En días pasados tuve la oportunidad de leer una publicación del FMI y como era de esperarse, la mayor parte de los muy interesantes artículos, versaban sobre como salir de la crisis y las causas que la motivaron. Me llama mucho la atención esta tendencia editorial, ya que tiene varias lecturas y todas ellas interesantes. La primera es que sus altos directivos tienen muy presente, que en gran parte fueron sus recomendaciones de políticas de corte financiero, las causantes de la crisis que hoy sufren la mayoría de los países y que han contagiado a todo el planeta. Esta toma de conciencia pareciera ser que les ha hecho reflexionar sobre su fallido modelo y esta línea editorial quizá sea una especie de “mea culpa” y por lo tanto exista la posibilidad de grandes correcciones para el establecimiento de una nueva forma de actuar de este organismo.
La otra lectura me dice mucho sobre la libertad de pensamiento en dicha institución, ya que notables economista han manifestado en repetidas ocasiones las fallas, inoperancia e injusticias del modelo neoliberal, que constituye la espina dorsal del FMI. La posibilidad de un cambio está al menos latente, lo que significaría mucho para los países en desarrollo, sin embargo una cosa es la recomendación y otra bien distinta es entenderla y tener la voluntad para aplicarla en nuestro país, dados los numerosos intereses de los que se privilegian con el actual estado de cosas.
En la publicación mencionada aparecen al menos dos artículos que marcan pautas que bien valdría la pena que nuestras autoridades tomaran nota de ellas. Uno habla de la necesidad de establecer claras directrices de corte financiero y fiscal, de modo de impulsar la recuperación de la economía. La propuesta económica del gobierno mexicano necesariamente afectará el delicado equilibrio del mercado, por lo que hay que considerar los problemas que aquejan a la oferta, que se refieren a la falta de capital para invertir, ya que el existente tenderá a irse a países de economía emergente, en donde goza de atractivas condiciones. Además de verse agraviado con impuestos adicionales y con la posible desaparición de condiciones fiscales altamente favorables, lo que propiciará su migración.
Por el lado de la oferta, ésta seguirá viéndose golpeada ya que el desempleo continuará incrementándose y su recuperación se ve lejana. Los impuestos adicionales necesariamente afectarán al consumo e impulsarán la economía informal que no tributa, por lo que no cuenta para los impuestos.
Estas medidas justamente van en sentido contrario a lo que se aconseja, o sea el gasto público generoso y rápido, la disminución de impuestos para impulsar el consumo y un cuidadoso déficit fiscal.
¿Por qué vamos en esta dirección? Otro artículo que me llamó la atención, es el del Premio Nobel de Economía del año 2002, Daniel Kahneman, quien sorprendentemente no es economista, si no es psicólogo y que causó una conmoción en el ámbito de los gurús de la materia, al publicar su teoría sobre la irracionalidad de las decisiones que se toman en un sistema de mercado libre. Lo que destroza la fe en el dogma de que los mercados se autorregulan y siempre alcanzan el equilibrio para satisfacción de las partes interactuantes, aseveración que se ha evidenciado como falsa, por los resultados mostrados por la reciente crisis. Kahneman se atrevió a desafiar a los pensadores del libre mercado y abrió el campo para lo que ya ahora se conoce como la economía del comportamiento, que ha planteado que las decisiones que aparentemente buscaban el equilibrio de los mercados, no son ni justas ni racionales y siempre hay perdedores (la mayoría) y ganadores (la minoría), por lo que este modelo es intrínsecamente perverso. En pocas palabras, dice que a los consumidores e inversionistas pequeños hay que protegerlos más y no dejarlos desamparados. Suena a intervencionismo estatal, pero es una realidad imperiosa que hay que atender, estamos viendo las consecuencias del desastre, creo que no hay mucho que analizar o discutir al respecto. También en esto nuestras autoridades van a contra sentido, basta con mencionar los altos precios de las supuestas autopistas, de la telefonía, de los intereses bancarios y tantos y tantos servicios más, que sería largo enumerarlos. ¿Por qué somos siempre tan lerdos para adaptarnos a las realidades y tendencias mundiales? |