Por Psic. Claudia Bermúdez
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En esta época decembrina, próxima a la Navidad, se respira una gran interrogante en el ambiente: ¿cuál es el mejor regalo para los hijos en Navidad? ¿Dónde se puede conseguir? ¿Aún es tiempo de adquirirlo? La respuesta se encuentra cuando Usted es capaz de responder: ¿QUIERE USTED A SUS HIJOS?
Esta es una pregunta común y la respuesta invariablemente es la misma: ¡Por supuesto! Sin embargo, es conveniente realizar una reflexión alrededor de ella. Los hijos son la "perpetuación de la familia", "la luz del día", "el motivo de la vida", entonces ¿por qué los descuidamos tanto?
Desde el inicio del día se puede verificar el cuidado que se les brinda: ¿Qué desayunan sus hijos? ¿Durmieron lo suficiente durante la noche? ¿Los apresura porque a Usted se le hace tarde para llegar a su trabajo? ¿Les dice palabras cariñosas al dejarlos en su escuela? ¿Les desea un buen día? ¿Conoce a sus amigos? ¿Sabe qué comen durante su recreo? ¿A qué juegan? ¿Cuál es su materia preferida? ¿Qué se les dificulta aprender? ¿Con quién comparten sus secretos? ¿Qué opinan de Usted como padre o madre?
Al asistir a un lugar público, ¿Qué normas de seguridad practican como familia? ¿Su hijo sabe qué hacer cuando lo aborda un desconocido? ¿A quién acudir si se extravía?
Es asombroso ver la cantidad de adultos que no llevan de la mano a sus hijos pequeños en lugares concurridos. No debe dejarlos caminar detrás de Usted, nunca pierda el contacto visual con ellos, permanezca próximo. Si el niño se siente protegido por Usted, mantendrá la comunicación abierta y cuando crezca, continuará haciéndolo. Demuéstrele con hechos que cuenta con su apoyo, bríndele seguridad y afecto.
No perderlos de vista cuando sale con ellos
Si va a un supermercado no les dé la espalda a sus hijos mientras elige los productos de los anaqueles, mantenga el carrito a su lado y esté de perfil todo el tiempo, observe en el pasillo si hay personas "sospechosas" y evite ser víctima de algún delito. Sólo se requieren unos cuantos segundos para sustraer a un menor. Enseñe a sus hijos a protegerse, que no entablen conversaciones con desconocidos y eviten dar datos personales.
Cuando camine por la banqueta hágalo de la mano de sus hijos, nunca permita que se atraviesen a la otra acera sin haber volteado a ambos lados de la calle. Los niños tienden a distraerse con el paisaje que les rodea.
Si contestan el teléfono en casa indíqueles que no brinden la información de su situación a ninguna persona, por ejemplo, que no digan que se encuentran solos o que Usted regresará dentro de una hora o que van a irse de vacaciones por dos semanas. Es preferible exagerar en la precaución que lamentar una tragedia mediante la perpetua agonía y culpabilidad del “si hubiera…”.
Excederse e las medidas de seguridad, sin ser sobreprotector
Sea excesivo en las medidas de seguridad pero no sobreprotector, así el chico podrá elegir entre varias opciones y sabrá cómo actuar en caso de necesidad.
Predique con el ejemplo. Por ejemplo, en el automóvil no lleve los seguros ni las ventanillas abiertos, observe su entorno, no tenga a la vista objetos de valor ni se maquille durante el tiempo que dura el alto en los semáforos. No maneje con exceso de velocidad ni realice actos "osados" como pasarse una luz roja del semáforo o transitar en sentido contrario. Nunca lleve a un menor sentado en su regazo mientras Usted maneja. No conteste el teléfono mientras conduce. Utilicen los cinturones de seguridad, no para evitar una infracción sino como parte de la seguridad familiar. Jamás deje a sus hijos solos en el auto, aunque Usted considere que “ya tienen la edad”.
Si acude a un lugar público, no deje que sus hijos vayan solos al baño, siempre acompáñelos. Enséñeles que no deben permitir que nadie entre con ellos al mismo baño y que, mucho menos, los toque alguien más. Deben saber cómo cuidar su cuerpo y evitar cualquier tipo de abuso. Hay que ser terminantes en este tipo de normas. Demuéstreles que cuentan con Usted incondicionalmente. Edúquelos en la sexualidad humana y enséñelos a protegerse y cuidarse, a respetar y poner límites.
En la escuela, infórmese constantemente de la situación de sus hijos. Si su desempeño académico es deficiente busque la causa y solucione el problema. No se limite a recriminar a su hijo. Usted es el responsable de su éxito o fracaso escolar. Motívelo y exija, pero muestre su comprensión.
Recuerde que su misión como padre no termina con la firma de boletas. Es un proceso constante y permanente. Hágales saber que ellos son lo más importante para Usted. Sea partícipe de su formación educativa. No se trata sólo llevarlos a la escuela para adquirir información y conocimientos teóricos.
En la casa acompañe a sus hijos cuando vean televisión, escuche sus comentarios y analice las situaciones que los rodean, intervenga y aclare cuando sea necesario, no descalifique algún programa si lo desconoce. Haga lo mismo con los videojuegos. Explore quiénes son sus héroes, a quiénes admiran, por qué lo hacen, con quiénes se identifican. Comparta con ellos estos momentos y utilícelos como "pretexto" para relacionarse. Comente, discuta y respete sus opiniones.
Conocer a sus amigos y a las familias de sus amigos…
Conozca a sus amigos y a sus familias, sus intereses, su comportamiento. No los arriesgue.
El fundamento de una familia son los valores. Actualmente, aunque el mercado ha sido invadido por una gran cantidad de literatura que señala cómo fomentarlos, la manera más eficaz de hacerlo sigue siendo la vivencia cotidiana. Los chicos que crecen sin el referente de los padres desconocerán cómo insertarse en la sociedad y, en su necesidad de pertenencia, caerán en cualquier exceso pues serán “presas fáciles”. No lo permita. De Usted depende el logro de la transición de un niño sano a un adulto maduro y productivo.
Permanezca con sus hijos el mayor tiempo posible, la calidad de vida depende del mejor legado que les puede dar: la capacidad de disfrutar de lo que les rodea, de tener aspiraciones, sueños y metas, de saber cómo lograrlas, de crear un ambiente propicio para ello, donde reine el orden, los hábitos, las normas, los límites, las obligaciones y los derechos, el reconocimiento y la compañía.
Dígales que los quiere. Demuéstreselos. Hágales sentir que no están solos. A la larga, esto les permitirá afrontar la soledad, que no equivale al vacío, sino al privilegio de estar donde uno se puede conocer y acompañar a sí mismo.
Para saber si Usted triunfó como padre, ha de esperar a que su hijos se conviertan en adultos seguros de sí, autosuficientes y comprometidos consigo mismos y con quienes les rodean, productivos y útiles para la sociedad. ¿Está en camino de lograrlo? Es buen momento para evaluarlo.
¡Cuídelos y respételos! ¡Ámelos y déjelos ir! Los hijos son las obras más grandiosas de los padres, todos los esfuerzos por lograrlo valen la pena.
¿QUIERE USTED A SUS HIJOS? Ahora sí está en posibilidad de contestar y saber que ese es el mejor regalo para la Navidad… y el resto de sus vidas.
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