Dicen que en política quien se aflige se afloja y el PAN parece haber entrado en una fase muy extraña que puede llevarlo al despeñadero en las diez elecciones estatales del año próximo y sembrar las raíces de su propia destrucción en las presidenciales de 2012.
Hasta hace unas semanas daba la sensación de que la dirigencia nacional del PAN, Calderón incluido, estaba asumiendo la derrota del pasado 5 de julio con la muy saludable actitud de analizar las causas de la debacle, construir un buen diagnóstico y diseñar una estrategia de recuperación. Desde el diván del psicoanalista, los panistas destacaron como errores la llamada pérdida de identidad y las alianzas non sanctas con fuerzas políticas que no sólo no les dieron votos sino que además resultaron contraproducentes desde un punto de vista estético.
Ahora, sin embargo, en lugar de rectificar y ser coherentes con esa percepción, están anunciando el establecimiento de pactos electorales con el PRD en el Estado de México o en Oaxaca, y lo más probable es que en el pecado lleven la penitencia por la sencilla razón de que están haciendo una mala lectura de los números y de los resortes que mueven (o paralizan) al votante.
La primera consideración es que la caída del PRD en los pasados comicios no fue el factor principal de la victoria del PRI, sino simplemente la expresión de que en momentos de desencanto con los partidos y en general con la vida pública los sufragios suelen proceder básicamente del voto duro y en ese terreno el PRI funciona con mayor eficacia. Suponer ahora que, de pronto, los militantes activos del PAN y del PRD van a constituir un frente antiPRI de la noche a la mañana es subestimar gravemente el razonamiento en que se funda una preferencia electoral.
El segundo problema es que para que esas alianzas funcionen debe existir un pegamento que galvanice el agua y el aceite y el PAN supone que éste puede ser el sentimiento antipriista. Pero los números dicen otra cosa. Una encuesta de Consulta Mitofsky levantada días después del 5 de julio mostró que el 68% de los ciudadanos (esto es, el doble de sus votantes efectivos) pensaba que el gran ganador había sido el PRI y el 34% afirmó que, de haber sido entonces las presidenciales, habría elegido al PRI, contra un 24% registrado para el PAN.
Y, por último, es un poco esquizofrénico que Acción Nacional diga un día que necesita recuperar su identidad, entendiendo por ésta la de los valores democráticos que animaron su fundación, y al día siguiente se muestre dispuesto a aliarse con fuerzas con las que nada tiene en común.
Según Francois Miterrand la política hace extraños compañeros de cama.
Pero una cosa es un affaire de fin de semana y otra muy distinta hacer de la promiscuidad la norma.
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