Los partidarios de los monopolios públicos afirman que el problema eléctrico mexicano se resuelve volviendo más eficientes a la CFE y a LyFC, es decir, otorgándoles plena autonomía de gestión y alineando gradualmente las tarifas, pero los datos no apoyan ese razonamiento.
Una evaluación del sector eléctrico de GEA y el estudio “Prospectiva del sector eléctrico
2001-2010” de la Secretaría de Energía indicaron, por ejemplo, que los subsidios al consumo alcanzaron los 55 mil millones de pesos corrientes en el año 2000 y tan sólo en el caso de LyFC fueron de 46 mdp el año pasado. Si de pronto se eliminaran esos subsidios, de todas formas faltarían unos 20 mdp cada año para atender la demanda.
Pero además deben acumularse los incrementos en los costos de explotación (que en la última década subieron casi 10% por año), el endeudamiento para realizar nuevas inversiones y el pasivo laboral que en CFE alcanzó, en 2008, 162 mdp de pesos, o sea el 110% de la nómina.
Las conclusiones son evidentes: es inevitable abrir el sector eléctrico al capital privado para que éste invierta el dinero que el gobierno no tiene o que, aun teniéndolo, debe dedicarlo a otros sectores.
El segundo punto está relacionado con la eficiencia. La experiencia internacional muestra que en los casos exitosos la empresa eléctrica monopólica y verticalmente integrada (como es el caso de LyFC) está siendo sustituida por empresas especializadas, industrialmente segmentadas, con condiciones de competencia efectiva en la generación y venta de energía, regulada en la transmisión y distribución, y con alta participación privada.
Los defensores de los monopolios estatales afirman que al menos una de las empresas mexicanas trabaja con eficiencia y cumple con estándares internacionales. Sin embargo, en la apreciación general, ello es cierto sólo parcialmente.
Las ventas/generación y usuarios atendidos por empleado en el sector eléctrico crecieron a tasas anuales promedio de 5% en la última década. Sin embargo, dichas tasas corresponden básicamente a la CFE y las diferencias en productividad con LyFC eran enormes.
Por ejemplo, mientras que en CFE se vendieron 3 millones de pesos por trabajador, se generan 5.1 Gigawatts-hora por trabajador, y se atendieron 610 usuarios por trabajador, LyFC únicamente alcanzó, también por trabajador, 1.5 millones de pesos, 2.2 GwH y 393 usuarios atendidos.
Adicionalmente, algunas fuentes señalan que el kilowatt-hora generado por los productores externos de energía es entre 40 y 50% más barato que el generado en promedio por las empresas públicas.
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