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EL LIBERALISMO A LA MEXICANA

  Jorge Uribe Ugalde
  jsuribe@prodigy.net.mx
Aguascalientes, Ags., a 18 de febrero del 2009
 

Una de las premisas para una buena conducción de cualquier país, lo es la existencia de un modelo de gobierno, con todo lo que esto quiere decir en lo político, en lo económico, lo social, etc.

En el caso de México, refiriéndonos únicamente a uno de los componentes mencionados, el económico, aún sin decirlo claramente las altas autoridades, el modelo es neoliberal y apegado a las directrices que ha dictado el FMI.

Desde que el ex presidente Carlos Salinas abrió la economía al mundo, hasta el presidente Felipe Calderón, nuestro país ha sufrido una gran transformación; ha habido importantes cambios, es algo que no se puede negar, pero tampoco se pueden negar las terribles consecuencias de la implantación del modelo.

En México se ha desvirtuado el principio básico del sistema liberal

Desde que el filósofo de formación, teórico de la economía por accidental vocación, y guía de casi todos los actuales economistas, Adam Smith, escribiera la Biblia llamada “ La Riqueza de las Naciones”, mucho se ha escrito, hablado y propuesto, acerca del liberalismo económico como doctrina para guiar al mundo a la plena felicidad.

Después del fracaso de la economía norteamericana con la gran depresión de los años treintas del siglo pasado, se empezó a sospechar de las bondades del sistema liberal y fue necesaria la intervención de John M. Keynes para rescatarlo, con medidas que contravenían la esencia del sistema y que para muchos tenían tinte izquierdista.

Exitosamente recuperado el sistema después de la Segunda Guerra Mundial, se olvidaron los malos tiempos y se dio rienda suelta a su implantación en todos aquellos países que aspiraban a lo mismo. Desafortunadamente, los resultados en todos ellos no han sido los que podrían haberse esperado. En el caso específico de México hay que ver qué ha sucedido.

Adam Smith construyó su pensamiento basándose en tres grandes conceptos, que bien vale la pena analizar para tratar de entender la situación. El primero descansa en que la búsqueda individual del beneficio económico, egoístamente buscado, redundará a fin de cuentas en el beneficio colectivo de toda la sociedad. Considerando el libre desarrollo del individuo sin trabas, no bloqueando la inversión privada y manteniéndose el Estado al margen de los procesos económicos. En otras palabras, la “Economía de Mercado Libre”, en la cual el precio justo se alcanza con el libre juego de la oferta y la demanda, o sea el mercado autorregulado por sí mismo. Este principio descansa en el supuesto de que existe una libre competencia, que para fijar el precio considera los costos y para ello se requiere de eficiencia en la operación.

En nuestro país no ha existido esta libre competencia y aún hoy día difícilmente se puede hablar de ella; como ejemplos están PEMEX, CFE, TELMEX y el duopolio de TELEVISA Y TV AZTECA, por mencionar los más relevantes, que aunados al oligopolio de los bancos y alguno que otro en el ramo de los alimentos, hacen que la competencia sea casi inexistente. La búsqueda del beneficio se ha concentrado en pocas manos, desvirtuando este principio básico del sistema liberal y dando pie a una pecaminosa concentración de la riqueza y a su contraparte, una pobreza en desmesurado crecimiento.

La "mano invisible" ha protegido en nuestro país a los intereses de pocos.

El segundo pilar del liberalismo es la “Mano Invisible” que regula al mercado y armoniza de algún modo la competencia entre productores, cuya consecuencia es el bienestar de todos los miembros de la sociedad. Esta situación de orden casi divino, supone que el gobierno no se entromete en los fenómenos económicos y deja hacer, el “ Laissez Faire” que se volvió un dogma en los países que se incorporaron a la rápida industrialización del siglo XIX. En México no ha sido así, el gobierno ha entendido que la invisibilidad de dicha mano ha sido para proteger intereses de unos pocos amigos o políticos convertidos en industriales.

La esencia de esel concepto demostró ser de crueles efectos. Basta leer a Charles Dickens en cualquiera de sus obras, para conocer las condiciones de vida de los trabajadores de su época. En nuestro caso, la obra de Luis Buñuel Los Olvidados o Nosotros los Pobres de Ismael Rodríguez, cumplen con la misma función de denuncia.

En el Nuevo Testamento se dice: “ A los pobres siempre los tendréis con vosotros” y parece que en donde se ha implantado el neoliberalismo, es una gran verdad: cincuenta millones de compatriotas lo atestiguan.

Por último, está el tercer concepto, que dice que el origen de la riqueza está en el trabajo racionalmente llevado a cabo. Smith puso el famoso ejemplo de la fabricación de alfileres. Este supuso dos grandes ideas sobre la manufactura que están íntimamente relacionadas: la producción en masa y la división del trabajo, que alcanzarían su apogeo en el siglo XX.

¿Cuánto tiempo aguantará el Estado la distorsión?

Esos dos grandes conceptos se han visto ejemplificados en países como Japón, en donde se iniciaron los grandes avances en producción y calidad, cuyos resultados los han convertido en líderes en el ramo de los automóviles, por decir el más notorio. Pero hay una condicionante básica para alcanzar estas alturas: el contar con una clase trabajadora con un alto nivel educativo, además de altamente comprometida con el destino del país. Adicional a los dos aspectos mencionados, han contado con sindicatos que han apoyado al capital sin comprometer a sus representados. Si a esto le sumamos políticas económicas bien pensadas, tenemos como resultado a la segunda economía a nivel mundial.

En México, bien sabemos el turbio papel que han jugado los sindicatos de tipo corporativista, que han impedido a menudo el desarrollo del país; como ejemplo tenemos al líder de los mineros, por cierto puesto en cobro y captura por sonado fraude, aunque él insiste en presentarse como víctima de persecución política. De la educación duele hablar, basta con mencionar las Hummers de la maestra Gordillo. La calidad del sistema educativo está por los suelos y no parece avanzar.

Adam Smith fue un hombre profundamente religioso que verdaderamente creyó que su teoría traería felicidad a la sociedad y era la mejor de las soluciones. Bien sabemos que se equivocó ya que ésta adolecía de fallas que más tarde sacaría a la luz Carlos Marx.

Me pregunto: ¿cuánto tiempo más va a aguantar el Estado esta situación distorsionada y corrupta?

 
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