Si entendemos como crisis la ruptura de un estado de cosas en el que había equilibrio entre los factores que participaban para lograrlo, resulta así que en el país tenemos una crisis de alarmante proporción. Esta tiene al menos dos caras que están íntimamente relacionadas, la económica y la política y resulta difícil determinar donde empieza una y donde termina la otra.
La economía está circunscrita en el marco de las decisiones políticas y a su vez la dirección de la política depende del buen o mal desempeño de la primera. En México esto se ha estado viendo de manera muy evidente en el presente sexenio, con el gabinete económico de una marcada tendencia neoliberal, que ha propiciado la alineación total con las doctrina del FMI.
Con los resultados que estamos viendo en el día a día, con el cierre de empresas, alto desempleo y la caída de la economía en general, resulta claro que el modelo que se ha seguido no ha sido el mejor. Por otro lado y como una consecuencia directa, tenemos indicios de un desmoronamiento del incipiente sistema democrático que estábamos empezando a disfrutar.
Si bien los problemas de la economía provienen del entorno mundial y el país los sufre por pertenecer al sistema financiero global, nuestros funcionarios de alto nivel no están exentos de un cierto grado de responsabilidad; su papel debió haber sido el de previsores y dar aviso a tiempo, pero parece ser que su visión es de corto alcance y que están únicamente atentos a las indicaciones que reciben de sus asesores allende el río Bravo.
Hablar sobre la crisis económica representa un tópico muy analizado y por ende resulta cansado insistir en él, por lo que creo que la otra cara de esta crisis, la política, es la que resulta interesante.
El ciudadano común se encuentra en indefensión, por absurdo que parezca, ante sus representantes.
Estamos viendo el muy deslucido desempeño de las autoridades electorales, que se han especializado en tomar el papel de defensores de los partidos, para dirimir rencillas entre ellos y en su caso aplicar sanciones por malos comportamientos en sus campañas electorales.
El desencanto de la ciudadanía comienza a aflorar y se está manifestando con las diferentes promociones vía Internet, para que el día de las elecciones los ciudadanos invaliden las boletas electorales. El concepto que hay detrás de esta invitación, es el de alguna manera manifestar el descontento ciudadano contra la débil propuesta e inmoralidad de los partidos políticos, además del incumplimiento de sus numerosas promesas de campaña, que por cierto todos las comparten.
La reacción de funcionarios, autoridades electorales y casi todos los políticos, ha sido la de clamar al cielo por tal iniquidad, se están desgarrando las vestiduras y cubriéndose de ceniza la cabeza, al más puro estilo del Antiguo Testamento.
Si algún habitante de otro planeta viera tales manifestaciones de duelo, lo menos que pensaría es que son profetas lamentándose por el desacatamiento a la Ley Divina. Lo que son incapaces de comprender, es que esta actitud es una manifestación del profundo desagrado y rechazo hacia la clase política, por su comportamiento y absoluta despreocupación por la sociedad a la que dicen representar.
El ciudadano común se encuentra en indefensión, por absurdo que parezca, ante sus representantes a altos niveles, que del país hacen y deshacen a su conveniencia personal y partidista, que únicamente miran por sus intereses económicos y por la gran cantidad de prebendas que sus puestos traen consigo.
El sistema está mostrando síntomas de descomposición y que requiere de fuertes ajustes para revitalizarse.
Escuché por radio en el interesante programa de Oscar Mario Beteta, a la señora Dulce María Sauri, eminente priísta, que recomendaba el asistir a la casilla y poner en la boleta un “ Así No”, lo que equivale a la anulación del voto, lo que propiciaría en los partidos al menos una reflexión sobre lo que piensa la sociedad, ya que según ella, estos se han alejado de la realidad y atienden únicamente a sus propios intereses.
Llama mucho la atención lo dicho por la señora Sauri y da pie a múltiples interpretaciones el hecho de que una destacada militante del PRI haga una declaración de este calibre; algo debe querer significar y estoy convencido, dada la disciplina que existe en este partido, que a la señora Beatriz Paredes esta declaración no le resultó una sorpresa.
El actual gobierno parece tener la sensibilidad política necesaria para entender el malestar social, aunque la pregunta es si tendrá la decisión y capacidad de maniobra, para al menos tratar de reaccionar en la dirección correcta.
La crisis financiera ha reflejado la inoperancia del modelo económico y la necesidad de encontrar una respuesta alternativa; en vía de mientras estamos presenciando la aberración que significa que en el país campeón del libre mercado, las empresas más representativas del sector automotriz estén siendo manejadas por el gobierno.
Por el lado de lo político, resulta a todas luces evidente que en México, el sistema está mostrando síntomas de descomposición y que requiere de fuertes ajustes para revitalizarse. Lo que hay que cuestionarse es que si estos ajustes serán voluntarios por parte de los partidos o se verán obligados a hacerlos. El partido que sea capaz de hacerlo rápidamente, sin duda se va a llevar muchos votos en las próximas elecciones presidenciales. |