Una de las actitudes más frecuentes de las personas inmaduras y carentes de solidez conceptual ante una situación que se les torna adversa, es la de ignorar la realidad sobre todo cuando ésta se les presenta adversa. El pretender que no existe o al menos desvirtuarla, es la salida aparentemente fácil y a menudo la más socorrida.
Sin embargo, a pesar de las evasiones, voluntarias o involuntarias, la realidad existe y tarde o temprano termina imponiéndose. La negación que aparece en primer término, da irremediablemente paso a la mentira y de ahí a la creación de mundos imaginarios, que nada o poco tienen que ver con la verdad.
No es objeto de este escrito adentrarse en los delicados laberintos de psiquiatría, básicamente por carecer conocimientos y no ser éste un medio a propósito para tal cosa.
Todo lo anterior tiene la finalidad de tratar de entender el comportamiento de nuestros altos funcionarios, en especial uno de ellos, el que encabeza las finanzas del país y que últimamente ha caído en declaraciones poco afortunadas.
A estas alturas del partido resulta evidente que parece que el puesto y la responsabilidad que éste conlleva, le está quedando grande al encargado del despacho. Todos recordamos su famosa afirmación de que la crisis en México no pasaría de ser un catarrito y de que nuestro país estaba blindado ante eventuales problemas derivados de la misma.
Aunado a lo anterior, están los desatinos que ha dado por el poco cuidadoso trabajo, tanto en aconsejar al Presidente, como en la presentación de sus propuestas de planes de orden financiero. Con los antecedentes que cuenta, académicos como de trabajo, era fácil preveer que podría haber sido un buen funcionario, sin embargo, por múltiples razones, que quizá son de personalidad, no ha dado los resultados esperados.
El modelo económico de México no ha operado, pero el Secretario de Hacienda se aferra a él
Su visión, al igual que la gran mayoría de sus colegas, servidores públicos de alto nivel, es de una miopía asombrosa, su horizonte es corto y casi podría calificársele de timorato. Resulta evidente su apego al modelo neoliberal, que sin duda le fue imbuido durante su estancia en la institución financiera donde ocupó un puesto de relevancia. Lo que llama la atención es su adhesión a pesar de las evidencias del resultado de dicho modelo en el mundo. Ya existe una corriente de prestigiosos economistas que están en desacuerdo, cosa de la cual el señor Carstens no quiere enterarse.
Desde su aparentemente muy cómoda posición, al menos al principio de su gestión, resulta difícil tener contacto con la realidad, por lo que la pérdida de sensibilidad a las verdades de la nación es de gran magnitud.
Es a todas luces obvio que este modelo económico no ha operado en México. Como prueba patente están los 60 millones de pobre,s y como contraparte, la enorme concentración de la riqueza en pocas manos. Aún así, nuestro personaje recién ha hecho unas declaraciones que lo han puesto en evidencia a los ojos de la sociedad y autoridades, tanto nacionales como internacionales. Me refiero a negar lo dicho por Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía.
El señor Stiglitz afirmó que México había tomado medidas poco acertadas para enfrentar la crisis, lo que obviamente representó una amarga crítica al gobierno mexicano y muy en especial al señor Carstens. La actitud de este último al contestar que su crítico no conocía el país y por ello sus comentarios carecían de validez, demuestran una actitud inmadura y altamente soberbia. De aquí en adelante podría esperarse de este señor una economía de fantasía, plena de cifras alegres que únicamente corresponderán a su mundo ideal y que estarán muy alejadas de la triste realidad de muchos millones de connacionales.
En ocasiones me ha parecido que entre el encargado de las finanzas y el Presidente existe un amplio campo de desacuerdo, pero lo que cada vez más se pone en evidencia es que por este camino el futuro no es muy promisorio que digamos. Muchas voces se están alzando en contra de los desaciertos del gobierno. El señor secretario de finanzas parece que no es la persona indicada para manejarlas, por lo que sería muy deseable que se dedicara a otros menesteres. Si él fuera teólogo, a estas fechas hubiera al menos intentado corregirle la plana al Papa Benedicto II o al mismísimo Tomás de Aquino, aconsejándoles que estudiaran más, ya que están equivocados. |