Después del gran fracaso a nivel nacional del Partido Acción Nacional en las pasadas elecciones, que por cierto no es de extrañarse, ha salido a flote la descomposición que imperaba desde hace algún tiempo en el entramado de este órgano político.
Ya dije en una ocasión que este partido llegó a una supuesta mayoría de edad, llevando aún pantalón corto y lo que es verdaderamente grave, con una mentalidad de adolescente caprichoso, lo que en un mundo de adultos con experiencia y mucho oficio adquirido en las bregas políticas, terminó en lo que tenía que terminar.
El flamante nuevo dirigente del PAN, el señor Cesar Nava, sin duda debe ser un hombre inteligente y muy osado, pues la responsabilidad que le ha caído o buscado, no lo sabemos, no es pequeña y está llena de grandes retos. Al menos debe luchar en dos frentes, el interno y el externo, y ni a cuál irle de difícil.
Nava deberá luchar en dos frentes, y ni a cuál irle de difícil
El frente interno está compuesto de correligionarios, dentro de los cuales hay que diferenciar entre los de vieja raigambre, los pocos pero muy sólidos y que en cierto modo son los herederos desposeídos, por lo que deben tener un gran resentimiento al verse desplazados por la nueva ola de panistas.
Los enemigos internos son los que pueden destrozar la hegemonía partidista, haciéndoles la tarea de zapa a los contrarios de otros partidos. La existencia de grupúsculos con ansias de poder y disputándose la titularidad ideológica, habla de la ausencia de un liderazgo fuerte y por ello, de una falta de estructura y planes de desarrollo internos. Quizá sí la tengan, pero es evidente que no está funcionando como debiera. Las riñas internas lo evidencian, y éstas no deberían pasar de pleitos de familia y menos aún trascender a la sociedad.
Por otro lado, los enemigos del frente exterior son fácilmente conocibles y dos de ellos son verdaderamente temibles. Me refiero al PRI y en cierto modo al PRD o lo que queda de él. El PRI ha demostrado claramente su dominio en las lides políticas, conoce el cómo, el qué y los tiempos de aplicación. El partido es un bloque monolítico, habrá sus disputas internas pero no trascienden, y su liderazgo con la señora Beatriz Paredes es de primer orden.
En lo que hace al PRD, o debería decir la incierta y dividida izquierda mexicana, para incluir a otros pequeños institutos de aparentemente tal tendencia, tiene su fuerza no tanto en su ideología que en algunos casos pertenece más al principio del siglo veinte, que a los días de hoy; sino a la extrema pobreza que cada día se incrementa en nuestro país. El PRI y el PAN han sido incapaces de abatirla; a los pobres sólo les queda la esperanza de que sea el PRD o cualquier alianza de izquierda la que les venga a proporcionar un alivio.
A lo que los dos partidos antes mencionados apuestan, es a la gran capacidad de destrucción que ha demostrado AMLO. Él solo ha hecho a la izquierda lo que ellos no han podido hacerle.
Una cosa que puede pesar en contra del señor Cesar Nava, es su nombramiento en el más puro estilo de la dedocracia proveniente de Los Pinos, lo cual muestra lo bien que han aprendido el sistema. Sin embargo, con el actual estado de cosas en lo interno del partido, quizá haya sido lo mejor. El Presidente necesita una persona de su absoluta confianza que le ayude a manejar las elecciones del 2010 y a planear las presidenciales. Esperemos que para bien de su partido, y puede que hasta para el de México, la reestructuración se lleve por buen camino.
El Habemus Papam es una frase tradicional para dar a conocer a la feligresía que existe un sucesor del Papa fallecido. Guardando una abismal proporción por trascendencia y alcance, algo similar ha sucedido en el PAN, aunque sin las arduas y sesudas discusiones que se dan entre los Cardenales para tal elección. En este caso ha sido, quiero pensar, una instrucción discreta y el resultado lo tenemos a la vista. Algo bueno debe verse en este hecho. Quizá es un inicio de comportamiento disciplinado por bien del partido y ojala así continúe; de otro modo será muy fácil pronosticar su futuro a corto plazo.
Le envío mis mejores deseos al señor Nava, para que triunfe en su cometido, cosa que estoy seguro no todos sus correligionarios le desean. |