El Alzheimer es la causa más frecuente de demencia en los ancianos, es un trastorno grave y degenerativo, producido por la pérdida gradual de neuronas cerebrales. Aunque cada día se sabe más sobre la misma, aún se desconoce su causa exacta.
La demencia es un trastorno cerebral que afecta seriamente a la persona que lo padece. Los síntomas incluyen la incapacidad para adquirir nueva información y para recordar cosas que se sabían; problemas para hablar y expresarse con claridad, o para llevar a cabo actividades motoras o para reconocer objetos o personas. Los pacientes, además, pueden sufrir un cambio de personalidad, tener dificultades para trabajar o llevar a cabo las actividades habituales y, en ocasiones, pueden presentar síntomas similares a la depresión o a la ansiedad.
Esta enfermedad neurodegenerativa fue descrita por el médico Alois Alzheimer en 1906. El término de Alzheimer se aplicó a la demencia progresiva que se desarrollaba en la edad media de la vida, antes de la etapa senil. Se denominaba demencia senil a la que aparecía en las etapas avanzadas de la vida; posteriormente, se demostró que ambos procesos eran el mismo trastorno, independientemente de la edad de su aparición.
Factores de riesgo: edad, herencia,
escolaridad, enfermedades previas
Aunque no se sabe con certeza qué es lo que causa el Alzheimer, se ha descubierto que el envejecimiento del cerebro no se lleva a cabo de igual manera en todas las personas; se ha señalado que hay factores genéticos, ambientales y sociales que influyen en su desarrollo. De acuerdo a diversas investigaciones se ha detectado que los factores de riesgo más notables son:
- La edad: personas mayores de 65 años tienen un 10% de riesgo de tener la enfermedad, mientras que en los mayores de 85 años el riesgo se eleva a casi el 50%.
- Los individuos cuyos padres o abuelos han tenido demencia tienen más riesgo de desarrollarla, puesto que existen genes que se han asociado con la predisposición; sin embargo, la enfermedad se considera hereditaria en menos del 1% de los casos. La herencia influye junto con otros muchos factores, por lo que se considera multifactorial, es decir, tener un antecedente familiar de Alzheimer aumenta las posibilidades de ser diagnosticado con la enfermedad en el futuro, pero no significa que se vaya a padecer forzosamente.
- El nivel educativo también se ha relacionado con la demencia. Un alto grado de escolarización parece ser un factor de protección, porque la educación proporciona recursos y estrategias para resolver problemas, lo que depende de la cantidad de redes neuronales asociadas a ello. Otros estudios han asociado la capacidad para expresarse a través de un lenguaje escrito complejo en los primeros años de la edad adulta con un menor riesgo de demencia en la vejez.
- Los pacientes con factores de riesgo vascular (hipertensión, tabaquismo, hipercolesterolemia, diabetes mellitus, fibrilación auricular) tienen mayor probabilidad de desarrollar demencia. Es posible que estos factores actúen aumentando las lesiones vasculares en el cerebro, y la unión de lesiones vasculares y lesiones degenerativas permita la expresión clínica de la enfermedad de Alzheimer en muchos casos.
La importancia de establecer un diagnóstico
Actualmente, la única manera definitiva para diagnosticar la enfermedad de Alzheimer es investigar sobre la existencia de placas y ovillos en el tejido cerebral, pero para observar el tejido cerebral se debe esperar hasta que se haga la autopsia (examen del cuerpo que se hace después que la persona muere). Por consiguiente, los médicos deben hacer un diagnóstico de "probable" enfermedad de Alzheimer en vida del paciente, utilizando criterios clínicos bien establecidos por el Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos, Alteraciones de la Comunicación, Ictus y Enfermedad de Alzheimer y Enfermedades Asociadas (NINCDS-ADRDA). Estos criterios clínicos pueden completarse con los resultados obtenidos de las pruebas de imagen cerebral.
Para poder diagnosticar a un paciente de Enfermedad de Alzheimer se debe hacer:
- Una historia médica completa que incluya información sobre la salud general de la persona, los problemas médicos anteriores y cualquier dificultad que la persona tenga en las actividades diarias.
- Pruebas diagnósticas médicas, tales como los exámenes de sangre y de orina, ayudan al médico a encontrar otras posibles enfermedades que causan estos síntomas.
- Un examen neuro-psicológico para medir la memoria, la capacidad de resolver problemas, la atención, la capacidad de contar y el lenguaje.
- Debe descartarse la existencia de una depresión, que a veces puede simular un cuadro de demencia, aunque, lo más frecuente es que las dos enfermedades coexistan.
