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El hábito sí hace al monje
  Jorge Uribe Ugalde
jsuribe@prodigy.net.mx
 
Aguascalientes, MÉXICO., a 08 de diciembre, 2009
 

En días pasados tuve la oportunidad, al igual que muchos otros televidentes, de presenciar una entrevista dividida en dos partes, que el periodista Joaquín López Dóriga realizó al presidente Felipe Calderón. La línea de ésta estuvo claramente dirigida en el sentido de permitirle dar su punto de vista sobre las medidas económicas y la situación del país, según su punto de vista como mandatario y como representante de un partido de derecha. Calificativo este último que en más de algún sentido ha perdido su sentido original, ya que se ha ido acercando a una ideología de centro y en algunos casos, hasta se ha atrevido a ir más allá.

Nuestro actual Presidente en alguna ocasión dijo que a cierto partido lo rebasaría por la izquierda, aseveración que siendo esta entidad política de dicha definición, dejó una grata impresión en la población. En el programa antes mencionado, mi percepción fue la de un mandatario sólido y con tablas en el oficio político, con desenvoltura y claridad expresó sus puntos de vista, el por qué había tomado ciertas decisiones y lo que se podría esperar de las mismas. Me sorprendió una notable evolución en el político que es el Presidente. Estoy seguro de que este cambio ha sido el fruto de un proceso duro y en más de alguna ocasión, lleno de amargura y sinsabores. Creo que él mismo no esperaba un camino alegre y lleno de rosas. Pero y en todas las situaciones de la vida hay siempre al menos uno, quiero decir que en más de algún sentido su discurso me dejó insatisfecho.

Con mucha claridad aprecié que sus acciones, si bien en muchos sentidos están llenas de preocupación por la situación de las clases menos favorecidas y sus acciones de gobierno para el 2010 son congruentes en la misma dirección; éstas son del tipo que podríamos llamar de corte casi caritativo, a corto plazo y de eficacia efímera. No dejando de ser buenas, no son si no lo que podríamos denominar como curitas, que sin duda ayudan pero no resuelven el problema de raíz.

Este problema que se manifiesta en muchas otras áreas de la vida del país consiste en el erróneo manejo de la economía, que está sujeta a un modelo que únicamente propicia el enriquecimiento desmedido de una minoría y el empobrecimiento galopante de la enorme mayoría. La aplicación a ultranza de un neoliberalismo basado en corrientes de pensamiento económico, impulsado por fervientes creyentes del libre mercado, con todo lo que esto significa de excesos e injusticias, que disfrazadas de ajustes auto compensados por las fuerzas de la demanda y la oferta, constituyen el sustento de esta corriente de pensamiento.

Este planteamiento económico ya ha demostrado su fracaso en muchos países, sin embargo en el nuestro aún es dogma de fe entre los altos funcionarios del gobierno. Estos y entre ellos cuento al señor Presidente, se debaten entre la realidad de la creciente pobreza y su apego al modelo, ignoro si por ciega obediencia a instituciones o gobiernos más allá de nuestras fronteras, o lo más triste, por propio convencimiento. Ambas razones son lamentables, pero en el caso de que fuera esta última, sería verdaderamente una desgracia, siendo quizá fruto de la ideología de las instituciones donde estudiaron y de una carencia de audacia para mirar más allá de los límites ideológicos.

El Presidente ha dejado transcurrir tres años de su mandato, sin definir claramente un rumbo en el desarrollo de la nación. Su trabajo no ha sido fácil por la fuerte oposición del otrora partido gobernante, pero también por la poca calidad de algunos de sus colaboradores. Aún espero, aunque algunos me puedan tildar de inocente, un golpe de timón que coloque a México en una clara vía de desarrollo, en el que éste beneficie a todos, disminuya los privilegios y coloque al país en un mejor sitio entre las demás naciones.

Para efectos prácticos, al señor Calderón le quedan dos años de poder, ¿será mucho pedir que intente al menos un cambio de rumbo? El Presidente ha adquirido hechuras de verdadero mandatario, tres años le han dado la formación, pero aún le quedan dos para demostrar su tamaño como gobernante de altura. Sería penoso que pasara a la posteridad como un mandatario indefinido e indiferente a las verdaderas necesidades de México. Señor Calderón aún esperamos cosas de usted, no desilusione a los que le votamos y sobre todo no pavimente el camino a la presidencia a otro partido.

         
       
 
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