En estos días es común escuchar comentarios sobre los aspirantes a puestos públicos, es tema recurrente en los medios de comunicación y motivo de preocupación de partidos y ciudadanos con aspiraciones en este sentido. Fácilmente se podría tomar la postura de que estamos viviendo un suceso que periódicamente se repite con los mismos resultados, casi siempre poco afortunados para la ciudadanía. El voto de ésta es la expresión máxima de la democracia y supuestamente tiene la finalidad de elegir a los mejores para gobernantes.
Desgraciadamente, la democracia mexicana, dadas las desigualdades de educación, formación y económicas, hacen que este proceso no sea el más idóneo, pero es también el que más se acerca a lo buscado como expresión de la voluntad popular.
Cada uno de nosotros, los que votamos, hemos tenido preferencias por tal o cual partido, pero hoy día la diferenciación ideológica entre al menos dos de los grandes, es casi inexistente. Sus planteamientos son carentes de substancia y van más en la línea de lo coyuntural y lo superfluo, con críticas sobre asuntos propiciados por los mismos que en su momento ocuparon el poder.
San Lázaro, en más de alguna ocasión, se ha parecido más a un circo o cuadrilátero de boxeo, por el triste espectáculo que han brindado los diputados. Hoy día, el voto va a ir en la dirección de darlo a la persona , más que al partido por lo ya antes dicho. Por lo que pensando en esta nueva situación, es que he seleccionado algunos criterios para dar mi voto en las próximas elecciones estatales y no pretendo con ello si no externarlos para ver si a alguien les pueden ser útiles.
En primer lugar, me interesa que la persona tenga un comportamiento basado en un cuadro de valores, que le den pauta para su diaria actividad. Considerando que las virtudes son hábitos operativos buenos y basadas en valores, estos hábitos se reflejan en el individuo, en su vida familiar y profesional, vía virtudes como la puntualidad, el respeto y el trabajo bien hecho y que de alguna manera se podrían reflejar en un puesto público. Sin embargo, habría que tener presente que el poder pierde a los hombres. Me viene a la memoria que a los generales romanos victoriosos, al regreso de su campaña, durante el desfile triunfal al que tenían derecho, siempre le acompañaba en el carro de la victoria,un esclavo cuya función era la de susurrarle al oído la frase "recuerda que eres mortal". Frase que se decía por eso de las tentaciones de la vanidad propiciatoria al endiosamiento del que los romanos eran con frecuencia víctimas.
El segundo punto, y no por ello menos importante, es el de la experiencia exitosa, sea en el campo de lo público o en el de la iniciativa privada. Esto puede permitir razonablemente inferir que el manejo de los asuntos públicos, podría ser el adecuado y que los dineros del erario se manejarán con transparencia y correcta aplicación. La administración pública es la administración de los recursos de todos los mexicanos, y todos deseamos que sean manejados con eficiencia y honestidad, por lo que este aspecto reviste especial importancia para seleccionar a quien dar un voto.
Un tercer punto, hay muchos más, pero en éste deseo hacer énfasis, se refiere a un aspecto que puede sonar a demasiado idealismo, pero que dadas las experiencias es necesario sacarlo a la luz. Me refiero a que la persona que ocupe un cargo público debe querer a México y de manera muy acusada a Aguascalientes. México ha sido muchas veces traicionado en aras de intereses mezquinos de algunos gobernantes y esto no se lo ha merecido nunca. Es un país maravilloso que se encuentra en la situación en que está, debido a las aberrantes conductas de algunos próceres, que han caído en las garras de la ambición o de una inherente subordinación al poderoso vecino del norte.
En primerísimo lugar, me referiré a Antonio López de Santana, quien debido a su ineptitud y a su enorme corrupción, propició perder batallas para favorecer a los invasores norteamericanos. Tal es el caso de La Angostura y del Convento de Churubusco. Por otro lado, está el señor Juarez con su tratado MacLane- Ocampo, que afortunadamente no fue ratificado por el Senado de los EEUU.
A lo largo del Siglo XX, la sumisión de muchos de los gobernantes fue otra forma de entregar a México. Los ejemplos son tantos, que permiten afirmar la falta de amor a México. No pretendo que los aspirantes y futuros candidatos sean santos, nada más lejano que eso, pues los santos no se han movido en la política, pero sí escogeré con mucho cuidado a quien reúna de algún modo algunos de los requisitos antes mencionados. Invito respetuosamente a los lectores que piensen sobre estos asuntos y ejerzan un voto razonado. No hay que votar por los colores o por despensas, eso es vender el alma al diablo por centavos. Aguascalientes se merece votos por el mejor y el que más pueda darle. |