No cabe duda que la política es una ambición perpetua. Los políticos ambiciosos terminan, por necesidad, en una adicción de aferrarse al poder a costa de su propia dignidad. No digo que todos los políticos sean adictos, ni que todos los adictos sean políticos. Usted haga la diferencia. Y me voy a explayar.
Hace unos pocos días, comenzaron los dimes y diretes entre agentes públicos de la vida social de nuestra ciudad. Al parecer, el “torpedeo” previo al pre proceso de las precandidaturas por la gubernatura y los ayuntamientos (nótese cuántas pre he dicho, ya que están de moda) ha comenzado a hendir a los que podrían ser candidateables para la grande y las chicas. Para la gubernatura y las presidencias municipales.
Si Martín Orozco es acusado de haber desmunicipalizado un predio y haberlo comprado para rentarlo a una farmacia. Si Gabriel malversó fondos para un helicóptero “pirata” o unos chalecos antibalas de cartón y más caros que la libra esterlina. En general, los dichos y las demandas buscan básicamente dos cosas: por un lado desacreditar a los acusados, y por otro, quitarlos del camino.
Me parece que es muy pronto todavía, pero en general los políticos cada vez se parecen más a los grandes almacenes: con tal de que los ignorantes compradores consuman ponen las mercancías navideñas desde el verano y las de el día de los muertos (o más bien el “Jalogüin”) desde enero. Así las cosas, los políticos ya están disputándose unos jarritos que no han llegado ni siquiera al mercado.
El asunto ético y moral de los hechos por los que estos señores en particular son acusados, es grave, es desviar los fondos de las arcas del gobierno, que nosotros llenamos con nuestros impuestos, para sus intereses personales. Sin embargo, es todavía más grave este agravio contra sus personas, contra su dignidad. No quiero pensar si son ciertas o no las acusaciones, ni cómo explicarían Martín y Gabriel a sus hijos esas graves diligencias de insultos contra su persona; no sé si los hijos tengan después de esto la misma credibilidad y respeto por sus padres y madres. Me preocupa esa dejadez con la que se acusa a uno y a otro de asuntos públicos, porque esto no sería así, a no ser porque los dos quieren ser gobernadores. Esto no es un asunto de justicia por parte de los acusadores, sino de estrategia política para quitarse de encima a un rival que les pueda causar problemas.
Entonces, si la justicia impronta de este país acude a la llamada de estos acusadores, esto es un asunto más político que de hacer valer el derecho de los que pagamos impuestos. Y aquí el orden de los factores sí altera el producto.
Todo mundo sabe que Martín Orozco tiene un poder de convocatoria que ya lo quisiera el padrecito de mi parroquia cuando anda vendiendo boletos para una rifa. Todo mundo sabe también que en el clima político, él tiene los vientos a favor. Primero, porque no ha dejado de hacer trabajo político con su asociación Causa Común en la que ha mostrado su agilidad para posicionarse entre el público votante. Es popular y no se ha perdido entre la masa aun después de terminado su periodo presidencial del municipio capital. Yo estaría igual de asustado que Carlos Lozano y el gobernador, porque Martín es un rival que fácilmente les ganaría en las elecciones. A Carlos de hecho, ya se lo demostró alguna vez .
Por otro lado, también se sabe que Gabriel tiene una cierta popularidad entre la ciudadanía que ve la televisión local. Pero por otro lado, es un tipo que viniendo del sector empresarial y del agropecuario conoce bien cómo llegarle a la gente. También es un rival que podría ponerse serio. Lo que Gabriel no sabe es que la política no es nada más de ser popular, sino del famoso “cabildeo” y operación política en las altas esferas del poder de su partido. Creo que Orozco le sabe más a eso.
Según mi perspectiva, Orozco ganaría, no sé si Gabriel, pero tendría posibilidades. Pero también según mi perspectiva, a Orozco le van a hacer la vida imposible si es posible más todavía. Esto de acusarlo del terreno y la farmacia y el desfalco por los 111 millones es el asomo de una campaña de desprestigio al mero estilo perredista del viejo Andrés Manuel, cuya escuela es la vieja escuela de los priístas, aquéllos que se valen de todos los medios para conseguir su cometido. En términos de la vieja escuela, serían los pragmáticos masones yorkinos de Don Benito Juárez García.
Este panorama se pondrá peor, pero al final, la razón tiene que surgir, tiene que prevalecer, no sólo en el ámbito político, sino en el electorado, quien tiene que actuar desde ahora manifestando su sentir y no esperarse a que allá arriba le hagan trizas la reputación a la gente sea cual fuere su partido, y limitarse a votar nada más, como si en eso consistiera la democracia mexicana.
El momento de este estado es ahora. Así como se han adelantado las preprecampañas, es momento de exigirle a los participantes de la élite polític, que le suban al nivel de sus campañas y de su actuar, y que se dejen de balandronadas de telenovela “chafa” de televisora del Ajusco.
He llamado a este verso en su segunda estrofa como Políticos de extremo centro por una sola razón: hoy todos, y digo todos porque así es, quieren trabajar en el centro, o en Palacio Municipal o a un lado de éste, o enfrente, que es donde está el Congreso del Estado.
Me permito terminar comentando algo respecto a la elección del representante de la CNDH estatal. Es triste ver el dominó político para continuar en un puesto o para elegir a otro representante de ese departamento. El actual Omar Williams, ha pasado como El Cejas en la Corrida de las Calaveras. Usted sabe... pero si se queda, le voy pedir que se ponga a trabajar. Lo más probable es que se quede otro periodo. Así es esto de la política.
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