Aguascalientes, Ags.- En México, solemos poner como ejemplo a los sistemas educativos de países que destacan en todos los indicadores internacionales en la materia. Sin embargo, hay ocasiones en que esos excelentes resultados en las evaluaciones no hacen sino reflejar la realidad de la exagerada competencia académica y laboral que se presenta en algunas naciones, aunque no reflejen los inconvenientes que traen consigo desde aspectos sociales.
Un ejemplo de ello es Corea. Este país asiático destaca por su creatividad, ya que está entre los que más patentes registra por productos desarrollados, y destaca también por su competitividad: productos coreanos (electrodomésticos, computadoras, automóviles, celulares y tabletas) inundan los mercados de todo el mundo.
Esa creatividad y competitividad ha sido posible gracias a la presión social que se ejerce desde niños para destacar y alcanzar los mejores lugares, por encima de los demás. Sin embargo, un enfoque así ha tenido altos costos sociales en materia de tensión, enfermedades, soledad y aislamiento, escapes y hasta vidas…
La presión por destacar se manifiesta en una exagerada autoexigencia, ya desde la época escolar; y con esa autoexigencia, se dan también varios efectos negativos.
Sólo los mejores estudiantes tienen acceso a las mejores universidades, que a su vez son donde las grandes empresas (con los mejores sueldos y más altas posibilidades de desarrollo) reclutan a sus técnicos y directivos.
El Estado coreano se ha preocupado por detectar y estimular a estudiantes destacados y en especial a los superdotados, con el fin de proyectarlos para que alcancen los máximos niveles globales. Ser excelentes en lo educativo se ha convertido en una especia de objetivo nacional, que el acendrado patriotismo potencia aún más. Así, el hecho de alcanzar buenas evaluaciones se ha convertido para muchos estudiantes en una cuestión de honor, para estar a la altura que exige la nación. En consecuencia, quedar por debajo de la expectativa se convierte en una pesadilla que debe evitarse a toda costa.
La exigencia hace que además de las horas de clase y las destinadas al estudio, sea habitual que el estudiante se inscriba además en una serie de instituciones que le aportan un complemento educativo. Estas instituciones, conocidas como “hagwon” funcionan después de los horarios académicos, y hasta muy entrada la noche.
Hasta ahí todo pareciera quedar en un profundo afán de superación. Sin embargo, no todo es benéfico y el sistema produce graves insatisfacciones sociales.
Entre las manifestaciones de esa insatisfacción, está la escasa convivencia familiar, poco trato de amistad que lleva al aislamiento, el sentimiento de soledad, el temor al fracaso, el abatimiento cuando no se alcanzan los resultados deseados, el estrés, la desesperanza y en el extremo de los casos, el suicidio.
Como puede verse, la obtención de buenos resultados académicos no debe ser el único resultado por el que esforzarse. Sin el complemento de una adecuada vida de relación, y sin el respaldo de la convivencia familiar, la extema exigencia académica y profesional por sí sola no conduce a buenos resultados.
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