Desde antes de la crisis los políticos habían ya puesto de moda la idea de que toda estrategia económica tiene como finalidad la creación de empleos. El propio presidente eligió ese como lema de campaña y se volvió un lugar común en la retórica pública.
Sin embargo, el problema real es que ese enfoque ignora que la condición previa es que haya crecimiento y que éste tiene que ser de tal dimensión y contenido que genere no solo empleos a secas sino empleos “productivos, bien pagados y de calidad”. Y eso no está ocurriendo en México.
En lo que va del año se han perdido unos 750 mil empleos a los que habría que añadir el rezago de los nuevos puestos de trabajo que no se han creado para incorporar a la población económicamente activa que pretende ingresar al mercado laboral. Para este universo, “cualquier” empleo y su consecuente ingreso es mejor que nada.
Pero ese tipo de chambas, que en buena medida son temporales, informales, de escasa o nula calificación y mal remuneradas, no resuelven el asunto de fondo que es no solo el mínimo crecimiento sino que los bienes y servicios que produce la economía mexicana son de poco valor agregado, de baja productividad o innovación (no es lo mismo fabricar dulces de guayaba que diseñar soluciones biotecnológicas) y, por lo tanto, el tipo de empleo que arroja ni ayuda a formar capital humano competitivo ni resuelve las necesidades adecuadas de ingreso de un trabajador. De hecho, según el INEGI, en los últimos años el ingreso total de los hogares descendió 1.6%.
Hay un instrumento, quizá discutible técnicamente, pero que ilustra la naturaleza del problema y es el tiempo que una persona necesita trabajar para adquirir determinado bien o servicio.
La firma financiera suiza UBS, por ejemplo, publicó la semana pasada un índice que calcula cuántos minutos de su jornada laboral necesita un asalariado promedio para comprar una hamburguesa Big Mac. El estudio analizó 14 ramas laborales y lo aplicó en 73 ciudades en el mundo y la conclusión, si se quiere preliminar, es que en países cuya economía presenta componentes más elevados de valor agregado el salario es de tal naturaleza que mejora el poder de compra del trabajador. Es decir, mientras en Chicago, Tokio o Toronto se necesita el equivalente de unos 12 minutos del salario para pagar una Big Mac, en la ciudad de México, Yakarta o Nairobi hay que invertirle más de dos horas. El promedio de las 73 ciudades medidas es de 39 minutos.
La reflexión es muy sugerente. No hay que reducir las dificultades sistémicas de la economía mexicana al tema del empleo ni puede simplificarse su solución. El gran reto es hacer que esta economía crezca a tasas elevadas y sostenidas y que este crecimiento aporte, mediante la innovación, el conocimiento y la tecnología, alto valor agregado a lo que produce. De lo contrario, seguiremos siendo un país de franeleros, cerillos y ambulantes.
Se reproduce con la autorización del diario La Razón www.razon.com.mx
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