Estimado lector, como usted bien sabe ya que se lo he participado a mis cuatro lectores, mi especialidad profesional es el tema del desarrollo social y humano. Es por ello, que en ciertas ocasiones, no digo pocas, participo de manera ordinaria en este medio con comentarios sobre temas que afectan de manera directa al sector social, desde la política, los políticos, la economía internacional, etc., pero también me toca abordar los temas sociales que incumbe a todos nosotros.
Ya se sabe que a partir de 2007, la economía mundial aprendió una nueva forma de colapso provocada por el asunto petrolero, cuyo destino tuvo el año siguiente la crisis de los alimentos debido a los precios del maíz y el etanol. Mientras mil millones de seres humanos padecen un hambre vergonzosa, algunos trataron y siguen tratando de convertir las tortillas en gasolina para los nuevos autos japoneses.
Luego, a finales de ese 2008 y principios de este año, para amarrar las crisis, tuvimos este problema inmobiliario en el pueblo norteamericano, quien hasta entonces parecía imbatible. Y digo imbatible porque cuando saben que batallarán por dinero, se inventan una guerra, le declaran la guerra a un pueblo que parezca enemigo para el mundo o simplemente derrumban las torres para vender armas. Comento que las armas son el negocio más rentable del mundo, y no el petróleo como mucha gente piensa.
Entonces, los últimos años (para variar, ya que durante más de 70 nos tuvieron en constante crisis) hemos vivido momentos de suspenso económico y social.
Pero preguntémonos, como lo haría cualquier investigador economista, ¿Cuál es el fondo, la raíz, el origen de tanta crisis? Le propongo 3 respuestas:
- La “mano invisible”, frase usada por Adam Smith, un miembro de la historia económica que refería los fenómenos económicos a la libre asignación de recursos en el mercado. O sea, que las cosas pasan por algún efecto extraño que no sabemos ni queremos preguntar. No me satisface.
- “La teoría del caos”, que habla de fenómenos impredecibles en temas físicos y matemáticos. Se explica con algo como: el aleteo de una mariposa en Japón es el culpable de un huracán en el Pacífico mexicano o algo así. No me satisface.
- La crisis de valores. Como usted pudo ver, mi idea desde el principio era llegar hasta aquí, así que déjeme comentarle algo: hoy, nuestras crisis, y las de ayer, y las de la historia, han sido crisis de valores. Y bien entiende usted que no me refiero a los valores de la bolsa o de las acciones, sino a los valores humanos. En realidad, las crisis relacionadas a la vida en sociedad en temas como la economía, la política, la empresa, la religión, la educación, etc., son crisis de valores.
Para entendernos atraeré el concepto de crisis que presta la Real Academia de la Lengua Española: Crisis es 1. Escasez, carestía, 2. Situación dificultosa o complicada. Entonces, la crisis se define como una ausencia, una carestía.
Y si bien puede pensarse, porque el pensamiento de las últimas generaciones de mexicanos es ese gracias a los “sexenios maravillosos”, que la carestía es material, económica, de acumulación de bienes, aunque quizá se refiera también a este encargo, más bien me quiero referir al tema de la carestía de valores, por lo que para que este tema sea entendido mejor, definamos con el mismo diccionario que ya cité, la palabra valor o valores: Valor es 1.m. Fil. Cualidad que poseen algunas realidades, consideradas bienes, por lo cual son estimables.
Entonce,s se entiende por valor o valores, aquellas cualidades que tiene un ser humano que son buenas por sus usos, por sus consecuencias. Por ejemplo, ser honesto es un valor, porque la honestidad tiene consecuencias positivas para el que la practica como por el que la recibe o que propio de su ejecución se beneficia de ella.
Necesario, repensarnos como sociedad
Así pues, las crisis de nuestros tiempos, todos, no han sido de otro tipo más que de valores, de una carestía de principios o virtudes de las personas que nos emplean, nos dirigen, nos gobiernan, administran nuestro dinero, que nos educan, y que han llevado a las sociedades a catástrofes más tristes que los mismos fenómenos naturales.
Vamos a los hechos. La crisis de 1929 en Estados Unidos fue provocada por el egoísmo acendrado en la acumulación de dinero de empresarios explotadores de niños y de obreros. Crisis de generosidad. Las crisis de nuestro país, provocadas desde un aparato político como lo es el gobierno y que hoy nos revelan sus consecuencias graves: los 51 millones de pobres en este país no son más que una crisis de honestidad, de civismo, de amor por el prójimo.
Ahora vayamos más adelante. La crisis de empresas tan importantes y que son dirigidas por “los profesionales” mejor preparados en las universidades más importantes del mundo es una crisis de humanidad. Empresas que maquillan sus estados de resultados, que asaltan a incautos que invierten en sus fondos. Empresas que dan gato por liebre, o universidades que “maquilan alumnos” sólo por negocio. En fin, me puedo ir largo con el texto y no terminaría. La conclusión es pues, que si las crisis son carestías, y de lo que carecen es de valores, pues es necesario que en estos tiempos de crisis, reconozcamos la urgente necesidad de invertir ahí donde se requiere: en los valores.
Invertir en la formación humana de los niños, de los jóvenes, de los empresarios, de los políticos, de los ciudadanos. Es necesario que la sociedad reconozca en los valores, una reincorporación a una calidad social que hace mucho no vemos.
De lo contrario, seguiremos viendo gente buena, que al ingresar por ejemplo a la política, terminan germinando en su persona defectos y crisis de valores que acaban por dañar a la población. O empresarios que explotan a sus trabajadores y éstos hacen como que trabajan mientras les pagan. O a maestros del sindicato vendiendo aspirinas molidas a los indígenas de escuelitas rurales para curar sus enfermedades. O a ciudadanos indiferentes ante la debacle social, haciendo parecer que todo está perdido y que la lucha es insuficiente e inútil.
Es necesario saber que esta crisis de valores es un motivo para repensarnos como sociedad. No sigamos hablando de los mismos males que nos aquejan, sino de cómo los vamos a superar. Como dice Einstein en la cita con que inicia mi colaboración, que estas crisis nos hagan ver claro lo que necesitamos para salir de ellas, para progresar.
Hasta la próxima. Y escríbame, por favor, a rserrano@unete.org.mx
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