Un punto que cíclicamente sale a la luz y causa polémica, aunque cada vez menos acalorada y de menor altura, es el de la existencia de Dios. Este tema ha ido oscilando desde la activa y acalorada discusión de intelectuales, hasta el abandono de lo que se ha llamado buenas costumbres para el diario vivir.
La negación de Dios es algo que está en ese obscuro rincón de la mente humana, y que en ocasiones sale a relucir cuando las circunstancias le son adversas al hombre, y no encuentra respuesta a su problemática, al menos en la forma en que se podría esperar a nivel humano.
De acuerdo a nuestra tradición judeo-cristiana, Dios es el origen de todo lo que existe. Cuando por un acto de voluntad decidió crear el universo y al hombre, fue para que éste lo glorificara y viviera de acuerdo a sus leyes, que básicamente son un continuo acto de amor y servicio.
Lo anterior puede ser algo que algunos lectores podrán compartir o no, pero lo que no deja ningún margen de disentimiento es el que el universo y el hombre son enormes misterios para los científicos, para los cuales sólo tímidos intentos de desentrañarlos se han hecho, con la particularidad de que cada vez el misterio se hace mayor y plantea enormes retos, lo que aun a pesar de muchos, deja intacta la figura de Dios.
Hará unas pocas semanas que en Europa, especialmente en España, dio inicio una al menos curiosa campaña publicitaria: en algunos autobuses urbanos aparecieron mantas con el lema “ Dios probablemente no existe, despreocúpate y se feliz”.
Esa campaña ha sido financiada por una agrupación de ateos, que haciendo uso de su libertad de expresión, han manifestado públicamente su pensamiento, sin duda con la finalidad de salir a la luz y quizá ingenuamente pensando en la captación de adeptos.
Un análisis de la frase que bien vale la pena desarrollar deja entrever la debilidad de la tesis. En primer lugar, el probablemente no existe, da margen a pensar que existe la posibilidad de que sí exista. Aquí juega un importante papel la probabilidad, y para darle veracidad a su planteamiento, debieron haber arriesgado un porcentaje alto, lo que deja mal parado a su argumento y todo lo que de él se deriva. Decir que algo o alguien "probablemente no existe" da margen a pensar que existe la posibilidad de que sí exista
La segunda parte de su razonamiento, “despreocúpate y se feliz”, sienta la aseveración oculta de que creyendo en Dios se es infeliz, lo cual no es cierto. Este es un silogismo de lógica elemental, cuyo argumento es endeble y por lo tanto la aseveración final carece de credibilidad.
La discusión de la existencia de Dios ya no es patrimonio de los grandes pensadores; ahora lo es del transeúnte y usuario de los autobuses, o sea, de los pensadores de a pie, lo que significa que haciendo de lado el glamour de los intelectuales, ahora este tema pertenece al hombre común y corriente. Esto, a mí, me parece muy bueno, ya que es un asunto sujeto al debate del común de las personas, que no en pocas ocasiones han demostrado más sensibilidad y sentido común.
Filósofos como Federico Nietzche, con su lapidaria frase “ Dios ha muerto”, Bertrand Russell con su obra “ Por que no soy cristiano, o el pensamiento existencialista ateo de Jean Paul Sartre, se han visto desplazados por simples slogans carentes de sustento intelectual, ya que el planteamiento es tan rupestre, que está a nivel del pavimento.
Eso no es extrañar, ya que es fruto de nuestra sociedad hedonista de consumo. El mensaje es claro, goza y comete todos los excesos, porque al fin y al cabo está la posibilidad de que el creador del hombre y el que le dio las pautas de conducta no exista. Hay que ser feliz con las superficialidades del placer egoísta. El nombre del juego es consumir todo lo que se pueda y en las cantidades que sean posibles, ¿por qué limitarse?
Para los creyentes, en cualquiera de sus acepciones, Dios existe y está presente en todos los momentos de su vida, la relación es subsidiaria y de amor y respeto, aunque nuestro limitado entendimiento no comprenda siempre sus acciones y a menudo hagamos mal uso de nuestra libertad.
Decía que me parecía bueno que este tema hubiera bajado al nivel de calle, porque representa una oportunidad de creer que Dios también viaja en esos autobuses en los que se pone en duda su existencia. No quiero pensar en la preocupación que debe estar pasando en estos momentos cuando algunos de sus hijos lo niegan. Quizá sea necesario que se dé una vuelta por la tierra para dar testimonio, aunque puede ser que se le presente la problemática que describió el autor español Enrique Jardiel Poncela, en su libro “La tournée de Dios”, libro cuya lectura recomiendo ampliamente.
Por último, no quiero dejar pasar el oculto temor que revela la palabra “probablemente”, ¿será que no están tan seguros y por si las dudas se dan un margen de error? |