Como es bien sabido, todos los pronósticos afirman que algunas de las estrellas del poder y la competitividad global en las próximas décadas serán Brasil, China y la India. El tamaño de su población y su economía, su creciente sofisticación industrial y una colección de buenas políticas públicas los han colocado en una plataforma envidiable y, en cierto modo, deprimente para las expectativas que México alguna vez acarició.
Pero para mayor infortunio ya no son los únicos que están haciendo las cosas bien. Léase, por ejemplo, Start up Nation. The Story of Israel’s Economic Miracle, un libro de Dan Senor y Saul Singer que explica las causas por las que Israel, ese atribulado país, se ha convertido en una potencia emergente. Lo que Israel hizo se puede sintetizar en una frase: pasó del viejo modelo de una economía industrial cerrada, nacionalista, de bajo valor agregado y en sectores tradicionales y de manufactura mediana a construir un verdadero ecosistema en el cuál el riesgo, la innovación, el conocimiento, la tecnología y el desarrollo de productos nuevos son el andamiaje de una economía del siglo XXI. Singer y Senor encontraron que en Israel existen 3,850 empresas emergentes (startups), que son empresas tecnológicas que crean riqueza y desarrollo en sectores y modalidades hasta ahora desconocidas, y que en 2008 allí se invirtieron 2.5 veces más dinero en esas empresas que en Estados Unidos.
Esto permitió que la inversión por persona de los fondos de riesgo sea hoy en Israel 30 veces más que en Europa, 80 más que en la India y 300 más que en China. Ésta es la primera lección: la estrategia tradicional de atraer inversión extranjera en fierros y ladrillos ya es obsoleta; hoy se atrae “capital” y “tecnología” para desarrollar empresas locales propias. Pero para atraer esos factores se necesita, como ha pasado en Israel, invertir bien en investigación y desarrollo, tener la capacidad e iniciativa para aprovechar esa inversión y formar talento. Aquí está la segunda lección: lo que genera bienestar es lo que crea valor. No es lo mismo producir empleos de “franeleros” o “cerillos” que inventores, ni es lo mismo fabricar dulces de guayaba que registrar patentes en el campo de las ciencias de la salud. Esto explica que las empresas globales de alta tecnología operen en Israel centros de desarrollo e investigación: Microsoft, Google, IBM y más. A excepción de Israel, existen sólo otros dos países en el mundo, fuera de Estados Unidos, en los que Google tiene dos centros de desarrollo en el mismo país: India y China. Tercera lección: el desarrollo es consecuencia de un proceso sostenido, no de ocurrencias ni de suerte. Volver al pasado, como muchos proponen, es una receta correcta… para suicidarse. Si México quiere ser un día una nación desarrollada, productiva, con una buena y ancha clase media, con ingresos decorosos, lo urgente es tener un proyecto de futuro. Justo lo que, por ahora, no se ve.
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