La lapidaria frase antes mencionada, fue dicha hace más de 2000 años y a pesar de la distancia en el tiempo, tiene una enorme vigencia hoy día. En nuestro país se está dando esta circunstancia con la ley de ingresos para el 2010, la propuesta de la Presidencia no se ha aceptado del todo, pero en lo general lo ha sido en la Cámara de Diputados, o sea la de los supuestos representantes del pueblo que deberían cuidar por su bienestar e idealmente como uno de los poderes de la nación, también deberían buscar la justicia y el desarrollo equilibrado para todos los mexicanos.
Desgraciadamente los diputados no tienen en su agenda el cumplir con las promesas que en campaña hicieron, mismas que pronto olvidan en cuanto comienzan a saborear las delicias del poder y el dinero, que únicamente obtienen por la obediencia total a las directrices de sus partidos. Que a su vez se preocupan la mayor parte de las veces, por conservar poder y privilegios, dejando muy en segundo lugar al país.
La ley de ingresos para el año entrante es absurda, por así llamarla suavemente, aprieta en dos sentidos a la economía, ya que lo hace vía el consumo y por el otro lado golpea al ingreso. Con estas medidas lo único que van a conseguir es disminuir el poder adquisitivo e impulsar la informalidad, con lo que sus sueños de recabar más impuestos se van a esfumar. Hoy leía una noticia acerca de que en Alemania para paliar los efectos de la crisis, van a bajar la carga fiscal a las empresas y a las familias, de modo de incrementar el consumo y la inversión. Lo que me hace pensar que a Ángela Merkel podría pedírsele una asesoría y solicitarle que nos enviara a un consultor de planta y por supuesto darle las gracias al señor Carstens y a pesar de ser un hombre joven, proporcionarle un dorado retiro en alguna embajada en África.
La frase que he mencionado al principio estaba dirigida a los doctores de la ley del Antiguo Testamento, que eran expertos en cargar las espaldas del pueblo con la absoluta observancia de los preceptos divinos, en tanto que ellos se eximían de hacerlo. Pues nuestros flamantes diputados están haciendo lo mismo, olvidando que representan al pueblo, han acatado ciegamente las directrices de sus partidos, que con la excepción del PRD y el PT, han votado por la elevación de impuestos, sin darse cuenta de los efectos que causarán en la población en el 2010. Creo que pocos de ellos tendrán cara para plantarse ante sus electores y explicarles que lo hicieron por su bien.
Por el lado del gobierno federal, el Presidente en vez de pedirnos comprensión y sacrificio, debería ponernos el ejemplo, al llevar a cabo una férrea reducción del gasto en sueldos y prestaciones, además de reducir drásticamente puestos en el obeso aparato burocrático, cuya adiposidad seguramente se debe a compensaciones a miembros del PAN, por servicios prestados en campaña.
El país verdaderamente está atravesando una severa crisis, por lo que el gobierno debe tomar medidas radicales y sobre todo, no debe ser incongruente, que en este caso significa pedir a otros lo que él mismo no hace. Criterio semejante se puede aplicar a los diputados, que son como los doctores de la Ley, que proponen fuertes cargas al pueblo, mientras ellos se eximen de las mismas. Los que queremos a México, gustosamente aceptaríamos un sacrificio, si viéramos congruencia, honestidad y transparencia en los poderes de la Unión. Tienen el poder, pero carecen de autoridad moral dados sus desmanes y despilfarros en el uso de la riqueza de la nación.
Señor Presidente, muchos aún queremos creer en usted y apoyarlo en sus planes, pero dénos elementos para que esto se dé. Obras son amores y no buenas razones. |