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SEGUNDA PARTE
Trastorno Límite de la Personalidad: un padecimiento de nuestro tiempo
  • Nueve pacientes relatan sus síntomas
  • Buscar un terapeuta experimentado y flexible
  • Un buen terapeuta no atiende casos, sino personas concretas
Aguascalientes, MÉXICO, a 21 de abril del 2010

 

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"Cada época histórica ha desarrollado sus propias patologías mentales".
Foucault

 

Por Psic. Claudia Bermúdez
psicologiaclinicaespecializada@yahoo.com.mx

La persona con Trastorno Límite de Personalidad (TLP) vive con una notoria predisposición a actuar de modo impulsivo, desbordado e impetuoso, en un vertiginoso torbellino emocional mediante el cual busca desesperadamente alivio y tranquilidad. Aunque recurra a conductas autodestructivas, lo hace sin tener en cuenta las consecuencias, puesto que su capacidad de planificación es mínima.

 

Mi vida se puede resumir en dos palabras: blanco o negro, si o no…

“Soy TLP, mi forma de vida se puede definir en dos palabras: blanco o negro, sí o no, todo o nada. No acepto medias tintas, la gente que quiera estar conmigo está o no está; está conmigo o en mi contra, yo hago exactamente lo mismo.

"Puedo ser sutilmente dulce y tierna o abiertamente agresiva; prudente y discreta como una tumba o la peor intrigosa que pueda existir. Si estás conmigo disfrutando de un momento placentero y dices o haces algo que no me guste, me vuelvo violenta y agresiva de repente; cuando eso pase, por favor no intentes calmarme, aléjate y déjame, no me hables, porque puedo destruirte de muchas formas.

"¿Sabes cuál pregunta me ‘repatea’: ¿cómo puedes ser tan lista para unas cosas y tan tonta para otras? Nunca te atrevas a hacerla, podemos terminar muy mal los dos.

"Las personas que me rodean se confunden conmigo, soy capaz de llorar al ver en la televisión algo triste, una película o las noticias... pero las tragedias reales, aunque sean de personas que quiero, rara vez me producen algún efecto, no sé por qué, pero así soy. Te sorprenderá saber –pero muy pronto te darás cuenta- que tú puedes tener una idea acerca de mí y otra persona una totalmente diferente, y las dos tienen la razón, así soy, esa soy yo exactamente”. (Paciente con TLP)

 

En la práctica clínica, se encuentran pacientes muy diferentes que cumplen los criterios del TLP y aunque padecen el mismo trastorno, tienen personalidades distintas; sin embargo hay un elemento común a todos los casos, la intensa angustia del paciente y la de su familia. El diagnóstico conserva cierto grado de ambigüedad y depende, en buena medida, de la subjetividad del observador y de un límite cuantitativo arbitrario que indica que se requieren cinco de los siguientes síntomas:

  1. Esfuerzos frenéticos para evitar un abandono real o imaginado.
  2. Patrón de relaciones interpersonales inestables e intensas, entre la idealización y la devaluación.
  3. Imagen de sí mismo inestable.
  4. Impulsividad potencialmente dañina para sí mismo (gastos, sexo, abuso de alcohol o drogas, conducción al volante temeraria, atracones de comida, etc.).
  5. Comportamientos, intentos o amenazas de automutilación o suicidio.
  6. Inestabilidad emocional.
  7. Sentimiento crónico de vacío.
  8. Ira inapropiada e intensa (enfado constante, peleas físicas recurrentes).
  9. Ideas de persecución, celos intensos, síntomas disociativos ante el estrés.
 

Vivo en una “montaña rusa”: arriba y feliz... o abajo y hundida

“Intento ser normal, tener relaciones normales, un trabajo normal, una vida normal, pero cuesta mucho, es muy difícil. La gente que me rodea no entiende que la autodestrucción me persigue siempre y tengo que luchar contra ella cada segundo de mi vida.

"Es muy complicado seguir las reglas del juego, las reglas de la vida se complican mucho para la gente como yo, o sea, los que llevamos, sin quererlo, los sentimientos ‘por fuera’. Por eso, yo defino mi vida como una montaña rusa, primero arriba y feliz; de repente, abajo y hundida. Lo más curioso es que no hace falta que pase algo extraordinario para que mis sentimientos cambien, una hoja que cae, una llamada que no llega, un segundo que se hace eterno, lo que para otros es mínimo y trivial, para mí es suficiente para poder tocar el cielo con mis dedos o hundirme en el infierno”. (Paciente con TLP).

