El concepto de “pena ajena” es ampliamente usado en nuestro país. Somos muy dados a tratar de experimentar los sentimientos ajenos, sobre todo cuando se siente alguna relación afectiva con tal o cual persona. En pocas palabras, es un intento de compartir la desgracia y el sentimiento de alguien que de una u otra manera nos agrada, por lo que queremos solidariamente compartir el momento con esa persona.
En ese sentido es que deseo usar dicho concepto y aplicarlo al presidente de la República. En verdad, siento una gran pena ajena por el señor Felipe Calderón, la siento por ver la aparente soledad en la que se encuentra y la falta de apoyo de sus colaboradores. Creo que tiene una idea muy clara de hacia donde quiere llevar al país, se ve verdaderamente preocupado por la situación y hasta me atrevería a decir que sus contactos con la población lo han sensibilizado para entender sus necesidades y problemas.
El PAN no ha tenido la oportunidad de aprender el difícil arte de gobernar. Los largos años de titubeante oposición únicamente le enseñaron la fácil postura de ir en contra de los planes del gobierno en turno, y pocas veces tuvo la madurez de apoyar los aciertos de los priístas, que sin duda los tuvieron.
Este partido (el PAN) ha gozado durante largo tiempo de una fama quizá no merecida del todo, de ser identificado con las clases altas, y de tener un pensamiento reaccionario de derecha. En contraposición estuvo el PRI, quien se presentó durante largo tiempo como el adalid de las masas pobres y menos favorecidas, además de contar con el tinte de revolucionario, que le daba una apariencia muy favorable ante la mayoría de la población, con lo que se mantuvo en el poder largos años.
Dos cosas pudieran ser la causa de la gris medianía del gabinete que supuestamente apoya los esfuerzos del primer mandatario.
Dos cosas pudieran ser la causa de la gris medianía del gabinete que supuestamente apoya los esfuerzos del primer mandatario. La primera aparenta ser la falta de oficio, tanto en el orden político como en el de tipo técnico propio del área de su responsabilidad. Este último, para mí, pasa a segundo término, siendo el político el más importante y en el que los panistas han demostrado carencias, estilo y decisión, de lo que han sacado gran partido sus adversarios, como lo acabamos de ver en las pasadas elecciones intermedias.
La segunda causa del poco apoyo al presidente, es la que podría ser más grave, que sería la conciente y deliberada actitud de entorpecimiento a los esfuerzos del señor Calderón. No olvidemos la fuerte lucha interna en su partido para la denominación a la candidatura presidencial y que aún parece tener secuelas en el órgano político.
La propuesta de los diez puntos para atacar la crisis, que en días pasados presentó, muestran a los ojos de muchos de nosotros, la ejemplificación del refrán bien conocido que dice “ el camino del infierno, está empedrado de buenas intenciones”. Ha sido la presentación de un decálogo de enunciados más o menos claros, que no tendrán impacto hasta ver cosas concretas.
La falta de credibilidad en las promesas de gobierno, por supuesto no es únicamente atribuible al PAN. El pueblo de México tiene 200 años escuchando discursos llenos de promesas; su capacidad de creer ha sido grande. Pero conforme avanza el conocimiento debido a los medios masivos de comunicación, me refiero básicamente a los de corte internacional y de modo muy marcado al Internet, la credibilidad se ha ido erosionando.
Para enderezar el rumbo hay que concentrarse en tres medidas
La desaparición de varias secretarías de estado, que en realidad no vienen a ser más que enroques, ya que se absorberían en otras, significaría golpear a funcionarios panistas que engrosarían las filas de la oposición interna, que poco o nada necesita el gobierno. Cualquier tipo de medida que signifique corrección en cualquiera de sus grados, ocasiona malestar y resentimiento; desafortunadamente en el momento actual se tienen que aplicar grandes remedios, aun a costa de perder popularidad.
Si el presidente desea en verdad enderezar el rumbo, no necesita diez acciones. A mi juicio, que por supuesto puede ser erróneo, tiene que concentrarse en tres medidas.
La primera es poner a trabajar a sus colaboradores y de una manera enérgica exigirles resultados a corto plazo, para lo que se requiere claridad en lo que se espera de ellos. Los puestos no deben ser un premio a la lealtad o a la pertenencia partidista.
La segunda medida va en la línea de reducir puestos, comités y programas inútiles, lo que significaría importantes ahorros, que aunados a la disminución de gastos superfluos, necesariamente repercutirían en un incremento de la credibilidad gubernamental.
La tercera, la más difícil, es la de una verdadera reforma fiscal, que busque ampliar la base de contribuyentes de modo de quitar presión a los que hasta ahora han mantenido de modo cautivo. El IVA generalizado es una buena alternativa, pero no al 15%; el 10% sería aceptable y sin duda sus beneficios se notarían en el incremento de ingresos al gobierno.
Una última condición, que verdaderamente suena muy difícil, es la de la honestidad y transparencia en el gasto gubernamental. Los ciudadanos queremos ver eficacia y una correcta aplicación de los recursos. La soledad y el desamor que ésta lleva consigo, que le debería preocupar al presidente, es la del pueblo. Qué triste sería que al igual que otros ex mandatarios, tuviera que exiliarse y vivir en el extranjero. |