Existen hoy día varios asuntos que son tema de fuertes y acalorados debates, sobre todo en las sociedades que podemos, con cierto recelo, llamar desarrolladas. Queriendo entender este concepto como sinónimo de riqueza material y buenas condiciones de vida para los habitantes de países que han alcanzado dicho desarrollo.
Desafortunadamente, es fácil comprobar que existe una clara tendencia a que se dé una relación inversamente proporcional entre las condiciones de riqueza material, que de suyo no es mala, y la decadencia de los valores y moral de las sociedades que disfrutan de la primera.
La propensión al hedonismo y al libérrimo comportamiento, según sea el impulso del momento, es una constante en ciertos grupos sociales, que se autodefinen como de avanzada y con fuertes pretensiones de liderazgo, ya que se sienten llamados a redimir al mundo, liberándolo de las cadenas de las normas sociales que ahogan la individualidad y libertad de pequeños grupos. Tal es el caso de algunas izquierdas que gobiernan, y específicamente me quiero referir a la izquierda española que personificada por el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), se encuentra en el poder, ya que fue elegida democráticamente y por ello supuestamente representa a la mayoría, que no a todos los españoles. Digo esto porque ganó gracias al voto de castigo que se le dio al Partido Popular, por las mentiras y mal manejo del atentado terrorista del once de marzo en la estación de trenes de Atocha, que fue atribuido a la ETA, cuando en realidad lo llevó a cabo una célula terrorista árabe.
Muchos de los ciudadanos que votaron al PSOE no se dieron cuenta de que llevaban al poder a un partido que en algunos de sus postulados tenían el germen de serias propuestas atentatorias contra la vida y la dignidad humana. Este partido, que como cualquier otro tiene sus cosas buenas y malas, ha mostrado su clara tendencia hacia un desprecio por la vida humana, su negación absoluta de lo que ellos consideran conceptos éticos obsoletos, los han manifestado en acciones que han convertido en leyes.
Tal es el caso de la ley que permite que la muerte se dé a personas en etapas de enfermedades difíciles, que al menos en este caso cuenta con la anuencia de los familiares cercanos o del mismo enfermo, lo que puede atenuar la gravedad del acto, más no exculparlo. Pero en el caso de la recién promovida ley del aborto, la situación viene a ser radicalmente diferente, el feto no tiene la más mínima oportunidad, ya que no expresa su anuencia y es vilmente asesinado.
La cuestión que es motivo de debate es de si es o no una persona. Para una corriente de pensamiento, definitivamente lo es, ya que su unicidad en lo que hace a sus características genéticas y alma, lo convierten en un ser humano en todo el sentido de la palabra. Una de las principales impulsoras de esta nueva ley es la Ministra de Igualdad del gabinete del presidente de España, el señor Manuel Rodríguez Zapatero. La Ministra hizo una declaración que a muchos nos ha dejado fríos. A una pregunta de un reportero sobre si consideraba a un feto de doce semanas de gestación como un ser vivo, Da. Bibiana Aido contestó “que en efecto sí era un ser vivo, pero que de ninguna manera se podía afirmar que era un ser humano, ya que no había ninguna base científica”. De lo que se puede deducir que al realizar un aborto, si se asesina a un ser vivo en plenas condiciones de alevosía y ventaja, pero que al no considerársele un ser humano, no se cometía un crimen; proponiendo así un descargo de conciencia de quien tal acción acomete. En otras palabras, es una autorización para matar a un ser que se encuentra en las entrañas de una mujer y que indisolublemente está unido a ella, Lo que significa matar a una parte de sí misma y a la posibilidad de una vida que se abre al mundo, con todas las infinitas posibilidades que esto significa para un nuevo ser.
La justificación y activa promoción del aborto en España, aunada a la baja tasa de natalidad, está condenándola a convertirse en un país de viejos que tendrá en veinte años enormes carencias en mano de obra. Existe una página en la red denominada www.bebe-aido.com, en la que se escucha la declaración de la ministra; vale la pena acceder a ella para conocer más a fondo la postura de un grupo que se opone a su política.
El feto podrá tener cinco centímetros a las doce semanas, pero está lleno de dignidad humana, posee un espíritu pleno de la gracia del creador, por lo que un aborto es un crimen sin duda alguna. Me pregunto si la Señora Aido, en su afán de dar gusto a corrientes de libertinaje en el pensamiento y en el actuar, en lo más intimo de su alma no siente aunque sea un poco de desazón y una dosis de miedo por los crímenes que está impulsando. |