aislamiento, favorece la respuesta anímica satisfactoria y disminuye la presencia del dolor en frecuencia, duración e intensidad.
Aunque sus causas son multifactoriales, los TGF merman la calidad de vida y elevan los costos en salud. |