Hace días se cumplió el vigésimo quinto aniversario de la muerte de don Jesús Reyes Heroles, quien entonces ocupaba la titularidad de la Secretaría de Educación Pública y del que el autor de esta columna era secretario particular.
Desde luego, en estos tiempos en que la frivolidad, la superficialidad, la ignorancia y la falta de ideas son los rasgos distintivos de la mayor parte de la clase política, la efeméride pasó casi inadvertida, con contadísimas excepciones, como la de Luis Medina, el respetado historiador político y en aquel momento subsecretario de Planeación de la SEP, que exploró las complejidades de don Jesús en su faceta de político e intelectual y cuyo texto vale la pena citar in extenso porque, si lo leyeran los mandarines de hoy, les resultaría una lección indispensable.
Reyes Heroles, escribe Medina, “fue hombre de pensamiento para poder ser hombre de acción. Fue un político que se preparó en el conocer para saber hacer. (…) Todo lo que hizo —lecturas, reflexiones, indagaciones, libros, ensayos y discursos— tuvo un objetivo: precisar la estrecha y correcta relación entre el conocer y el actuar, entre la idea y la acción, entre el pensamiento y la praxis. Conocer para actuar fue su divisa. “En este sentido, Reyes Heroles fue un político peculiar, excepcional para el medio mexicano (…). Le interesaba la acción política, pero no entendida ésta como mera búsqueda de poder y regocijo en su ejercicio. Pretendía una acción política más trascendente. Quería aprehender la realidad de su país desde los planteamientos universales de la teoría política y los particulares de su historia, para poder actuar sobre ella y transformarla. No le bastaba saber para qué se busca el poder. Había que anclar ese saber en un correcto conocer para bien actuar desde el poder público. Se interesaba en la Historia, así con mayúscula, y no en las historias. Y para él, la Historia era sobre todo Historia Política, pues en la acción pública culmina y se realiza todo lo humano y lo social”.
Sintetiza Medina: Reyes Heroles “no era el tipo de político que llegaba al cargo para preguntarse qué iba a hacer. Nada de grandes reuniones de funcionarios y expertos con inagotables folios sobre diagnósticos y propuestas alternativas. Ante todo, tenía una composición de lugar que le proporcionaban la teoría política, la historia y la praxis previa. Cuando decidía una medida, se informaba de la situación y de las fuerzas en juego, casi siempre mediante entrevistas con actores políticos. Analizaba y maduraba sus razones. Y finalmente dictaba a sus colaboradores una orden breve y sencilla, que contenía ya los elementos esenciales de los que se iba a hacer”.
En suma, don Jesús representaba otra forma de entender el país y el mundo, de nutrir el ejercicio del poder con historia e ideas, de hacer de la política una apuesta transformadora. Es decir, algo diametralmente distinto de lo que vemos ahora
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