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DEL ENAMORAMIENTO AL AMOR, PARTE 2
La relación perfecta
  • Se require de dos personas maduras
  • Motivos de fricción
Aguascalientes, MÉXICO, a 09 de marzo del 2010

 
 
Criptas
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

     
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Por Claudia Bermúdez, psicoterapeuta
psicologiaclinicaespecializada@yahoo.com.mx

Muchas personas desean que la relación que sostienen sea tan satisfactoria como las que han visto en películas, pero esta perspectiva es la que condena la relación al fracaso.

Una visión tan superficial de la vida origina que los encuentros con la otra persona sean más cuantitativos que cualitativos, se aprende a ceder con demasiada facilidad y renunciar de igual manera. Este “aprendizaje del amor” no enseña a mantener lo que una sana relación necesita: armonía, comprensión, respeto mutuo, confianza, e igualdad en la que se comparte desde lo que se posee hasta lo que se decide.

Si existe amor y enamoramiento, la relación es satisfactoria y enriquecedora porque hay consistencia y continuidad. Sin embargo, para establecer una relación afectiva adecuada y duradera es imprescindible contar con la madurez necesaria para tomar decisiones, la capacidad para intercambiar afecto, para comprender al otro y adaptarse a los cambios y dificultades propios de la convivencia humana, además de poseer la suficiente estabilidad emocional que permita ejercer el sentido de la lealtad y de la fidelidad hacia la otra persona.

Creer que no van a existir problemas es un espejismo en el que frecuentemente caen las parejas. Pero si existe comunicación, las dificultades se pueden resolver siempre y cuando se tenga conocimiento realista de la relación, de la pareja y de uno mismo.

Tener imaginación para no caer en la rutina y disfrutar de la vida evita que la relación caiga en el tedio y monotonía. El sentido del humor salva muchas situaciones cotidianas.

Motivos de fricción

Hay que procurar, desde una perspectiva más racional, analizar las posibilidades que se tienen para establecer una relación satisfactoria y duradera con una persona en concreto, tales como las circunstancias que la rodean, su familia, sus amigos, sus costumbres, tradiciones y cultura.

Otros motivos de fricción son los hábitos inadecuados, tales como el abuso del alcohol, el consumo de drogas, el despilfarro de dinero, la falta de control y administración en los gastos, la tendencia al juego patológico y las conductas irresponsables e impulsivas. Todos estos son comportamientos incompatibles con una relación afectiva gratificante y duradera.

Cuando se comparten objetivos similares y realistas, cuando se piensa de modo similar en lo que se refiere a cuestiones esenciales respecto a la ideología, filosofía, educación, cultura y espiritualidad, es más probable que se llegue a un acuerdo.

Un nivel cultural e intelectual parecido también favorece la comunicación continua, sincera y participativa. Y un estilo de educación parecido evita roces o comportamientos desagradables en la vida cotidiana.

Conocer las actitudes del otro

Desde el noviazgo es importante conocer la actitud del novio o de la novia en la relación con sus padres, el respeto hacia ellos como figuras parentales y de autoridad así como el cumplimiento de sus indicaciones. Éste es un importante indicador de cómo va a tratar a los padres de su cónyuge y de cómo se va a comportar como padre o madre, presentándose así la oportunidad, desde el comienzo de la vida en común, para resolver problemas que podrían convertirse en situaciones graves.

No es recomendable renunciar a los amigos y conocidos de cada miembro de la pareja. Por el contrario, hay que procurar combinar estas relaciones previas para preservar la armonía y una vida social estable.

También se sugiere conocer qué actitud tiene la pareja en relación con el trabajo, puesto que, la seguridad económica no sólo es primordial para la buena marcha del hogar sino que el trabajo, tanto en el hombre como en la mujer, tiene gran influencia en su forma de ser, en su actitud frente a la vida y hacia las demás personas. Por ello es importante conocer con cuánto interés cumple con sus obligaciones o si busca el mejor pretexto para evadirlas.

Muchos problemas se originan cuando algunos aspectos no quedan debidamente definidos en el matrimonio y que pudieron haberse detectado desde el noviazgo.

