La apremiante situación financiera por la que atraviesa el país, colocó al gobierno en la urgente necesidad de dar una respuesta, que necesariamente contempla una de corto plazo y otra de mediano plazo. La primera va en la línea de tomar medidas inmediatas de disminución en el gasto y las inversiones y la segunda obligadamente debe ser de orden estructural en el sistema tributario nacional.
Ambas líneas de acción, sobre todo la primera, son impopulares y necesariamente tienen su costo político, que el gobierno debe afrontar con planes transparentes, congruencia entre el decir y el actuar y básicamente rapidez en la acción. Estas tres condiciones no constituyen lo que podríamos decir las fortalezas del sector público y en repetidas ocasiones han mostrado lo opuesto. Como ejemplo, basta tomar el oneroso gasto que representan las cámaras de los representantes populares.
Hace pocos días salió un estudio sobre lo que cuesta cada nuevo diputado. La Cámara en su totalidad ronda los cien millones al mes, considerando los sueldos, prestaciones y gastos que ejercen mensualmente. Como son un poder autónomo, ellos mismos se fijan el presupuesto, por lo que no tienen que dar cuentas a nadie, viven en su mundo de poder y dispendio y definitivamente lo que les suceda a sus representados les importa muy poco, mientras ellos gocen de los beneficios de su puesto.
El Poder Ejecutivo, la Suprema Corte de Justicia y el Poder Legislativo son los órganos de gobierno en la República y parecen compartir el sentir de que como habitantes del monte Olimpo, ven desde su cómoda posición a los infelices mortales y deciden sobre sus vidas, con alegrías, tragedias y por supuesto muertes. Muy al estilo de la Ilíada de Homero, ya que como clásico viste mucho y da tono de alta escuela.
Los recortes y apretones de cinturón a los que se refirió el señor Calderón pocas semanas atrás, no parecen contemplarlos por lo que únicamente éstos le corresponderán al pueblo.
La segunda medida, que correspondería a la reestructuración del sistema tributario, recién acaba de ser objeto de las sesudas propuestas del señor Cárstens, que vía el presupuesto para el 2010 ha pensado en ¡oh sorpresa!, el incremento del ISR y el IVA generalizado al 12 %, dejando de lado sin tocar a las grandes empresas y a la posibilidad de ampliar la base de contribuyentes. Lo que dicho en otras palabras, significa que únicamente los que actualmente ya pagan tendrían que soportar los incrementos. Este proyecto no es definitivamente algo que pueda calificarse de novedoso, más bien demuestra una estrechez de miras que sorprende en un ex funcionario de alto nivel en instituciones como el FMI.
Da pena ver que nuestro país parece ir en sentido contrario que la Unión Europea y los Estados Unidos
Como parte importante de la plataforma política del ahora presidente Calderón, fue la promesa de que reactivaría la economía y con ella el empleo. La situación mundial le ha impedido concretar sus promesas, pero lo peor es que parece ser víctima del llamado fuego amigo, proveniente de algunos de sus colaboradores, que por ineficiencia tal provocan. El caso específico del señor Carstens es de llamar la atención. Las medidas por él pensadas, justamente van en dirección contraria a las intenciones del presidente. La subida de impuestos iría en contra de las nuevas inversiones, desalentándolas, y agotaría a las empresas que a duras penas se mantienen a flote, que no son pocas y que necesariamente las llevaría a cerrar. Con estp el desempleo crecería a números impredecibles, contribuyendo a acelerar la espiral descendente de la economía, con todo lo que esto trae consigo. Por otro lado la generalización del IVA al 12 %, promovería la evasión y la economía informal, que a su vez serviría de disparador para aumentar el contrabando. Este último traería consecuencias desastrosas en la industria nacional, vía cierre de empresas y desempleo.
¿Cómo es posible que el señor Secretario no vea esto? La situación en la Unión Europea, al igual que los Estados Unidos comienza a levantar cabeza. Qué pena da el ver que nuestro país parece ir en sentido contrario. Creo que el presidente Calderón tiene buenas intenciones, pero desafortunadamente la situación mundial la ha impedido concretar sus promesas de campaña, a lo que hay que añadir el hecho de contar con un equipo en las áreas económica-financiera que va en otra dirección. Le quedan únicamente tres años para tratar de dar un nuevo rumbo. De fracasar, pasará a la historia como un mal presidente que no supo conducir al país, y lo que es peor, su partido, el PAN, no volverá a ganar ninguna elección importante.
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