El martes de esta semana, tuve la oportunidad de asistir a la conferencia magistral que impartiera el licenciado Roberto Girault Facha, director de la producción El Estudiante, película que recomiendo ampliamente y que está apenas en cartelera. Y quisiera comentar algo al respecto de uno de esos días que no se olvidan así como así.
Fui a la conferencia, pero lo que no he escrito, es que yo recibí a Roberto—a quien he pedido permiso para escribir esto—en el aeropuerto y que lo acompañé buena parte del día mientras se llegaba el momento de su presentación. Todo fue debido a que mi equipo de trabajo y un servidor fuimos los organizadores de esa conferencia en la Universidad Panamericana. Agradezco de antemano a Raymundo Palomo, Tony Franco, Alexa Quirarte, Montse Cepeda, Cristóbal Alba y Claudia de la Rosa, por la exitosa organización de este evento y su apoyo para todos los detalles del mismo.
Conviví con un ser humano con el que ahora me identifico plenamente. Me contó algunas anécdotas desde las que históricamente surge la película, por ejemplo que esta idea la concibieron su amigo Gastón Pablovich y él, tomando como referencia la vida del abuelo de Gastón, y sumándole la formación académica y humana de Roberto. Así pues, tras largos años de tropiezos y obstáculos, de fracasos y noches sin dormir surge El Estudiante.
La película trata de un señor de 70 años, que decide regresar a la universidad a estudiar literatura. De unos jóvenes y su forma actual de interacción y cómo primero son enseñados por el señor a vivir al mismísimo estilo del Quijote de Cervantes. Y luego enseñan a comprender la vida al viejo, con el estilo de una juventud que tiene unas ansias innatas de que le hablen de valores, de hablar del ser humano desde su muy particular punto de vista.
Así pues, comprendí que el éxito de la película, insólito para una película mexicana, se basa en quienes la hicieron: personas comunes y corrientes, que trataron de platicar con el espectador mediante una pantalla de cine. Es la otra cara de una moneda que muchos no quieren voltear a ver: la de un México bonito y esperanzador, la de un país en que sí es posible. Ese es el éxito de la película.
Y lo es entre otras cosas, porque entre tanta noticia gris y desconsoladora, entre tanto narcotráfico e inseguridad, entre tanta política y mediocridad, al final del día, hay una luz en el camino. Pero para verla hay que querer verla. Me acuerdo, de aquel obispo de la comunidad de Santiago de Compostela, que nos decía a un grupo de mexicanos cuando tiempos del jubileo jacobeo: "Ustedes que ven la luz, tú que vez la luz ¿Qué haces con la luz?". Se refería a que alguien sabio, alguien que ve luz en su vida, debe compartirla para multiplicarla. Es lo que Gastón y Roberto hicieron. Compartieron la luz de la esperanza. De un México que es necesario por positivo, en medio de un entorno que podría confundirnos y hacernos pensar todo lo contrario.
Me gustó mucho su conferencia. Todo lo que platicó lo dijo con una emoción, con una pasión, que está reflejada en la película, la misma que está contada con esa intensidad que lo caracteriza a él. Me cayó muy bien, además que sea joven y que haya motivado a todos los que estuvimos ahí en la conferencia a “creérnosla”. A pensar, a repensar nuestra vida y la influencia que tendríamos cada uno si pudiéramos ser directores de una película, de nuestra propia historia de éxito.
Esta película, compromete al director y a los actores que la interpretaron, pero también a los que ya la vimos. Conocer a su creador, me ha dado luz, para pensar que los que nos dedicamos al trabajo de servir al prójimo, vamos bien, sólo debemos esforzarnos al máximo.
Invito a todos, a que la vean, a que conozcan la filosofía y el estilo de vida de los productores y directores de este filme, y también a que apoyen con su boleto al cine, a que se sigan produciendo obras como ésta, que muestra una realidad que existe y a la que todos anhelamos: la de un México mejor.
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