El correo electrónico es una cosa que va de lo maravilloso a lo molesto, maravilloso porque puede uno tener contacto con la persona u organización que uno desee o molesto por recibir mensajes indeseados. Desafortunadamente, estos últimos abundan y a pesar de los filtros que se instalen en los programas de correo, siempre encuentran la manera de hacerse presentes, ante lo cual no queda más que paciencia.
En días pasados, después de unas cortas vacaciones en las que no consulté mi cuenta, me encontré por supuesto con un interesante número de mensajes en mi buzón, dentro de los cuales uno me llamó de manera especial la atención. Este correo contiene información sobre una supuesta falta de pago de impuestos de grandes consorcios mexicanos, que de ser verídica, resulta muy preocupante, porque significaría una evasión fiscal de enormes proporciones, evasión que no puede dejar de ser atendida por las autoridades fiscales, salvo que las deficientes leyes en esta materia y su ineficiencia, así se los permitan. El correo mencionado tiene la clara tendencia de poner en duda la eficacia del gobierno del señor Calderón, cosa que no es difícil de hacer, pues su poca afortunada gestión de tres años da pie para ello. Dentro de toda esta colección de denuestos, me interesó la afirmación de que México es un “Estado Fallido”, para lo cual afirma una serie de cosas que sin dejar de ser ciertas, no llegan al estado de gravedad que se requiere para tal aseveración. Dado lo llamativo de la misma, me puse a averiguar el significado del concepto, su procedencia y el cómo se obtienen los elementos para afirmar que tal o cual estado es fallido o en riesgo de serlo.
En la revista Foreign Policy, medio por excelencia del mundo de la política internacional, aparece un estudio sobre el concepto de “Estado Fallido”, concepto que nace en el Departamento de Estado del vecino del norte, para definir el grado de peligro que un cierto país tiene de dejar de ser considerado como estable y por lo mismo confiable para ellos. Partiendo de la base de que en un mundo globalizado lo que suceda en cualquier lugar, los afectará tarde o temprano y de una u otra manera, lo que fácilmente explica el interés por Afghanistán. Este índice lo elabora La Fundación para la Paz en colaboración con dicha revista y al menos durante tres años lo ha hecho ( 2006 al 2008), lo que le da elementos para hacer un mapa mundial y clasificar a casi todos los países del globo. El análisis fundamental descansa en 12 factores de los órdenes sociales, económicos, políticos y militares. La combinación de estos factores pueden señalar las posibilidades de violencia y falta de gobernabilidad, que permita la desintegración de un Estado y el peligro para sus vecinos y por qué no decirlo, para el mundo o al menos un sector del mismo.
En el estudio publicado en 2009, nuestro país aparece en el lugar 98 entre 177 considerados en el estudio. Esto no significa que estemos a salvo, ya que de acuerdo al mapamundi mencionado, esta puntuación nos coloca en el límite entre los que son estables y los que se encuentran en peligro de caer en ingobernabilidad. Describir detalladamente los 12 factores de evaluación sería tedioso, por lo que sólo mencionaré algunos de ellos, como punto de reflexión para tratar de conocer nuestra situación como país.
El factor refugiados, podemos entenderlo como el de la migración de origen económico (mojados) se nos aplica totalmente, pero es algo que ya hasta al gobierno le parece normal. Desarrollo desigual, es algo que también es tan común que ya parece algo aceptado y trata de remediarse con programas que más parecen caridad interesada, que planes de desarrollo. Economía en declive o estancada, es algo que no merece comentario alguno. Derechos humanos, sin comentarios. Élites económicas o sociales que acaparen riqueza y poder, situación evidente sin observaciones. Deslegitimación del estado o del poder político, a ojos vistas. Todos estos elementos que de manera evidente se presentan en México, son los que entre muchos otros más nos ponen en el lugar que tenemos actualmente y que son focos rojos que el gobierno no puede ignorar.
Desgraciadamente, la herencia de pasados sexenios y el modelo de gobierno que el señor Calderón ha implementado no han hecho otra cosa si no que acrecentarlos y si a esto le sumamos el desempeño de algunos de sus colaboradores en el área económica, el resultado se explica solo.
México no está en la categoría de “Estado Fallido”. Estamos muy lejos de los países africanos que ocupan los primeros lugares. Si el Presidente quiere, aún puede hacer muchas cosas, pero quizá sus compromisos se lo impidan.
Presidente Calderón: los que votamos por usted y le dimos el triunfo, esperamos que vea por el bien del país en su totalidad y no permita que el deterioro del mismo nos coloque en la situación de “Estado Fallido”, llamando la atención del poderoso vecino del norte, que quién sabe a qué extremos sería capaz de llegar si le representáramos un peligro tan cercano. |