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Otto Granados RoldánOtto Granados Roldán:
- Licenciatura en Derecho, por la Universidad Nacional Autónoma de México
- Maestría en Ciencia Política, por el Colegio de México

Actualmente
- Profesor-investigador de tiempo completo en el Tecnológico de Monterrey
- Co-dirige programas académicos de capacitación para funcionarios públicos en el Centro de Estudios sobre México de la Unión Europea y la Fundación Ortega y Gasset
- Director del Instituto de Administración Pública del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), a nivel de todo el sistema.
- Imparte conferencias y seminarios en México y en el extranjero, y realiza actividades editoriales y de consultoría.

Cargos ocupados
en el Sector Público

- Consejero del Fondo de Cultura Económica y de BANOBRAS
- Secretario Particular del Secretario de Educación Pública
- Oficial Mayor de la Secretaría de Programación y Presupuesto
- Director General de Comunicación Social de la Presidencia de la República
- Gobernador del estado de Aguascalientes (1992 a 1998)
- Consejero de la Embajada de México en España
- Embajador de México en Chile

 
 
 
 
 
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HETERODOXIAS
¿Arizona? No, Tamaulipas
  Otto Granados
  og1956@gmail.com
Aguascalientes, MÉXICO, a 27 de agosto del 2010
 

Desde hace décadas México ha mantenido un doble estándar en materia de tratamiento de los indocumentados.
Por un lado, usualmente el gobierno se envuelve en la bandera nacional para defender a los paisanos que viven en Estados Unidos. Pero, por otro, se sabe poco de la extorsión y la violación a los derechos humanos que, a manos de autoridades federales y locales, padecen miles de ciudadanos centro y sudamericanos que cruzan la frontera sur para llegar al sueño americano.

En ese sentido, la explicación acerca del hallazgo de 72 cuerpos masacrados en Tamaulipas —que podrían haber sido secuestrados para extorsionarlos o reclutarlos para realizar actividades delictivas, según dijo el vocero del gobierno— y la condena respectiva son, al menos, extravagantes, y dicen muy poco del fenómeno que en realidad facilita que se produzcan cosas así: la virtual inexistencia del Estado en ciertas zonas del país.

A menos que, esta vez sí, el gobierno demuestre fehacientemente qué pasó, dada su tenue credibilidad en otros casos, el hecho es altamente revelador de la tragedia que viven, desde siempre, los indocumentados que pretenden cruzar el territorio nacional.

El historial mexicano en la materia ha sido, desde hace años, lamentable. A principios de los años ochenta, cuando la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados, entonces dirigida por Gabino Fraga, empezó a acoger las primeras oleadas de centroamericanos expulsados por la violencia política, fueron las propias autoridades migratorias de la época las que frenaron todo intento de establecer una política racional y civilizada al respecto.

Más recientemente, tanto la CNDH como Amnistía Internacional han documentado el “infierno” de los migrantes centroamericanos que son sistemáticamente atacados por presuntas bandas de delincuentes que los vejan, secuestran, violan o asesinan, con la complacencia, la complicidad o la franca participación de policías federales y locales, de militares y de agentes migratorios. La CNDH asegura que el año pasado, en tan sólo seis meses, fueron secuestradas 10 mil personas en esas circunstancias.

Ahora bien, aun en el supuesto de que hayan sido victimados por la delincuencia, con o sin involucramiento de funcionarios públicos, o que extrañamente recorrieran los muchos kilómetros que median de Ciudad Hidalgo, Chiapas, a San Fernando, Tamaulipas, sin que nadie los molestara o los protegiera, es inevitable preguntarse qué clase de tierra de nadie es esa parte del país como para que alguien asesine sin problema a 72 personas.

En otras palabras, la masacre sugiere que, en lugar de rescatar territorios, el Estado sencillamente ha de-saparecido de porciones importantes del territorio. La muerte de seres humanos en esas condiciones es muy grave. Pero la evaporación de todo signo de autoridad institucional o de régimen mínimamente legal anticipa cosas peores.

 

Reproducido con la autorización de La Razón
 
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