 

El TLP es un trastorno de inicio temprano y de curso crónico, se puede manifestar desde las primeras etapas de la infancia, durante la adolescencia o al inicio de la edad adulta; pero antes de los 25 años. Los casos en que aparece con mayor precocidad suelen tener peor pronóstico; en especial si van acompañados de abuso de sustancias, conductas suicidas o para-suicidas y conductas autodestructivas.

La edad de mayor incidencia del trastorno suele ser entre los 20 y 35 años. El TLP no es un trastorno degenerativo; en la mayoría de los casos se produce una estabilización a partir de los 35-40 años, atenuándose muchos síntomas, sobre todo la impulsividad. Pero esta "mejoría" no se produce de forma automática ni de igual manera en todos los casos y depende mucho del deterioro que la persona haya acumulado a lo largo de los años y del adecuado tratamiento que reciba.

 

Mis relaciones personales han sido muy inestables

“Soy TLP. Tengo 38 años, cuento con una amplia experiencia como paciente psiquiátrica y psicoterapéutica. Me diagnosticaron como TLP hace apenas seis años, ‘no más no daban’ con el diagnóstico antes.

"Mis relaciones personales han sido muy inestables. Iban de la máxima idealización a la más profunda devaluación. He tenido varias parejas, mejor dicho muchas, realmente muchas para la gente normal; ‘casualmente’, todos me dejaron por mi ‘geniecito’, por la impulsividad y por lo ‘voluble’ de mis emociones, todos coincidían en que paso fácilmente de la alegría a la tristeza, de la tranquilidad a la explosividad, de la paz a la ira, así, en ‘un dos por tres’, sin previo aviso; lo que provocaba que siempre tuviéramos nuestro ‘round’ de discusiones y peleas con agresiones verbales y ‘lanzamiento de objetos’ incluido.

"Creía que ellos tenían una imagen equivocada de mí, ahora sé que no, que yo era quien distorsionaba esa percepción de mí misma, por eso me sentía vacía todo el tiempo y estaba dispuesta a hacer lo que fuera para no sentirme así; sí, lo que fuera, realmente cualquier cosa que fuera necesaria. Por eso mi promiscuidad; con todas las parejas fue lo mismo, o casi; al principio, todos felices porque me ‘atrevía’ a cualquier cosa, les cumplía cualquier fantasía que tuvieran, luego, con el tiempo, de ‘zorra’ y otros calificativos ‘no me bajaban’, nunca sentí culpa, pero sí un gran vacío y mucha angustia, me daba miedo quedarme sola y lo hacía para que me quisieran, al final, de todas formas, me abandonaban y seguía sola y vacía”. (Paciente TLP).

 

Son muchos los factores para llegar al TLP

Los autores especializados en la materia coinciden en señalar que existen múltiples factores de tipo biológico, psicosocial y de aprendizaje que interactúan entre sí para que se produzca el TLP:

  1. El Modelo Cognitivo considera el trastorno como resultado de esquemas y patrones cognitivos disfuncionales.
  2. La Teoría Biosocial del Aprendizaje propone la interacción recíproca de factores biológicos y aprendizaje social en el origen del trastorno.
  3. Modelo Dialéctico: la mayoría de los comportamientos se pueden explicar como resultado de errores de diálogo entre los polos opuestos en los que a menudo se mueve el TLP.
  4. Ambiente Familiar: la mayoría de los especialistas refiere que el ambiente recibido en la infancia temprana es crucial para la evolución del trastorno, en particular, si no se establece un vínculo seguro entre los que proporcionan cuidados y el niño. Muchos pacientes refieren abusos o negligencias en esta etapa.
 

