Las autoridades federales y varias instituciones de investigación económica tienen algo de razón al acusar a los gobiernos estatales de derroche presupuestal. Basta asomarse a la lista de proyectos que están ahora mismo cabildeando en la Cámara de Diputados o las ocurrencias que se proponen ejecutar so pretexto del bicentenario en 2010. La conclusión es que, al menos como política pública, la forma como los estados gastan está muy lejos de ser eficaz.
Se supone que una decisión de política pública es aquella que toma y ejecuta un gobierno, que involucra recursos públicos y está destinada a tener efectos en la sociedad o sobre una parte significativa de ella. Por tanto, los gobernantes tienen la obligación de realizar ese proceso evaluando el interés público general, el costo-beneficio o su impacto social o económico, de tal manera que el resultado sea eficaz para el conjunto de la comunidad.
El desprecio hacia esa lógica tan elemental es lo que ha llevado al escandaloso fracaso de política pública que significó para Aguascalientes el capricho del gobierno del estado de llevar a esa ciudad al equipo de futbol Necaxa, subsidiarlo, sostenerlo y verlo caer a costa del contribuyente.
La idea de llevar al equipo a ese estado fue básicamente la combinación de una afición y una ambición. Desde su paso por la alcaldía de la capital y luego durante los años preparatorios de su propia candidatura, el actual gobernador se dedicó a capitalizar esa oportunidad aprovechando la afición de una parte de la población y porque era una forma de vincularse con una televisora nacional que le facilitaría elevar su posicionamiento de cara al proceso electoral. En ese sentido, ayudó sin duda.
Pero el problema básico es que, como a veces ocurre en el negocio del entretenimiento, los supuestos de que se parte son impredecibles porque están sujetos a variables con frecuencia subjetivas e inmanejables; en consecuencia, si los escenarios cambian, el negocio falla. ¿Qué pasó? Lo primero es que no es claro si los gobiernos deben ocuparse de asuntos como el futbol profesional, las corridas de toros o los palenques. Las funciones sustanciales del estado son precisas en la ley y, sobre todo, en el sentido común, y consisten en dedicarse a promover el crecimiento económico y la competitividad, mejorar la educación, preservar la seguridad, brindar buenos servicios públicos, construir infraestructura o proteger el medio ambiente.
La justificación que da el gobierno de Aguascalientes de que el “fomento al futbol es sin duda generador de empleos y coadyuva al desarrollo económico de Aguascalientes”, no corresponde a la realidad, pues entre abril 2008/abril 2009 se dieron de baja en el registro del IMSS casi 12 mil trabajadores y la economía estatal no creció en el mismo lapso.
La conclusión es que al meterse el estado en cuestiones que no conoce, ni domina, ni son propiamente de su competencia, está desviando los recursos del contribuyente no hacia políticas de interés público o general, sino hacia los caprichos particulares, con lo que el desenlace es obvio: ni atiende sus obligaciones ni puede con las aficiones. (Continuará).
gobierno del estado de Aguascalientes, gobernador de Aguascalientes, Luis Armando Reynoso Femat
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