Aguascalientes, Ags.- La deserción estudiantil en las instituciones públicas y particulares de enseñanza superior en México “es un problema mayúsculo, muy grande”, revela Juan Fidel Zorrilla Alcalá, académico del Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación (IIVE), de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México), y atribuye el fenómeno, principalmente, a la fragmentación de los programas educativos y a la desvinculación que existe entre los propios profesores, de éstos con los alumnos y de los docentes y estudiantes con el conocimiento.
Otros factores que obligan al alumno a abandonar sus estudios son los personales, como por ejemplo los problemas económicos porque el alumno se tiene que hacer cargo de su familia que sufrió algún accidente, tuvo un trastorno grave de salud o porque se vieron obligados a trasladar su residencia a otra entidad federativa.
“Hay una variedad de factores, no sólo es lo económico, sino también los del desaliento que produce el estar en un medio en el que no se ve claro cómo se van integrando las materias y que muchas veces los alumnos no sienten que el esfuerzo que hacen se vea correspondido”, opina.
Descuidada, la calidad educativa
El investigador -entrevistado por DESDElared- hace historia y explica: “de 1970 a la fecha, la población de educación superior se multiplicó 12 veces. Ha sido un crecimiento extraordinario en más de 40 años. Durante este tiempo, la prioridad ha estado en hacer crecer el número de lugares disponibles. El grueso de las políticas federales y de las instituciones educativas de enseñanza han estado puestas en aumentar las oportunidades educativas, pero no se ha privilegiado, ni remotamente, la calidad del conocimiento una vez que llegan los alumnos a los estudios superiores”.
Observa el doctor Zorrilla Alcalá que aunque ha habido un movimiento en los últimos 30 años por mejorar la calidad de la educación, “éste se ha traducido en indicadores que no tienen que ver con los aprendizajes que logran los alumnos; sino con los insumos de los procesos organizativos, administrativos de las instituciones; con las calificaciones de los profesores; con los cursos que toman los profesores, con la infraestructura… pero no tiene que ver con lo que los estudiantes realmente aprenden y los obstáculos a los que se enfrentan”.
Los alumnos no son prioridad
Entonces –puntualiza- la calidad y la permanencia de los estudiantes “no son una preocupación institucional, ni de las políticas que se aplican, menos todavía, porque están más retiradas de las políticas federales. Es algo que les correspondería a las instituciones atender de manera muy cercana y no se hace, y esto se refleja en el abandono de los estudios”.
Por otro lado, acota, “hay muy poca integración entre las asignaturas, no existe seguimiento del trabajo de los estudiantes y no hay una visión de cómo los alumnos tendrían que ir, no solamente cursando materias, que ese es el énfasis general, sino cómo van mejorando en su capacidad formativa, analítica, profesional o científica. El haber desestimado y desatendido estos rubros, se manifiesta en la deserción”.
El trabajo docente es fragmentario, aislado –acusa el investigador del IIVE--, “no hay trabajo colegiado. Los profesores que trabajan con el mismo grupo no se comunican entre sí, cada gente trabaja por su lado, aisladamente, sin saber si es congruente todo lo que se está haciendo, desde diferentes puntos de vista, y entonces ahí están las consecuencias”.
Registros del Sistema Nacional de Información Educativa, de la Secretaría de Educación Pública, indican que en el periodo 2010-2011, un total de 2 millones 644,197 alumnos cursaban carreras de licenciatura, tanto en universidades públicas como en particulares.
38% de estudiantes no termina la carrera
Nuestro entrevistado coincide con las estadísticas que dio a conocer la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), reproducidas por el periódico Reforma, en el sentido de que nuestro país ocupa el primer lugar en deserción estudiantil universitaria. Según esos datos, 38% de quienes logran acceder a la educación universitaria no se gradúan.
