A partir de la idea de legislar a nivel federal acerca de las asociaciones público-privadas (PPS) se ha armado un cierto alboroto que ignora por completo que esta modalidad de prestación de servicios públicos llegó para quedarse en México y en los países que quieran tener una infraestructura moderna y de calidad.
La vieja creencia de que el Estado debía proveer gratuitamente a la sociedad de todos los satisfactores ha llegado a su fin básicamente por dos razones. Una es que en general los gobiernos han sido bastante ineficientes en lo que manejan –desde cárceles y escuelas hasta sistemas de agua, electricidad o seguridad– y la otra es una cuestión matemática: las necesidades son crecientes, pero los recursos públicos no. No hay de otra.
Lo primero que se alega es que cuando privatiza o concesiona el Estado incumple una obligación. No es verdad. Desde el punto de vista conceptual, los bienes públicos pueden ser proveídos bajo cualquier modalidad siempre y cuando el nivel de satisfacción del ciudadano sea alto. Lo que éste quiere, por ejemplo, es educación o agua, en condiciones de calidad, precio y oportunidad adecuadas, y lo que menos le importa es si se los ofrece el gobierno o un particular.
Lo segundo es que recurrir a privados para hacer obra pública no es una de varias alternativas, sino en muchas ocasiones la única. Véanse otros países: los gobiernos provinciales de Canadá enfrentan un déficit de 60 mil millones de dólares (mmdd) para construir y mejorar carreteras y puentes; Alemania necesita 90 mmdd anuales para lo mismo y California estima demandar unos 500 mmdd desde ahora al año 2026. ¿De dónde van a extraer la plata? Pues de la inversión privada.
Y lo tercero es que ya no sólo en sectores inéditos, como las prisiones, se está ampliando la participación privada, sino incluso, por ejemplo, en la educación de los condados norteamericanos. Hay escuelas públicas que ahora son construidas, administradas y operadas por particulares, bajo una cuidadosa supervisión y regulación de los distritos escolares en cuanto a contenidos y estándares.
Un caso: Edison Learning, que es una organización privada, opera 120 escuelas públicas y atiende a 350 mil estudiantes en 24 estados de EEUU y en Gran Bretaña, y los estudiantes que asisten a esta opción muestran progresos 2 y 3 veces más altos en sus calificaciones que el resto de las escuelas comparables y 86% de padres y maestros califica a las escuelas en las escalas más altas: A y B. Como en México no se encuentra cómo salir del hoyo educativo sin generar conflicto con el SNTE, bueno sería empezar por administrar menos y educar mejor mediante opciones como ésta o como los bonos en efectivo para atender la demanda escolar.
El Estado no puede hacerlo todo ni está hecho para producir. Y no lo decía alguien de la derecha, sino, ni más ni menos, Michel Rocard, el legendario socialista francés.
Se reproduce con la autorización del diario La Razón www.razon.com.mx
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