logo
Opinión

La información y comentarios manifestados son responsabilidad de quien los emite, y no reflejan necesariamente el pensamiento de
DESDElared, ni de sus editores.

Otto Granados RoldánOtto Granados Roldán:
- Licenciatura en Derecho, por la Universidad Nacional Autónoma de México
- Maestría en Ciencia Política, por el Colegio de México

Actualmente
- Profesor-investigador de tiempo completo en el Tecnológico de Monterrey
- Co-dirige programas académicos de capacitación para funcionarios públicos en el Centro de Estudios sobre México de la Unión Europea y la Fundación Ortega y Gasset
- Director del Instituto de Administración Pública del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), a nivel de todo el sistema.
- Imparte conferencias y seminarios en México y en el extranjero, y realiza actividades editoriales y de consultoría.

Cargos ocupados
en el Sector Público

- Consejero del Fondo de Cultura Económica y de BANOBRAS
- Secretario Particular del Secretario de Educación Pública
- Oficial Mayor de la Secretaría de Programación y Presupuesto
- Director General de Comunicación Social de la Presidencia de la República
- Gobernador del estado de Aguascalientes (1992 a 1998)
- Consejero de la Embajada de México en España
- Embajador de México en Chile

 
 
 
 
 
     
  Enviar comentario Imprimir Enviar a un amigo Buscar en DESDElared  
HETERODOXIAS
Inversión contra ideología
  • Otto Granados Roldán
Aguascalientes, MÉXICO, a 05 de mayo del 2010

Es un verdadero absurdo conceptual, técnico y financiero la decisión de la bancada del PRD en el Senado de frenar la aprobación de la ley que organiza y facilita las asociaciones público-privadas para prestar servicios, mejor conocidas como PPS. Pero es, también, un error político. Veamos.

Un PPS no es una privatización de nada ni un crédito ni un contrato tradicional de obra pública. Es una solución por la que un inversionista diseña, financia, construye, mantiene, repone y moderniza infraestructura que pone a disposición de un gobierno bajo reglas, condiciones y plazos muy concretos y mediante la cual la ciudadanía obtiene un servicio público de calidad.

Esta modalidad, muy extendida en el mundo, nació hace ya dos décadas con la finalidad de responder a la necesidad de proveer bienes y servicios en un contexto de recursos limitados. Como en otras cosas, México llegó tarde (aunque más vale que nunca) a esa tendencia que, por lo demás, tiene una lógica impecable.

Una noción moderna del papel del Estado en el desarrollo pasa obligadamente por entender que las demandas sociales son crecientes, complejas y costosas, y el dinero público no alcanza. Por tal razón, es inevitable (y en muchas ocasiones preferible y saludable) catalizar recursos privados para satisfacerlas por la sencilla razón de que, en la frase atribuida a Deng Xiaoping, no importa si el gato es blanco o negro con tal de que cace ratones. Es decir, lo que cuenta es atender las necesidades sociales y no el hecho de que sea con inversión privada.

Por si no saben los senadores del PRD, en 1990 los particulares invertían unos 20 mil millones de dólares (mmdd) anuales en países emergentes en desarrollar infraestructura diversa; veinte años más tarde la cifra se estima en 161 mmdd anuales. Más aún: ya no son sólo países como México los que están urgidos de recursos frescos; hoy se estima que, para cubrir nuevas necesidades de inversión en escuelas, carreteras, vialidades y hospitales, Canadá requiere 125 mmdd, la India 250 mmdd e Irlanda 127 mmdd, entre muchas otras regiones.

El dilema es simple: ¿se dejan de hacer esas cosas por asco ideológico o se cambia el chip y se atrae inversión privada para responder a la gente? La respuesta, desde luego, es obvia.

Finalmente, hay un error político grave. Si los políticos quieren ser exitosos tienen que gobernar de manera más o menos aceptable. Ello significa dar resultados concretos, tangibles y medibles. Y éstos, en muy buena medida, dependen de atender necesidades que los recursos fiscales no alcanzan a cubrir y, por tanto, hay que complementar con deuda o con ajustes de gasto o con aumento de impuestos o con inversión privada. ¿Cuál de esas opciones es la menos desgastante políticamente? La última, por supuesto.

Así que más les vale aprobar una ley de la que saldrán beneficiados

Se reproduce con la autorización del diario La Razón www.razon.com.mx

 

OTRAS COLABORACIONES DE OTTO GRANADOS
MALA TARDE PARA INSULZA
(30 de abril, 2010)
 
RUIDO DE SABLES EN VENEZUELA
(28 de abril, 2010)
 
LA TRAICIÓN DE ELBA
(26 de abril, 2010)
 
JUSTICIA MILITAR, EFICACIA Y DH
(23 de abril, 2010)
 
PARTIDOCRACIA MEXICANA
(21 de abril, 2010)
 
LA CUESTIÓN MORAL DE CUBA
(19 de abril, 2010)
 
LOS MEDIOS FRENTE A LA VIOLENCIA
(16 de abril, 2010)
 
MEDIOS Y DELINCUENCIA
(14 de abril, 2010)
 
 
Twitter
Linkedin
 
Si alguno de los anuncios que aparecen en nuestro portal llegara a parecerle inadecuado de un medio de este tipo, le agradeceremos
que nos lo haga saber en el apartado Comentarios que aparece en cada una de las informaciones, y nos diga cuál es el URL correspondiente.

desdelared.com.mx

4

3

2

1

Desarrollo: Desde Aguascalientes, S.A. de C.V.
© Para la reproducción parcial o total de DESDELARED.COM.MX, en cualquier medio, se requiere citar la fuente.