En el trasfondo familiar se encuentran dos tipologías familiares en las que aparecen casos de TLP:

  1. Familias caótico-inestables: se caracterizan por constantes crisis conyugales y disputas familiares, escenarios impulsivos, consumo de alcohol, dependencias a personas o a sustancias y la utilización de los hijos como chivo expiatorio o como el ‘nudo’ que sostiene la relación de pareja.
  2. Familias negligentes y practicantes del abuso emocional: tienen como rasgos característicos la frialdad y distanciamiento emocional con los niños, la desmoralización o invalidación personal, la negligencia en la atención y cuidado, la separación temprana de los padres, o fases largas de depresión por parte de alguno de los padres.
 

Algunos de los factores ambientales implicados son:

  1. Vivencias traumáticas en la infancia. Algunos de los pacientes refieren abusos sexuales por alguien que no estaba a su cargo
  2. Comunicación y regulación emocional inadecuada en la primera infancia.
  3. Actitudes extremas en la crianza, ya sea negligencia o sobreprotección, incoherencia o desacuerdo de los padres, rigidez o extrema flexibilidad.
  4. Invalidación, respuesta inapropiada a la comunicación de experiencias privadas por parte del niño, ya sean ignoradas, castigadas o minimizadas.
  5. Adopción.
  6. Desestructuración familiar por separación, enfermedad psiquiátrica o adicciones en los progenitores.
  7. Deficiente o inexistente red de apoyo fuera de la familia.

Factores biológico-genéticos: Torgensen distingue dos posibles subtipos, el TLP ‘impulsivo’ y el TLP ‘vacío’, admitiendo una ligera influencia genética en el primero, mientras que el segundo podría estar genéticamente relacionado con la esquizofrenia.

 

Cuando todo va bien y todos confían en mí, lo estropeo

"Defraudar a las personas que confían en mí es otra de mis ‘virtudes’, cuando todo va bien, cuando todos confían en mí, yo me encargo de estropearlo.

"Siempre me he sentido vacía, yo pensaba que era por el abandono de mis padres biológicos cuando era una bebé, obvio que luego fui adoptada; lo cual supe hasta los 15 años porque no faltó una parienta que me hizo ‘el gran favor’ de decirme la verdad de regalo de cumpleaños; son muchas cosas parecidas las que me han sucedido, ahora sé que el abandono de mi madre sólo era un pero de tantos, que forjaron mi personalidad; una personalidad tan extraña que nadie podía diagnosticar.

"Estuve 4 meses en un centro para enfermos mentales después de que un psiquiatra me diagnosticara esquizofrenia. Salí de allí con otro diagnóstico muy diferente: neurosis depresiva con rasgos histeriformes, hazme el favor, como si con una etiqueta pudiera ‘curarme milagrosamente’; después fue episodio psicótico con delirio místico religioso y así, todo el tratado de Psiquiatría, más parecía un juego de ver cuál diagnóstico salía al ‘tirar los daditos’. De aquí para allá, siempre así, harta pero impotente por no poder evitarlo; conocí muchas instituciones mentales y consultorios privados; también aprendí a fingir más síntomas. Por fin, un médico más preocupado por sus pacientes que por su bolsillo, me diagnosticó TLP".

 

Algunos autores señalan que la biología puede ser un factor crucial en el desarrollo del TLP. Un infante hipersensible puede interpretar las palabras cariñosas como hirientes o sarcásticas. Ante la impulsividad y los desajustes de conducta, los padres actúan con acciones disciplinarias interpretadas como abusos por este tipo de niños. Se han propuesto actuaciones muy tempranas en niños para intentar corregir los desajustes neuroquímicos que subyacen a la desregulación emocional y que posteriormente se pueden fijar.

Entre otros factores biológicos se han señalado:

  1. Problemas en el embarazo o parto: partos prematuros o con complicaciones podrían favorecer la vulnerabilidad emocional, así como el estrés en la madre durante el embarazo y postparto, hijos no deseados, maltrato o problemas de pareja, depresión postparto grave o un deficiente vínculo madre- hijo.
  2. Neurotransmisores. En particular, se sabe que la fisostigmina, un estimulante colinérgico, provoca respuestas extrañamente específicas en los TLP, como manifestaciones depresivas generales.
  3. Inmadurez en la coordinación de redes neuronales. Existen investigaciones que sugieren que algunas anormalidades encontradas indican un fallo en la maduración y desarrollo del sentido de la propia identidad.
 

