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Cambio de actitud
Recursos psicológicos para
enfrentar la influenza
  • Un error, negar la crisis, pero también sobredimensionarla
  • Cualquier crisis obliga a replantear muchas cosas
  • Puede ser una oportunidad para el crecimiento personal, familiar y social
Aguascalientes, AGS. 29 de abril, 2009

 
 
 
 
 
     
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Aguascalientes, Ags. Toda crisis nos plantea un desafío. Por ello, es importante comprender la situación particular que estamos enfrentando actualmente con la influenza para así poder hacerle frente, dice la psicoterapeuta Claudia Bermúdez.

“En la actual situación, debemos tener claro que éste es un período de cambio, y por lo tanto, de evaluar y modificar varias áreas de nuestro diario acontecer. Sufrir una crisis como la actual nos ocasiona un estado temporal de desorientación emocional y espiritual”.

Claudia precisa que una crisis se caracteriza principalmente por la incapacidad del individuo para enfrentar con los métodos habituales la situación particular que se le presenta. De ahí que se genera un desequilibrio, pues la persona no sabe qué pasos dar para salir del atolladero.

Explica que los síntomas que generan las crisis son similares a los de la depresión o ansiedad. “Existe incertidumbre, desconfianza, apatía, desgano, dificultades para dormir, para concentrarse, para reflexionar serenamente... La persona experimenta una sensación de angustia, pues la crisis se presenta de manera imprevista".

“Un minuto o unas horas son suficientes para que se desorganice y desequilibre toda nuestra vida, pero son justamente estos momentos de dificultades los que nos permiten realizar los cambios y ajustes para hacer frente a la situación”.

Claudia es enfática en que no podemos ignorar la realidad de que vivimos en un mundo en constante cambio. “La crisis es real y requiere de la mayor cantidad de información para abordarla. No todos la experimentan, pues hay quienes se refugian en la negación, pero también hay quienes exageran la situación hasta llevarla al caos. El secreto para superarla es el equilibrio psicológico y el cambio de actitud mental”.

Y añade: “la crisis actual está generada por un factor externo a nosotros, un virus que propaga una enfermedad, pero que también forma parte de un proceso natural de la vida. Si seguimos las recomendaciones de higiene y cuidado de nuestra salud, podemos salir adelante. Toda crisis finaliza. La crisis nunca es el problema, sino la respuesta que le damos”.

La burbuja que se rompe

Claudia comenta que desde el punto de vista psicológico, la actual situación nos hace cuestionar nuestros ideales y metas. “Es como si se nos rompiera la burbuja donde vivíamos tranquilamente y nos enfrentáramos ante la pregunta crucial: ¿por qué me tocó a mi esta situación tan desagradable?. Y al tratar de responderla se genera un gran sufrimiento. La forma más sana de abordar esta circunstancia emocional es cambiar la pregunta (Ahora qué estoy pasando por esto, ¿qué necesito hacer para salir adelante?). Esta actitud permite enfrentar con más serenidad el problema real”.

“La epidemia representa tanto un peligro como una oportunidad. Peligro, por el riesgo de contagio si no se respetan las medidas de salud pertinentes. Oportunidad en el sentido de llevar a las personas, familias o comunidades a la reflexión aún en medio del dolor, confusión y miedo. Es una oportunidad si las personas se unen, se organizan, buscan soluciones en conjunto, salen adelante y crecen. Y a la vez, peligro si las personas se paralizan, pierden la confianza en sí mismas y esperan que los demás les resuelvan sus problemas”.

 
¿Qué hacer para enfrentar esta crisis?
  • Reconstruir mentalmente lo sucedido y expresar el dolor y la incertidumbre. No podemos controlar al virus, pero sí su contagio; no podemos negar el riesgo, pero sí aprender a crear un entorno protegido.
  • Tener claro que la crisis no es eterna y que el cuerpo humano no nos permite vivir en estado de sufrimiento más tiempo del necesario. Es importante encontrar alguien que nos escuche y permita desahogarnos de los sentimientos generados.
  • Desarrollar seguridad y confianza. Algunas crisis acercan a los miembros de la familia. Muchas personas descubren que son más fuertes de lo que creían y adquieren una mejor opinión sobre sí mismas.
 
Primeros auxilios psicológicos
  • Los primeros días después de una crisis son los más difíciles. Las personas pueden sentirse avasalladas por el temor a sufrir y a la muerte. Pueden no saber qué hacer, por lo que deben elegir qué tiene prioridad y qué puede postergarse.
    Es el momento de tener presente que la vida no será la de siempre por un tiempo. Muchas personas complican sus problemas porque pretenden resolver una situación extraordinaria mediante la conducta habitual y se sienten culpables porque no pueden estar tan bien como solían. Hay que tener presente que la crisis no es una situación normal, pues es justamente todo lo contrario.
  • Permítase sentirse mal y sea amable con usted mismo. Tenga presente que sólo puede hacer lo que se requiere en ese momento y que eso es suficiente. Uno de los aspectos más peligrosos de una crisis es que desata ideas e impulsos muy destructivos. Después de todo, cuando las pautas normales de la vida se han lesionado gravemente, parecería que no quedan motivos para seguir viviendo. Sin embargo, se deben tomar precauciones para protegerse a sí mismo y a los demás de acciones fatales. El mejor antídoto es luchar a través de pensamientos equilibrados y realistas, por ejemplo: "Aunque yo no tengo el control sobre lo que está ocurriendo, tengo el control sobre la forma en que voy a reaccionar".
  • Identifique sus prioridades. Es la base fundamental del manejo de la crisis. Estudiar las acciones posibles le evitará cometer errores y sentirse culpable por tomar decisiones precipitadas. También disminuirá la frustración de no poder resolver todo al mismo tiempo.
  • Evite trampas y espejismos. Vivimos en una cultura donde es común anestesiarse frente al dolor para evadirlo. El alcohol produce una especie de tranquilidad y de falsa seguridad. También hay una amplia gama de sustancias que generan una calma artificial o un estado de estimulación y sensación de dominio pasajeros. No hay que recurrir a ellas.
  • Cambiar la mentalidad. Hay que aprender que durante una crisis, las emociones giran en torbellino, los extremos se convierten en norma. Por desgracia, para una persona en crisis, el simple hecho de ignorar los sentimientos dolorosos puede tener consecuencias dañinas, como manifestarse en forma de insomnio, dolor de espalda o cuello, gastritis, úlcera, náuseas, dolor de cabeza, irritaciones en la piel o pérdida de peso.
 
