Estimados lectores, pasando las elecciones, las estructuras políticas han vuelto a una cierta parsimonia que ya la quisiera una maestra de primaria con sus 45 alumnos en un medio día de martes. Sin embargo, cuando el silencio apremia en los pasillos de la política, es que hay que ponerse a rezar más.
Para algunos avezados, la campaña por la gubernatura ya comenzó; tal como lo he comentado en otra ocasión, somos muy adelantados, menos para hacer la tarea que nos corresponde. Sin embargo, hoy no voy a hablar de quienes o cuales ya se sienten candidatos y gobernadores, porque para esos todavía falta rato y ganas. Si fueran un poco más mercadólogos sabrían que sin gastar tanto y en menos tiempo, podrían tener los mismos resultados. Sin embargo, son políticos y no marchantes, al César lo que es del César.
Más bien, quiero agradecer la sinrazón que aturde siempre en el devenir de los políticos, y más en el de nuestros políticos aquicalidenses (dícese de aquéllos que son de Aguascalientes). Y la agradezco, porque siempre que no se lo proponen, o quién sabe, acaban por dejar ver que en esto de la vida pública son más fuertes los acuerdos que los ideales. Cosa mala la realidad a la querencia.
En estos días, tan rápido fue que se lo voy a tener que contar, se convocó a la población, a la ciudadanía, a la polis griega, para formar parte del Instituto Estatal Electoral como consejeros. Un puesto que hasta hace algunos años no era más que una posición casi voluntaria y ciudadana para observar que los procedimientos en temas electorales fueran conducidos de la mejor manera posible. Hoy es casi como ser diputado, con prestaciones y todo, nada más les falta fuero, porque hasta se dan el lujo de traer radio de ese que tiene un singular pitido tan famoso como la campana de una parroquia.
En fin, estos parroquianos a los que me refiero, es decir, estos puestos de consejería ciudadana y con la participación de los partidos, se han convertido pues, en deseables gerencias para promover la democracia y la participación ciudadana.
Sin embargo, no cabe duda que la política es engañosa. Es difícil y no es para cualquiera, aunque hoy, cualquiera puede estar. De hecho casi siempre ese es el problema. Pues nada, que los diputados locales abrieron la convocatoria la pasada semana, para renovar puestos en el IEE, y por las premuras del tiempo, que si los tiempos electorales y las campañas están a la vuelta de la esquina, entonces la convocatoria estuvo vigente una semana. Curiosa cosa más que se inscriben un poco más de 50 candidaturas, y sin dejarle mucho que comentar, por favor, le pido que revise los nombres de los candidatos. Nada más, la suspicacia y el chilito con limón sírvalo al gusto.
Este asunto, que quedó un poco confuso para todos, nos hace pensar en los altos intereses y las supuestas “apuraciones” que llevan los políticos desde ahora para lo que el año que entra significa, no sólo a nivel local, sino nacional. Pero por otro lado, es importante hacerle ver a los ciudadanos, que si tienen copado ese instituto, es sí por un lado, la desinformación pretendida por los interesados sean diputados o consejeros, sean los partidos políticos, para que otra gente distinta, un ciudadano interesado en promover la cultura democrática, un académico, un investigador, un yo qué sé, pueda acceder con tiempo y forma a la participación consejeril desde esos menesteres.
De otro modo, los acuerdos y arreglos, las negociaciones y todo eso de que siempre nos quejamos—sea o no cierta, rumorología del pasillo—seguirá siendo el pan de nuestras charlas en el desayuno y la cena. Sin culpar a nadie, quiero decir, que esta vez nos agarraron todavía hablando de los 2 millones que anularon su voto o que si Juanito ganó en Iztapalapa. En términos más coloquiales, “se nos durmió el gallo”, se nos fue. No, si eso de ser político no es cosa fácil: hay que estar en la jugada.
Cuando la ciudadanía no participa es cómplice de lo que los que tienen el poder hagan, sea esto bueno o malo. Entonces, por favor para la próxima, esté atento y participe un poquito más, porque lo que hacen nuestros políticos o aquéllos que conviven en el contexto de la vida pública, eso nos incumbe a todos. Hasta la próxima. |