Me sentía rara, enferma, loca…
Ahora he aprendido a manejar el día a dia

"Me diagnosticaron hace un año, después de haberme tomado unas pastillas, pero no fui lo suficientemente valiente ni lo suficientemente cobarde para lograr suicidarme… no, llegó mi mamá y le dije casi a punto de desmayarme lo que había hecho, casi como telenovela barata; me hizo vomitar; fue la gota que derramó el vaso, o mejor dicho, el vómito que lo derramó. Ahí estaba yo, en el frío consultorio del hospital, snif, snif, la melodramática ¿verdad?, sin saber qué decir o qué hacer, sólo sentía culpa y pena por lo que había tratado de hacer.

"No sé cuántas consultas pasaron para que me diagnosticaran, me medicaron, pero no podía llenar ese vacío; me sentía rara, enferma, loca… y cada consulta era un martirio, odiaba ir y cuando iba, no decía nada o hablaba sin decir realmente nada, porque me costaba mucho decir lo que sentía, a veces, ni siquiera yo sabía qué era. Lo peor, o mejor, depende del punto de vista, fue cuando me amenazaron con internarme en un Psiquiátrico, me dio mucho miedo, pero me hizo ir a la terapia. Poco a poco me di cuenta de lo que tenía y he aprendido a manejar el ‘día con día’. (Paciente TLP).

 

Las conductas suicidas no son exclusivas del TLP. Aparecen en otros trastornos mentales e incluso de forma más grave, como en el trastorno bipolar, la depresión o la esquizofrenia.

Estas conductas suelen aparecer como llamadas de atención, pero hay que tomarlas muy en cuenta y abordarlas lo antes posible en la psicoterapia ya que los pacientes TLP que llegan a consumar el suicidio tuvieron numerosos intentos y auto-lesiones graves.

Factores que pueden precipitar la consumación del suicidio en pacientes con estos antecedentes son el abuso de algún tipo de sustancia (especialmente alcohol y cocaína), el aislamiento social o la falta de apoyo familiar, el abandono de vínculos terapéuticos o el incumplimiento de las indicaciones farmacológicas.

Los datos indican que un alto porcentaje de las personas TLP consiguen la remisión en un par de años, con gran probabilidad de presentar un buen funcionamiento global y psicosocial.

 

Los enfermos son otros, que no me dejan vivir mi vida

"Todas las terapias intentadas hasta el momento no me han servido de nada porque ‘los enfermos son mis papás, ellos no me dejan vivir mi vida’, no estoy dispuesto a colaborar, sólo vine forzado porque ‘los señores’ (haciendo referencia a sus padres) están desesperados. Yo soy diferente, pero no estoy enfermo, la culpa la tienen ellos, aunque según ‘los amos’ (sus padres) mis problemas son por el consumo de drogas, he ido a distintos tratamientos de desintoxicación sin ningún resultado, no funcionan porque son para adictos y yo no lo soy, yo puedo dejarlo cuando quiera, pero ahora, no quiero. (Paciente TLP)

 

La Psicoterapia con pacientes con Trastornos de Personalidad en general, constituye uno de los retos más importantes entre los profesionales de la Salud Mental, ya que se le consideraba de forma escéptica, pero durante los últimos años se han desarrollado exitosamente varios tipos específicos de Psicoterapia para el tratamiento del TLP.

Estudios recientes concluyen que produce mejoras substanciales en este trastorno puesto que los objetivos de la terapia son lograr eficientes competencias relacionales, asertividad, habilidades sociales e interpersonales sanas, manejo adaptativo de la angustia y de las crisis así como la identificación y regulación de las reacciones emocionales. Ha mostrado ser efectiva tanto para modificar las conductas suicidas como para aliviar la ira y reducir las reacciones agresivas al explorar y clarificar aspectos de los patrones de relación e incrementar la capacidad para percibir de forma realista a los otros para lograr establecer vínculos más gratificantes.

La Terapia de Pareja es útil para estabilizar las relaciones y en la reducción del conflicto. La Terapia Familiar ayuda a mejorar la comunicación familiar al brindarles estrategias para la resolución de problemas y proporciona apoyo a los miembros del grupo para abordar la condición de su ser querido.