- Exámenes del cerebro con escáner (TAC) o con resonancia magnética nuclear (RMN) para ver si hay algo que no parezca normal.
- Con estos datos se pueden descartar otras causas de demencia, algunas de las cuales pueden recibir tratamiento, por ejemplo, la falta de hormonas del tiroides, la depresión, efectos de fármacos sedantes, o algunas enfermedades cerebrovasculares. En concreto, el Alzheimer se caracteriza por un deterioro progresivo, sin cambios bruscos.
Una vez se conoce el diagnóstico es importante saber cómo se debe comunicar al paciente. La mayoría de los expertos opinan que los pacientes tienen derecho a conocer su enfermedad para poder actuar, si lo consideran necesario, antes de que sea demasiado tarde. Hacer testamento, reorganizar su economía o incluso despedirse de sus amistades puede ser importante para algunos enfermos. La información sobre la salud es un deber y un derecho, comunicar el diagnóstico de Alzheimer debe inscribirse en un proceso de relación de ayuda y comprensión, se debe preparar al enfermo para que madure la información y lo asimile.
No todos los individuos están preparados para actuar cuando conocen que tienen una enfermedad incurable de mal pronóstico; algunos tienen una reacción que les conduce a la depresión, con lo que se acentúan más los síntomas de demencia. Otros no aceptan la enfermedad, creen que los médicos se han equivocado. Esto mismo puede ser una reacción de los familiares, que buscan otras opiniones para cerciorarse del diagnóstico.
Conocer los síntomas de alarma
La forma de aparición de la enfermedad es muy variada, pues no existe un patrón único y, en ocasiones, puede no notarse nada hasta que la enfermedad ha evolucionado un poco. Los síntomas que hacen pensar en la presencia de Alzheimer son:
- Pérdida de memoria: el síntoma más precoz de esta enfermedad es la pérdida de memoria, que se inicia con olvidos frecuentes de cosas que se acaban de hacer (no saben que han comido, o si han cerrado la puerta de la casa con llave). El paciente suele ser consciente de estos olvidos, aunque a veces trata de disimularlo.
- Dificultades para realizar tareas habituales: los pacientes olvidan guardar las cosas en los armarios, tienen problemas para el manejo de los electrodomésticos comunes, van a comprar y olvidan cosas o compran aquéllas que no necesitan.
- Problemas con el lenguaje: los pacientes con Alzheimer incipiente tienen dificultades para encontrar las palabras correctas para expresarse.
- Desorientación en tiempo y espacio: es normal que los pacientes olviden el día en el que viven y no sepan dónde se encuentran, llegándose a perder en trayectos tan simples como de su casa a la tienda, o incluso dentro de su propia casa.
- Disminución del juicio: al inicio de la enfermedad los pacientes muestran una incapacidad para hacer juicios de cosas simples, de modo que en ocasiones toman decisiones incorrectas sobre la ropa que deben ponerse en función de tiempo que hace, o el dinero que deben pagar.
- Problemas con el pensamiento abstracto: los pacientes pierden su capacidad de hacer cálculos, y en ocasiones olvidan la utilidad de los números.
- Desordenan cosas: al inicio de la enfermedad los pacientes colocan las cosas en sitios disparatados, como poner la cartera dentro de la cazuela o los zapatos dentro de la lavadora.
- Cambios de humor o comportamiento: los pacientes con enfermedad de Alzheimer pueden tener cambios bruscos de humor, sin aparente motivo y sin desencadenantes externos.
- Cambios de personalidad. Aunque la personalidad suele cambiar con la edad, los pacientes con Alzheimer tienen cambios exagerados de la misma, convirtiéndose en personas desconfiadas, dependientes o hurañas.
- Pérdida de la iniciativa: esto implica que son incapaces de tomar iniciativas para llevar su casa, hacer las cuentas u organizar sus vidas. Con frecuencia, su actividad diaria acaba limitándose a mirar la televisión, sin prestar atención a su entorno.
Las tres etapas de la enfermedad
La enfermedad pasa por diferentes etapas, caracterizadas por un deterioro progresivo:
- INICIAL: La sintomatología es leve, el paciente puede valerse para las actividades básicas, aunque precise apoyo puesto que ocasionalmente se le olvidan algunas cosas, o puede perderse etc. La pérdida de memoria puede pasar inadvertida o atribuirse a olvidos benignos, aunque con el tiempo pueden interferir en las actividades diarias. Algunos pacientes son conscientes de las dificultades que tienen, lo que les genera frustración y ansiedad. En esta fase también se debe ir preparando a los familiares y al propio paciente de lo que está por venir, para que se tomen decisiones sobre el futuro cuando la persona todavía es capaz de hacerlo.