Dominio cognitivo

Claudia Bermúdez refiere que los psicólogos han estudiado las diferencias entre las personas que crecen a través de las crisis de la vida y las que no lo hacen.

“La gran diferencia entre los dos grupos es que los sobrevivientes, a menudo sin darse cuenta, son quienes han cuidado sus organismos, los que encontraron maneras de expresar y manejar los sentimientos intensos y dolorosos, los que han triunfado mentalmente sobre la crisis y han realizado cambios concretos en su comportamiento que les permiten adaptar las ideas y desarrollar acciones adecuadas así como nuevos conceptos de vida. A este proceso se le conoce como dominio cognitivo y abarca tres fases.

  • La primera consiste en averiguar los hechos de la situación, saber a lo que uno se enfrenta y cómo protegerse.
    Sabemos que hay un virus en el ambiente, sabemos que es contagioso pero también sabemos que es curable si se detecta a tiempo. Hay que tener presentes los síntomas y estar al pendiente de sus manifestaciones en nosotros o en nuestros seres queridos, pero no hay que caer en una paranoia que nos asfixie.
  • La segunda fase es comprender exactamente cómo el acontecimiento altera nuestras expectativas de vida, saber con exactitud si amenaza nuestra visión del mundo, en cuyo caso, hay que identificar dónde se necesita un trabajo de reparación mental y emocional.
  • Finalmente, el cambio de mentalidad consiste en desarrollar nuevos objetivos, que permitan vivir en un mundo con un nuevo sentido de las proporciones.

Una vez puesto en práctica el dominio cognitivo, la persona estará lista para encarar la situación de una forma más sana y productiva.

 
Qué podemos hacer en familia

Una de las recomendaciones de las autoridades es permanecer en casa para evitar estar en contacto con mucha gente y disminuir las posibilidades de transmisión del virus. Sugieren ventilarla evitando corrientes de aire, permitir que entre el sol y limpiar los artículos de uso común como picaportes, auriculares, pasamanos, trastos, etc. También advierten sobre lo necesario que resulta cuidar de la alimentación y la higiene personal.

Pero ¿qué podemos hacer en casa con la familia y evitar que nos sintamos prisioneros? Algunas sugerencias tienen que ver con el cambio de actitud frente a las actividades cotidianas.

  • Realizar aquellas actividades que, por falta de tiempo, se postergan, tales como el arreglo de detalles de la casa como sustitución de focos fundidos, reparación de detalles de plomería, cambio de la distribución del mobiliario y de los elementos de ornato para “airear” el espacio y modificar el panorama físico de la casa. Experimentar nuevas recetas de cocina o presentación de los alimentos para hacerlos más atractivos para los miembros de la familia.
  • Organizar los lugares donde guardamos nuestra ropa, objetos de uso cotidiano y tesoros personales, y compartir con los otros miembros de la familia anécdotas relacionadas con nuestra historia personal mientras lo hacemos.
  • Compartir nuestros temores y buscar la información necesaria para superarlos, establecer estrategias de acción frente a diversas situaciones de emergencia y encontrar las soluciones más prácticas y adecuadas para cada una de ellas.
  • Leer un libro y comentarlo con nuestros seres queridos, realizar círculos de lectores familiares, escuchar música que no habíamos tenido oportunidad de conocer, informarnos de dónde procede, cuál es su significado, etc. Admirar o realizar alguna obra artística.
  • Ver alguna película y analizar el mensaje que cada miembro de la familia obtuvo de ella. Crear una filosofía familiar. Acrecentar los valores humanos.
  • Ver en la televisión algún documental e investigar posteriormente en otras fuentes bibliográficas o electrónicas si la información es fidedigna.
  • Escuchar los noticieros y realizar un análisis de la información. Ampliarla de ser necesario.
  • Mantener la calma y establecer las normas de actuación frente a esta epidemia viral. Brindar la tranquilidad y confianza a los menores de edad que tanto necesitan en estos momentos.
  • Cuidar de la nutrición y ejercitar el cuerpo. Realizar actividades al aire libre con el debido uso del cubrebocas evitando sitios concurridos.
  • Descansar adecuadamente, dormir las horas necesarias y disfrutar de los momentos de soledad que se puedan tener durante el transcurso del día.
  • Fortalecer el crecimiento espiritual de la familia a través de lecturas de reflexión, religiosas o de desarrollo humano. Aprender a comunicarse con la familia de manera sana e incrementar los lazos de unión.
  • Crear un plan de Vida Familiar, donde se incluyan las metas y sueños de los miembros de la familia y establecer los pasos a seguir para lograrlos, determinar cómo se pueden brindar apoyo unos a otros para su consecución.
  • Cuidar nuestra salud mental y buscar ayuda profesional de ser necesario.

 

Si quiere contactar a la psicoterapeuta Claudia A. Bermúdez Borja, escríbale al correo electrónico clalmondpsi@yahoo.com.mx

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