Hay dos patrones de implicación familiar que puede ayudar a los clínicos a planear intervenciones desde la familia: la sobreprotección o la negligencia. Los pacientes de TLP que se encuentran en familias sobreprotectoras tienen que luchar a menudo con temas de dependencia, negación o enfado de los padres. Sus síntomas coinciden con relaciones personales inestables, impulsividad, inestabilidad afectiva, respuesta agresiva a la frustración, ira inapropiada, trastornos de identidad, sentimientos crónicos de vacío, incapacidad de planificación.

 

No estudio ni trabajo y me paso el día viendo la TV…

"Tengo 29 años, no estudio ni trabajo y me paso el día viendo la TV sumido en mis ensoñaciones, a mi mamá le choca la palabra y por eso la uso, tengo miles de planes y dicen que sólo estoy perdiendo el tiempo.

"A los 15 años tuve una crisis, la diagnosticaron como ‘psicosis tóxica por cannabis’, desde entonces me siento vacío e insatisfecho constantemente, no encuentro mi lugar en la vida, los médicos dicen que pretendo ‘escapar de una realidad tan desagradable imaginando planes irrealizables, pero ni siquiera me esfuerzo por llevarlos a la práctica’, como si supieran lo que yo siento, ni siquiera yo sé lo que siento, ellos por qué habrían de saberlo.

Consumo todo tipo de drogas cuando no me puedo controlar, ‘estallidos emocionales, arranques de ira extrema y conductas violentas’, según los expedientes que me han abierto y que se han convertido en mi ‘modus vivendi’; según los expertos, yo ya lo sé, porque soy ‘cliente frecuente’, después de mis crisis siguen las intervenciones policiales y los ingresos psiquiátricos, ya hasta me dan ‘noches gratis’ por ser ‘VIP’. (Paciente TLP)

 

Los medicamentos, indispensables en la mayoría de los casos de TLP sirven para mitigar algunos de los síntomas más apremiantes como la depresión, ansiedad e irritabilidad, pero no resuelven, por sí mismos, la problemática subyacente. Por eso, es aconsejable el tratamiento psicoterapéutico, llevado a cabo por un profesional experto; por lo que es pertinente aclarar que más importante que la adhesión de un terapeuta a una teoría, es su experiencia clínica y una actitud flexible que le permita utilizar en su abordaje terapéutico técnicas y estrategias variadas, y, sobre todo, contar con una especial capacidad para escuchar la problemática y la demanda de ayuda del paciente y de su familia.

Los objetivos generales de la psicoterapia están encaminados a que el paciente pueda mejorar sus relaciones interpersonales y disminuir la intensidad y presencia de conductas autodestructivas, así como la comprensión de sus conflictos internos y relacionales. Los TLP, con el tiempo y un tratamiento adecuado, pueden remitir, reduciendo el sufrimiento.

Los psicoterapeutas no atendemos casos o enfermedades o trastornos, sino seres humanos particulares, complejos, no reductibles a un diagnóstico. Escuchamos a la persona en concreto, su malestar, su caso particular y específico. El diagnóstico no es una verdad absoluta sino una herramienta útil para guiar a los profesionales en la dirección de la cura terapéutica.

 

Es muy difícil ser normal, pero lo intento cada día

Es muy difícil ser normal, pero lo intento cada día. Mi familia ha aprendido a demostrarme su afecto como yo lo pueda entender y no como ellos creen que ‘debe ser’; ya aprendí a controlar las ganas de lastimarme, o a los demás; descubrí que eso que llaman ‘autodestrucción’ me va a seguir siempre, pero sé que ya no tengo que luchar contra ella, he aprendido a que me acompañe y así, nunca me va a ganar la batalla, forma parte de mí, pero como ya conozco la cara con que se presenta sé convivir con ella.

La vida era muy complicada, pero ya aprendí las reglas del juego, mis sentimientos ya tienen nombre y así puedo almacenarlos en ‘el cajón que les corresponde’. Ahora mi vida es más tranquila, ya puedo disfrutar de lo que me rodea aunque las cosas no sean tan intensas como ante; creo que algunas veces extraño esas emociones extremas que vivía, pero prefiero mi vida actual definitivamente. Ya no vivo en el Cielo ni en el Infierno, sólo en la Tierra, pero a fin de cuentas, puedo vivirla porque aún estoy viva. (Paciente TLP)

 
 
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