Nuestra vida transcurre a lo largo de períodos en los que se destaca siempre un inicio y un final. En el inicio están presentes las ilusiones y en el final, la esperanza de que éstas se materialicen y con ello la felicidad se haga patente.
Un ejemplo muy claro lo tenemos en Aguascalientes, con la Feria. Se habla con ilusión de la fecha de inicio y muchas de las actividades cotidianas se ordenan en esa dirección, conforme la fecha se aproxima los ánimos se ponen en ebullición. El transcurso de la misma es de alegría, jolgorio y expansión de los ánimos, pero cuando ésta termina, viene el enfrentar la cotidianidad con todo lo que esto significa.
Pues algo muy similar ha estado sucediendo las últimas semanas en todo el país. Las campañas electorales han jugado el papel de las semanas previas a la Feria, que en este caso viene a ser el domingo cinco de julio, día de la votación, supuesta fiesta de la Democracia y apogeo de todo el costoso y desgastante proceso. Sin embargo, para la mayoría del electorado la fiesta resulta ser poco interesante, por lo poco atractivo de las propuestas, lo confusas y poco diferenciadas, pero más que nada por la falta de credibilidad, tanto de los planteamientos, como de algunos de los candidatos.
Hastío y desengaño de la población
Se estima un ausentismo de cerca del sesenta por ciento del electorado, lo que habla del hastío y desengaño de la población, por los repetidos fiascos que los representantes populares se han encargado de consolidar a lo largo de los años.
Será interesante ver los resultados que se publicarán el día seis, en lo que hace a ausentismo. No creo estar muy alejado del sesenta por ciento, pero en lo que hace a resultados por distrito, pudiéramos ver algunas interesantes sorpresas, que indicarían la tendencia para el año entrante.
Pero independientemente de estos resultados, la pregunta a hacerse es ¿para dónde va el país en los tres años restantes del presidente Calderón? Por lo que vale la pena hacer un análisis de las dos diferentes posibilidades que veo y su influencia en el destino de la nación.
Suponiendo que el señor Calderón tuviera mayoría en la Cámara de Diputados, las confusas y mal aplicadas medidas neoliberales de su gobierno se intensificarían y terminarían de poner en mala situación a la población. La concentración de la riqueza en pocas manos y el número de pobres se incrementaría, propiciando cada vez más una debilidad estructural de orden social, que en su momento reclamaría sus derechos.
Si no obtiene la mayoría en el Congreso, el actual gobierno la pasará mal y las medidas para conducir al país que quieran proponer van a ser entorpecidas al máximo, si no es que de plano detenidas.
Dudo que aun triunfando de manera determinante la oposición, pudieran hacer algo verdaderamente útil para rescatar a la economía. Más bien su papel será el de hacer quedar mal al Gobierno y a la vez preparar el camino para sus ambiciones presidenciales.
A la luz de esta aseveración, que por supuesto no pretende ser la verdad absoluta, me atrevo a decir que desafortunadamente para la población no se vislumbra un futuro alentador. Con el actual gobierno, aparentemente con buenas intenciones, pero volcado totalmente hacia un neoliberalismo que únicamente ve cifras macroeconómicas, poco puede esperarse en cuanto a mejorar las condiciones de la gran masa de pobres.
El nuevo Frankenstein
Por otro lado, con un posible contubernio ocasional según la conveniencia del momento entre los otros dos partidos importantes de oposición, tampoco puede augurarse nada bueno. El poder ha migrado del Ejecutivo al Legislativo, dando lugar al nacimiento de la partidocrácia, que como nuevo monstruo de Frankenstein, está compuesto de numerosas partes de diferentes cuerpos muertos.
Este nuevo ente se ocupa únicamente de sí mismo y todo lo que hace es para su supervivencia; lo demás es circunstancial.
El estado de indefensión en el que se encuentra el ciudadano es pavoroso, está para servirles de comparsa y vía sus impuestos, para mantenerlos a muy buen nivel.
El día seis de julio será sin duda de alegría para quienes ganaron un muy buen trabajo por tres años, de ira y lamentaciones para quienes perdieron, pero sin duda será de pesar e indiferencia para la población. A los triunfadores no los volverán a ver y a los perdedores menos; a los primeros se les olvidarán sus promesas y se dedicarán a subir en la escala jerárquica de su partido, dejando en sus electores más desencanto, fuente del ausentismo en las próximas votaciones. Para el ciudadano común y corriente, el seis de julio tiene poco para festejar. |