- INTERMEDIA: síntomas con gravedad moderada. El paciente es más dependiente, necesita ayuda para el autocuidado (vestirse, lavarse, peinarse, comer...). Las alteraciones cognitivas son muy obvias y ya no existen dudas sobre su diagnóstico. El paciente es incapaz de trabajar, se pierde y se muestra confuso con facilidad, necesitando supervisión diaria. En esta etapa, las formas sociales, el comportamiento de rutina y las conversaciones superficiales pueden conservarse de forma sorprendente y sólo cuando se interroga al enfermo de forma dirigida somos conscientes de sus dificultades. El lenguaje suele alterarse, sobre todo la capacidad de comprender lo que se le dice y la de dar nombre a los objetos. Aparece incapacidad para realizar actos motores secuenciales como vestirse, comer, hacer rompecabezas o copiar figuras geométricas. Hay dificultad para hacer cálculos sencillos o leer la hora. En esta fase son frecuentes las alucinaciones (los pacientes ven objetos que no están en la habitación: animales, personas conocidas etc.) y los delirios (en ocasiones acusan falsamente a su pareja de infidelidad, piensan que la persona que los visita es un ladrón, o se asustan de su propia imagen en el espejo).
- AVANZADA O TERMINAL: el paciente es dependiente para todas las tareas básicas de la vida. En esta etapa pierde el contacto con el medio exterior y no puede comunicarse ni responder a los estímulos externos. Se tarda en perder la capacidad de caminar, pero cuando lo hace es de forma errante y sin sentido. A veces tienecomportamientos desinhibidos, agresivos o pasivos. La alteración del patrón vigilia-sueño se da en muchos enfermos de forma que no duermen por la noche y tienen periodos de agitación durante estas horas, y se pasan durmiendo todo el día. La rigidez muscular que va apareciendo los conduce a lentitud y torpeza de movimientos. Al final muchos pacientes están rígidos, mudos, no controlan los esfínteres y permanecen prostrados en cama. Se aumentan los riesgos de complicaciones por infecciones, deshidratación, llagas, desnutrición, etc. Frecuentemente, la causa de la muerte suele estar relacionada con alguna de estas complicaciones.
El Alzheimer suele ser de evolución lenta, empieza con pequeños problemas de memoria y acaba con un daño cerebral grave. El curso de la enfermedad varía de una persona a otra. En promedio, los pacientes viven entre 8 y 10 años tras el diagnóstico, aunque en algunas ocasiones los pacientes pueden sobrevivir hasta 20 años. Se desconocen los motivos de estas diferencias.
Consejos para quienes conviven con el paciente
Convivir con un enfermo de Alzheimer no es una tarea fácil, sus problemas acaban siendo de todos. Algunas asociaciones especializadas aconsejan algunas acciones para intentar hacer más fácil la vida de y con los pacientes de Alzheimer, tales como:
- Es muy importante que los pacientes reconozcan su entorno. Los cambios frecuentes favorecen la desorientación y los problemas de ubicación. Es importante mantener una rutina diaria. Si el paciente está rodeado de objetos familiares se sentirá más cómodo.
- Los pacientes pueden perderse con frecuencia. Para evitar problemas es necesario saber dónde se encuentran en cada momento; eso evitará problemas tanto a los pacientes como a los familiares. Un método que algunas familias usan para prevenir que el paciente se extravíe es ponerle campanas a todas las puertas que dan al exterior.
- Con frecuencia, los pacientes no tienen la sensación de hambre y sed habituales. Hay que asegurarse que beban líquidos abundantemente y que coman de forma adecuada.
- Es importante que el paciente se mantenga independiente el mayor tiempo posible: debe fomentarse el autocuidado lo más posible. También es recomendable que el paciente tenga actividad física el mayor tiempo posible, hay que fomentar que camine o que haga ejercicios regularmente.
- Es importante mantener las relaciones sociales. Hay que favorecer las visitas de amigos y familia.
- Se deben emplear ayudas escritas para la memoria como calendarios y relojes, listas de tareas diarias, etiquetas de los objetos sobre los que pueda olvidar para qué sirven. Se deberá revisar el hogar en cuestiones de medidas de seguridad como las barras en la pared, cerca de la taza del baño y la bañera, alfombras que no resbalen etc.
- Los familiares deben ser conscientes de que la enfermedad es progresiva y que el deterioro del paciente será cada vez mayor, por lo que se deben organizar por adelantado las necesidades futuras como sillas de ruedas, camas articuladas, o ayuda a domicilio.
- Es importante contar con el apoyo profesional para el manejo emocional del paciente y de la familia durante el proceso de la enfermedad.
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