Para los que nos quejamos de la incompetencia, la falta de ideas y la escasa originalidad de muchos políticos mexicanos y cuya más reciente exhibición fueron los desfiguros en los pasados comicios estatales, la elección del nuevo alcalde de Reikiavik, la capital de Islandia, ha resultado un verdadero y agradecible bálsamo.
Jon Gnarr, así se llama, un popular comediante, realizador de cine, guionista y, en sus mocedades, músico en una banda punk, creó el año pasado el llamado “Mejor Partido de Islandia”, integrado por músicos, actores, cantantes, humoristas y otros vagos, autodenominados “anarquistas surrealistas”, con el que decidió competir en las elecciones municipales y, por fortuna para toda la humanidad y en especial para los agotados electores mexicanos, ganó con casi el 35% de los votos, gracias a los cuales ha sido investido como primer edil de la atribulada capital islandesa.
Tanto las razones de su incorporación a la política como su programa de campaña no tienen desperdicio. Dice Gnarr que “si los políticos no paran un segundo de hacer el payaso, es momento de que los payasos hagamos política” y, con ese mantra, se lanzó a hacer campaña “con un programa electoral tan descabellado como efectivo”, que en estos tiempos debiera ser discutido y, quizá, adoptado para las estatales que tendremos en 2011.
Para empezar, los estrategas y encuestadores mexicanos, en lugar de andar explicando su ridículo del 4 de julio, debieran aconsejar a los futuros candidatos acuñar un lema tan exacto como el del alcalde islandés: “Podemos prometer más, ya que en ningún caso lo cumpliremos”, y articular una oferta electoral equivalente a la muy atractiva y delirante del señor Gnarr: un Parlamento sin drogas para el año 2020, toallas gratis en las piscinas de la ciudad, fiesta anual de los abuelos, un oso polar para el zoológico de Reikiavik, importantes beneficios para los fracasados, construcción de un Disneylandia junto al aeropuerto, introducción de colonias de ranas y establecimiento del “día de las mujeres” durante el cual los hombres deberán quedarse en sus casas. Ésa sí que es política entretenida, y no la demagogia que vimos en las pasadas campañas.
Como además Gnarr ha sido en otro tiempo creativo en una agencia de publicidad, podría pedírsele que asesore a nuestros aspirantes para que, como él lo hizo, se decidan a afirmar, sin rubor, que “a diferencia de los partidos tradicionales, corruptos en secreto, yo seré abiertamente corrupto”.
“Mi mensaje —aclara el político punk—, trufado de humor, se ha depositado en el imaginario de una sociedad que está harta de escuchar falsas promesas. De una sociedad que quiere que sus representantes dejen de llenarse los bolsillos con el dinero de los contribuyentes. De una sociedad hastiada de comprobar cómo esos mismos políticos sólo desean perpetuarse en sus cargos”.
Por todo ello, merece decírsele: gracias, Jon
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