Ya es un lugar común afirmar que si Kafka hubiera nacido en México sería un escritor costumbrista. Y para documentar la metáfora baste ver con detalle y paciencia (http://gaceta.diputados.gob.mx/) el rosario de entuertos que, debajo de las grandes asignaciones por sector o por estado, contiene el Presupuesto de Egresos de la Federación aprobado por los diputados para el año que viene.
Como se ha vuelto usual, la negociación de las partidas entre los solicitantes de dinero público y los legisladores fue nuevamente, como cuentan algunos alcaldes y gobernadores de reciente ingreso, una especie de subasta con fines electorales y políticos sin sentido estratégico ni consideraciones de fondo asociadas al crecimiento o a la inversión, a los que se supone debe contribuir el gasto del gobierno.
En muchos de los casos, las partidas han sido asignadas sin detallar cuál es su rentabilidad social o productiva, los criterios con que los recursos serán entregados o su impacto económico en el empleo o el ingreso de las personas.
Por ejemplo, los diputados le aprobaron al Conaculta 480 millones de pesos para “apoyos y subsidios”, otros 100 para la “librería de la mujer” y 15 más para la Cumbre Tajín en Veracruz. Pero el festín no para allí.
Hay docenas y docenas de asignaciones para reparar pisos, retablos y bancas de templos católicos, organizar festivales de todo tipo, comprar instrumentos musicales, construir o equipar casas de cultura en municipios casi inexistentes, rescatar presuntas tradiciones o financiar encuentros de escritores.
En total se repartirán más de 3 mil millones de pesos en estos renglones y nadie sabe si con esto México será un poco más culto, más educado o leerá más por persona.
Al sector hidráulico se le etiquetan casi 35 mil millones de pesos, pero el presupuesto nada dice acerca de cómo van los estados, el DF o los municipios a mejorar la gestión del agua mediante innovaciones como la privatización o la concesión de los servicios operadores, cómo van a captar más recursos a través de alinear las tarifas que pagan los usuarios o cómo va a controlarse la desigual distribución del líquido entre el medio urbano y rural que hoy existe.
El gasto programable de la SEP alcanzará más de 210 mil millones de pesos, más el que va destinado a otros sectores educativos, pero la ley no incluye una tabla de rendición de cuentas que le diga al contribuyente cuántos lugares escalará México en las evaluaciones internacionales PISA ni en qué porcentaje los estados más beneficiados con estas aportaciones subirán en ENLACE o en otras mediciones educativas.
En suma, ni la orientación general de los egresos públicos para el año que viene ni los proyectos específicos incluidos parecen estar realmente ligados a la promoción de un crecimiento económico que, en el mejor de los casos, llegará al 2.7%, es decir, más o menos la misma tasa mediocre que México ha tenido desde hace ya una década.
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