La frase “ Tour de Force” la emplean los franceses para elegantemente referirse a una situación arriesgada o difícil y que requiere para enfrentarla una gran dosis de virtuosismo y fortaleza. Creo que describe muy atinadamente la medida tomada por el presidente Calderón, con respecto a la Compañía de Luz y Fuerza del Centro y al respectivo Sindicato Mexicano de Electricista.
Si damos como ciertas las cifras presentadas sobre lo que ha significado el mantener a una empresa ineficiente como LyFC y no tendríamos por que dudar de ellas, verdaderamente resulta monstruoso el despilfarro que ha significado meter dinero bueno y fresco, a una empresa con mala administración y con un sindicato, feudo de un pequeño grupo dedicado a enriquecerse y a morder la mano que los alimenta.
La corriente sindical que ha representado esta agrupación, ha sido el fruto de una perversa evolución que ha ido de una legítima aspiración por parte de los trabajadores, a la conformación de un negocio altamente rentable para una élite de grillos, disfrazados de representantes de los verdaderos trabajadores. Su lógica de pensamiento sin duda ha sido dual, una de las facetas, la de la lucha de clases de profundas raíces marxistas, tuvo su validez y quizá en algunos casos aun la tenga, pero este concepto se ha ido diluyendo y solo algunos nostálgicos del pasado aun sueñan con él. Por el lado de los líderes sindicales, este concepto es usado en ocasiones para alimentar esperanzas y adornar discursos en ocasiones especiales, por cierto cada vez más aisladas.
La otra cara del pensamiento de estos sindicalistas, es la que se ven obligados a poner en virtud de la realidad de la globalización económica que vive el país. Esta globalización ha traído ideas y pensamiento de avanzada sobre un nuevo sindicalismo, que difieren de manera substancial del modo de hacer las cosas de los líderes laborales nacionales. Este pensamiento va en la dirección de buscar junto con la empresa, el bien común de la entidad económica, la colaboración no exenta de análisis, discusión y en algunos casos, hasta de confrontación. En pocas palabras, no ven a la empresa como el enemigo a vencer, más bien lo ven como un socio en el proceso productivo y como tal, con intereses compartidos.
A algunos de los líderes nacionales, se les puede aplicar el mote que hace ya algunos años se les daba, el de rabanitos, ya que esta hortaliza es roja por fuera y blanca por dentro, o dicho de otra manera, con el puño izquierdo amenazan y con la mano derecha cobran generosas cantidades.
La decisión del presidente Calderón tiene al menos dos lecturas, la política y la económica. Para entender la primera hay que recordar la clara simpatía de este sindicato para con Hugo Chávez, el prócer venezolano que aspira a ser el líder iberoamericano del movimiento bolivariano, que no es más que un trasnochado izquierdismo sudamericano, con toques mesiánicos y en ocasiones con tintes demenciales. Al señor Chávez le pierde la facilidad para entrometerse en los asuntos de otros países y México no ha sido la excepción, si además a esto le sumamos la entusiasta sumisión de algunos rabanitos, se entiende el golpe.
Por el lado económico, sin duda el FMI le habrá dicho al señor Carstens, que debería tapar todos los agujeros por los que se iban los fondos destinados a planes con más rentabilidad, o de otra manera dicho, no tirar el dinero en mantener situaciones absurdas.
Empresas y sindicatos del tipo de LyFC y el SME, son dinosaurios que han sido mantenidos artificialmente a gran costo, engendrando monstruos que han mordido a su protector. Estas entidades entorpecen la competitividad y dañan a la economía en su totalidad, desafortunadamente no son las únicas y si el gobierno continúa en esta línea, le hará un gran favor a la nación.
Hasta ahora parece ser que en esta Tour de Force, el presidente va ganando, no creo que esta situación vaya a ser breve y fácil, hay muchos intereses que se han tocado, por eso ya vemos airadas reacciones de redentores de la clase trabajadora, que usando este pretexto, están únicamente mirando por los beneficios económicos que están por perder. Ojalá esta confrontación la gane el gobierno, por el bien del país. |