Salvo una que otra nota o artículo (Arnoldo Kraus, por ejemplo), el encarcelamiento de Sakineh Mohammadi Ashtiani, una mujer iraní de 43 años condenada a morir por lapidación por haber cometido un supuesto delito de “adulterio”, ha recibido una atención tan escasa en México que debiéramos preguntarnos con cierta alarma cuáles son los valores, si algunos, que teóricamente se defienden en este país.
Pongamos el caso en un contexto apropiado. Según Amnistía Internacional, en Irán se tiene uno de los índices de ejecución más altos del mundo. Sólo el año pasado, la cifra llegó a más de 388 personas, al menos 14 de ellas públicamente y al menos una mediante lapidación. Otras 7 mujeres y 3 hombres siguen actualmente en riesgo de ser lapidadas en cualquier momento, y más de 135 jóvenes podrían ser ejecutados por delitos supuestamente cometidos siendo menores de edad.
Desde 2002, 6 personas han muerto lapidadas en Irán bajo el cargo de haber cometido “adulterio”. Por algo así, dicen los extravagantes jueces iraníes que la condenaron en un proceso bastante oscuro, Sakineh está en el corredor de la muerte.
Tal atrocidad ha recibido una amplia condena internacional que, por cierto, ha sido escamoteada por algunos gobiernos latinoamericanos como, creo recordar, Brasil o México. Los llamamientos a favor de la liberación de Sakineh, sin embargo, se multiplican prácticamente en tiempo real como lo muestran los sitios www.freesakineh.org, que lleva más de 300 mil firmas, o www.laregledujeu.org , con 45 mil más.
En otras partes, como Francia, tanto el gobierno como una buena parte de la comunidad intelectual han hecho un llamado para, como escribió el domingo pasado en El País Bernard Henri-Lévy, “pedir piedad para Sakineh” y para Irán “cuyo pueblo merece algo mejor que esa abominación”.
Pero además, el involucramiento de toda la élite política francesa, empezando por el presidente Sarkozy y su mujer, Carla Bruni, ha mostrado una forma distinta —heterodoxa, si se quiere, desde la rigidez diplomática—, de responder a una obligación moral de tal naturaleza.
Que esa es la actitud éticamente correcta lo confirma el civilizado nivel de argumentación del gobierno iraní que en su diario Kayhan atacó con un editorial titulado —muy finamente— “Las prostitutas francesas se unen a las protestas por los derechos humanos”, a Bruni y “a la infame Isabelle Adjani, actriz francesa de moral corrupta, (que) han mostrado su apoyo a Sakineh”.
No estaría mal, nada mal, que, más allá de lo políticamente correcto, empezáramos en México a expresar un mucho mayor activismo en contra de las intolerancias, los odios y las histerias, donde quiera que se presenten, como sucede hoy día entre aquellos que quieren asesinar a Sakineh Mohammadi Ashtiani. |