El titular de La Razón del lunes pasado pone el dedo en la llaga de una de las peores distorsiones del desastre educativo mexicano y que consiste en que la relación entre los salarios que reciben los maestros y los rendimientos escolares de sus alumnos, medida con cualquiera de las evaluaciones oficiales y privadas que se producen, es sumamente baja.
En otras palabras: en lo que ganan los docentes cuentan las presiones sindicales, la debilidad de los gobernadores o las complicidades políticas y electorales, pero no los progresos de los estudiantes. Hagamos un ejercicio.
Mexicanos Primero, una organización privada cercana a Televisa y que hace investigación y monitoreo educativos, desarrolló un Índice de Desempeño Educativo Incluyente (IDEI) para primaria y secundaria, que pretende comparar el desempeño de los sistemas educativos locales (transferidos a los gobiernos desde 1992) mediante la combinación de una serie de variables pertinentes para que ofrezcan una radiografía estatal. Por mi parte, desde hace años he seguido el tema de la gestión del financiamiento educativo público y llegado a la conclusión de que, al menos por ahora, la superación de la crisis educativa no pasa por aumentar el dinero, sino por reformar a fondo la estructura de asignación del presupuesto.
Si cruzamos el ranking del IDEI con los salarios de los docentes locales, cuyo monto he obtenido con información del área de coordinación con entidades federativas de Hacienda y en las propias dependencias educativas locales, más días de paga no es igual a mejores resultados y, en ocasiones, a la inversa.
Por ejemplo, el ingreso de un docente se compone de sueldo tabular, aguinaldos, primas vacacionales, días adicionales y otras prestaciones en efectivo y asciende a 480 días anuales en promedio nacional.
Los diez estados que mejor puntaje obtuvieron en el IDEI, sin embargo, pagan una media de 475 días anuales; en cambio, los diez peores dan a sus maestros poco más de 480. Hay casos escandalosos: los maestros de Oaxaca perciben 478 días y la educación de su estado ocupa el último lugar en el índice referido; los de Tamaulipas andan en 490 días y están en el sitial 30; en Colima se embolsan 516 días y ocupan el lugar 28; en Tabasco son 502 días y su educación en el 25. Sonora, a la inversa: paga 459 días y salió en el tercer lugar; Durango 469 días y va en quinto lugar; Campeche sólo 466 días y está en sexto lugar; Yucatán 450 días y aparece en el noveno lugar. Las únicas dos excepciones que se salen de la media y muestran una correlación alta son Aguascalientes, que con 528 días está en primer lugar, y Nuevo León, que con 506 días ocupó el cuarto sitio.
Es cierto que la salarial no es la única variable y que el entorno socioeconómico también cuenta, pero llevamos décadas en que, al amparo de ese pretexto, los recursos crecen hacia las entidades con mayor rezago y no hay mejoría alguna.
Es hora de terminar con esta estafa.
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