De acuerdo con esa misma información, los estados miembros de la OCDE con menor deserción son Países Bajos (0.07%); Finlandia (0.5%) y Alemania (4%). En igual porcentaje que México se ubica Turquía y más abajo siguen Suecia (36%); Noruega (27.3%), e Italia (26.7%).
Revisar trabajo académico
La pregunta obligada fue sobre qué se debe hacer para frenar o reducir esa tendencia. A la que él responde: “Cada institución debería revisar la manera cómo funciona; revisar, encaminar, discutir cómo están funcionando. Cuando se hacen ensayos o se busca trabajar de otra forma, los resultados son inmediatos, tanto en el bachillerato como en el nivel superior. No se necesita una ciencia profundísima; lo que se necesita es revisar la manera como está organizado el trabajo académico de los alumnos. En otras palabras, es revisar cuáles son las relaciones que hay entre los profesores, de los profesores con los alumnos y de los profesores y los alumnos con el conocimiento”.
Falta mayor autocrítica universitaria
Y recomienda finalmente que las instituciones de Enseñanza Superior sean “más autocríticas, menos complacientes consigo mismas; pensar que los problemas están fuera de ellas es un error; tienen que ver hacia adentro y tienen que ser autocríticas y dejar de lado la autocomplacencia. Muchas veces las instituciones son muy críticas hacia afuera y muy poco críticas hacia adentro”.
No se titula 42% de egresados
De otra parte, Andreas Schleicher, jefe de la División de Educación de la OCDE aprecia que en el caso de los jóvenes que asisten a las universidades mexicanas, 42% nunca se titula. Este es otro fenómeno que va aparejado con el de la deserción.
Propone la ANUIES cambios para 2020
Sobre el tema en general, la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) recuerda que a finales de marzo del 2000 presentó en su 12 Asamblea Extraordinaria -celebrada en la Universidad de Sonora-, la propuesta de "La Educación Superior en el Siglo XXI: Líneas Estratégicas de Desarrollo”, cuyos 14 programas estratégicos persiguen transitar de un sistema de educación superior cerrado a uno abierto que tenga una mejor calidad, mayor flexibilidad, pertinencia y equidad con profundo sentido humanista y de responsabilidad social.
La propuesta de la ANUIES parte del convencimiento de que para el año 2020, el Sistema de Educación Superior (SES) necesitará transformarse radicalmente para poder responder con oportunidad, equidad, eficiencia y calidad al conjunto de demandas que le plantean tanto la sociedad mexicana, como las transformaciones de los entornos nacional e internacional.
Formación de mejor calidad
Nuestro Sistema de Educación Superior deberá realizar un esfuerzo extraordinario para proporcionar una formación de la mejor calidad, que combine en todas las carreras elementos de índole humanista, científica y técnica.
Será necesario construir un sistema de carácter abierto en el que todas las instituciones y sectores participantes puedan aportar, a la vez que recibir, elementos valiosos para un funcionamiento más homogéneo del conjunto, caracterizado por la cooperación intensa entre las instituciones, la movilidad de académicos y estudiantes y la innovación permanente de formas de enseñanza-aprendizaje.
La visión 2020 supone que habrá un compromiso efectivo del gobierno en todos sus niveles (federal, estatal, municipal). Considera la existencia de un sistema de educación superior vigoroso, que realizará sus tareas sustantivas de formación de profesionales e investigadores, de generación y aplicación del conocimiento, y de extensión y preservación de la cultura, en condiciones de calidad, pertinencia, cobertura y equidad equiparables con los indicadores internacionales. Y establece que la educación, (la educación superior en particular), contribuye de manera fundamental a que los mexicanos disfruten de paz y prosperidad en un marco de libertad, democracia, justicia y solidaridad.
Compromiso compartido
La ANUIES considera que, para que esta empresa tenga éxito, se necesita que cada uno de los sectores involucrados (instituciones educativas, sistema de educación superior y Estado) adquiera un compromiso compartido con los programas estratégicos que se propongan. |