La condena del Vaticano a Marcial Maciel, la solicitud de perdón que la Legión dirigió a todos aquellos a los que dañó gravemente o los presuntos signos de arrepentimiento no han aclarado aún otro de los componentes de este episodio y es la responsabilidad del cuerpo directivo de la congregación en la sistemática actividad delictiva de su fundador.
Las evidencias disponibles hasta ahora sugieren que la construcción del imperio de Maciel pasaba por una sofisticada operación logística que le permitía moverse con facilidad y rapidez por el mundo, visitar a las familias que tenía, mantener una apretada agenda de relaciones públicas, hacer política en los pasillos vaticanos o recolectar y administrar fondos abundantes.
Es imposible que todo ello pudiera haberlo hecho sin la activa, comprometida y consciente participación de sus colaboradores cercanos en el gobierno de la Legión.
Por ejemplo, ¿alguien estaba enterado en el universo íntimo de Maciel de la forma, el momento y los ardides con que cometió abusos sexuales comprobados contra más de una veintena de jóvenes?
Tras ellos ¿nadie se dio cuenta de las actitudes de estos jóvenes o de las manifestaciones psicológicas en su comportamiento cotidiano? ¿Nadie escuchó nada?
¿Nadie supo cuándo, dónde y cómo empezó a relacionarse con las que más tarde serían sus mujeres? ¿Nadie se enteró cómo las conoció o quién se las presentó? ¿Quién y cómo le organizaba su agenda cuando visitaba a sus distintas mujeres e hijos? ¿Sabían con quién y para qué se reunía en esas ocasiones? ¿Cómo les enviaba Maciel dinero a sus familias?
¿Quién administraba la recaudación de donativos, en el Capítulo General de la Legión, su órgano de gobierno, o en Integer, su brazo financiero, y a quién y cómo los transfería según las órdenes de Maciel? ¿Alguien se encargaba de los asuntos fiscales, en especial cuando se trataba de dinero en efectivo? ¿Cómo lo lavaban? ¿Quién lo transportaba?
¿Cómo se hacía la escrituración de propiedades destinadas al uso y usufructo de particulares, que no tenían responsabilidades directivas o ejecutivas en la congregación? ¿Qué le decían al notario público? ¿Cómo explicaba Maciel a sus cercanos que parte del dinero recibido para obras o escuelas fuera a parar a sus familias, una de las cuáles, según reporta una revista española, cuenta con un patrimonio estimado en diez millones de euros?
¿Qué papel jugaron en toda esta vergonzosa historia de corrupción, encubrimiento y traiciones los integrantes del estado mayor de Maciel? ¿Qué hicieron o dejaron de hacer los padres Álvaro Corcuera, Luis Garza Medina, Evaristo Sada, Francisco Mateos, Michael Ryan, Joseph Burtka y, muy en especial, Cristóforo Fernández Álvarez que era el procurador general y Eduardo Vigneaux, el administrador general? ¿No tienen algo qué decir, qué explicar?
¿Otros más hicieron posible esta escandalosa cadena de complicidades? ¿Empresarios, políticos, periodistas, funcionarios públicos, diplomáticos, banqueros? ¿Quiénes fueron?
Las preguntas, todavía, son demasiadas. |