La convivencia cotidiana entre dos personas suele ser difícil, las pequeñas dificultades pueden minar progresivamente una relación hasta destruirla; sin embargo, si se conoce mejor a la otra persona y a uno mismo, si se comprenden los sentimientos propios y se cuidan las decisiones que se toman, se puede enriquecer con inteligencia la relación incrementando las posibilidades de éxito. Aunque el amor, como sentimiento, tiene características básicas, no todas las personas quieren de la misma forma. No es suficiente con querer, sino que hay que saber querer.

El noviazgo es un período de prueba. Si durante el mismo se nota que la pareja no es la persona indicada para tener una relación sana y productiva, hay que terminarla sin miedo a las presiones sociales como las de la familia, del qué dirán, de estar solo o sola, etc. Más vale rectificar a tiempo que sufrir por una elección mal hecha.

Expectativas creadas

Las relaciones perfectas sólo existen en los cuentos de hadas, las canciones, la poesía, el cine, etc. Sus elementos se encuentran saturados de signos y símbolos que se instauran en el niño y la niña, sembrando en su mente infantil las primeras semillas de las expectativas que posteriormente tendrán acerca del hombre y de la mujer ideal.

Hoy en día coexisten en los cuentos de hadas las caracterizaciones tradicionales que describen a personajes rígidos y estereotipados y también aquéllas que contienen roles flexibles, equitativos y sin jerarquías. Lo mismo sucede con las identidades de los hombres y mujeres de la época actual: la crisis de identidad se debate entre el machismo y la liberación de género, por lo que las modernas expectativas acerca de la pareja estén saturadas por la ambivalencia de sentimientos, deseos e intereses encontrados.

Los estudiosos del tema señalan que, en términos generales, los hombres jóvenes buscan una compañera con algunos atributos de mujer liberada, pero con predominio de características tradicionales como la aceptación incondicional, que esté disponible en todo momento, que sea físicamente atractiva, inteligente, fiel, sensible, honesta, hábil para las tareas domésticas y desinhibida sexualmente. Mientras que las mujeres jóvenes buscan un hombre que sea fiel, responsable, honesto, sincero, sensible, tierno y comprensivo. Ellas buscan un hombre nuevo, ellos una mujer conocida y tradicional.

La elección ideal

  1. Buena capacidad de comunicación y atracción física mutua.
  2. Nivel cultural y educacional sin grandes diferencias, aficiones comunes, escala de valores similar. Buena relación con los familiares y amigos del otro. Capacidad intelectual parecida, concordancia ideológica.
  3. Madurez de personalidad, estabilidad emocional, sentido del humor y capacidad para adaptarse a los cambios. Habilidad para dar y recibir afecto, de comprensión y sacrificio, tolerancia y generosidad, respeto mutuo, lealtad y fidelidad.
  4. Proyectos comunes o compatibles, conciencia de igualdad y planteamientos realistas. Voluntad de compartir, tolerancia a las frustraciones, capacidad para no caer en la monotonía.
  5. Ausencia de hábitos inadecuados (alcohol, drogas, juego, etc.).

Para que una relación funcione se requiere de dos personas suficientemente maduras, independientes y autónomas. Para que una pareja sea sólida y productiva, sus miembros deben compartir el poder, las decisiones, las responsabilidades de crianza, domésticas y económicas; negociar los puntos de vista, ejercer los mismos derechos sexuales y reproductivos; buscar el diálogo y mantener buena comunicación; así como expresar necesidades y deseos sin esperar que el otro los resuelva, con la simple intención de que las conozca y sepa la situación por la que está pasando.

También es necesario no sentirse amenazados ni impedir la superación económica, intelectual, física y emocional del compañero; tolerar los errores e imperfecciones propios y de la pareja, ser fiel por convicción y por respeto no sólo al acuerdo que se hizo en común, sino por el respeto, lealtad y congruencia consigo mismo.

No existen relaciones ni parejas perfectas. Lo que sí existe son parejas funcionales y creativas, que se aman, respetan y contribuyen al crecimiento del compañero y que se esfuerzan constantemente para mantener el vínculo.

Si su relación no ha llegado a concretarse en la salud mental, acuda a un especialista en Terapia de Pareja y busque asesoría, para fortalecer su relación o romper el vínculo de la manera más madura posible.

 
 
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