Si ésta fuera una prueba psicológica de asociación de palabras, la primer respuesta sin duda sería la palabra Berlín, ya que en estos días se cumplen veinte años de su caída y con ello, el inicio de la difícil reunificación de las dos Alemanias. Dos sistemas económicos y dos culturas que durante más de cuarenta años se enfrentaron en una dura lucha por imponerse una a la otra y que en más de una ocasión estuvieron a punto del conflicto.
El muro se convirtió en un referente para ejemplificar cómo el sistema del oeste, entendamos el capitalismo, era superior al de su contraparte, el decadente comunismo ortodoxo. La comparación de entre estos dos sistemas condujo a una sorprendente recuperación de la Alemania ocupada por los aliados occidentales, diferencia que era tan evidente, que se estableció un constante flujo de personas que huían del paraíso comunista, cosa que nunca ocurrió a la inversa.
El trauma sufrido por la población del este con el cambio de sistema, se ejemplifico de modo excelente en la película “ Adiós Lenin” del realizador, Wolfgang Becker, film que merece una amplia recomendación.
Para la caída del muro, se conjuntaron toda una serie de situaciones de tipo político, económico y social, que al madurar en su conjunto dada la serie de acciones de al menos tres importantes personajes, como su Santidad Juan Pablo II, Ronald Reagan y Mikhail Gorbachev, hicieron posible que se diera este suceso.
Los grandes cambios se van gestando aparentemente de manera independiente, pero todas y cada una de las acciones, así como los movimientos de los líderes sociales, indefectiblemente terminan potenciandose y tomando una sola dirección, que en este caso, está claramente a la vista.
Existen muchos más muros, sean físicos, como el que divide a Palestina de Israel o el que están construyendo nuestros vecinos en la frontera norte. Pero la mayoría de los muros no son materiales, son conceptuales y muy a menudo están relacionados con los sistemas económicos y políticos que privan en el mundo.
En nuestro país existen varios muros que de manera radical separan a diversos sectores de la sociedad y sin la necesidad de levantar paredes divisorias, cumplen a plenitud su objetivo, separar a unos grupos de otros. El primero al que deseo referirme, es el de la desigualdad en la repartición de la riqueza.
Los millones de mexicanos en situación de pobreza, 60 o quizá más, son evidencia de este fenómeno de grave injusticia social, que más temprano que tarde, cobrará la cuenta que día a día se acumula. El ineficiente e injusto modelo económico que nos han impuesto y que nuestros últimos gobiernos han seguido sin chistar, ya no da para más y desafortunadamente de seguir en el mismo camino, podrían esperarse cosas desagradables. La falta de visión y el exceso de obediencia les ha impedido ver que destacados teóricos que publican en el FMI, han estado cuestionando la validez del esquema neoliberal que tan obedientemente han acatado y que ha levantado un sólido muro entre los pocos mexicanos ricos y los muchos pobres.
Otra pared de imponente altura y solidez está construido por la separación entre los partidos políticos y la población. Se ha visto de manera clara en estos días que los intereses de partido han privado en la discusión del paquete económico para el 2010. El engendro que han aprobado en ambas cámaras no es más que otro parche mal puesto y que es fruto natural de la falta de compromiso con sus supuestos representados, pero sobre todo de su falta de visión a largo plazo, que comparten con el gobierno en turno.
Yo nunca he conocido un programa para los próximos 20 años, que contemple la creación de acciones para formar un país sólido, justo y con presencia internacional. Los partidos parecen tener únicamente miras a lo mucho quinquenales, que ven básicamente por sus posiciones y poder, dejando de lado al pueblo, del cual parecen separarse cada vez más.
Estos dos muros, me atrevo a vaticinar, van a caer tarde o temprano y al hacerlo darán paso a nuevas formas de relación en los procesos económicos y entre los partidos y el pueblo. Cuando se comienzan a ver señales de turbulencia en los sistemas sociales, como es el caso en México, es la oportunidad para que alguna asociación política capitalice la situación.
No espero mucho de los actuales partidos, que padecen de pensamiento artrítico, pero tengo la esperanza de que algunas mentes brillantes, de entre sus cuadros, salgan al quite y hagan algo por México, ya nos lo merecemos. |