Es imposible predecir el impacto que el asesinato del doctor Rodolfo Torre tendrá en el comportamiento del ciudadano promedio en los estados donde hay elección el próximo domingo, pero asumiendo que, de todas formas, el PRI será el partido más votado, el diseño de su agenda estratégica de cara a 2012 tendrá que reconocer que un escenario dominado por la discordia, la violencia y la disolvencia institucional en ciertas regiones del país exige un replanteamiento muy serio de su papel en la coyuntura nacional.
Partamos de lo siguiente: la debilidad del presidente Calderón y los problemas reales del país hacen una combinación explosiva que no habrá mucho tiempo de superar en los 24 meses que faltan para la elección presidencial. La urgencia es, entonces, por un lado, que los partidos muestren tener sentido de Estado y se conduzcan como oposición leal y, por otro, formular una definición explícita, sobre todo en el caso del PRI, de la agenda que propone para el país y lo que podría hacer como gobierno en caso de ganar esas elecciones.
La hipótesis es que la sensación de incertidumbre que experimenta la sociedad mexicana en estos momentos, sólo puede ser subsanada por la única fuerza política que parece encaminarse a gobernar la Presidencia. No es sólo un asunto de responsabilidad, sino de seguridad política. Veamos.
Por razones históricas, culturales y hasta antropológicas, va a ser muy difícil, si no imposible, presentar al PRI como un partido distinto de lo que ha sido o es. Por tanto, la originalidad de una nueva estrategia quizá resida en hacer de los defectos virtud y traducirlos, a ojos de una ciudadanía desamparada, en las cualidades hoy cruciales para gobernar un país tan complejo y en medio de una situación tan delicada.
Una primera vertiente de esa nueva narrativa tiene que exhibir que la combinación de experiencia y pragmatismo, indispensable para gobernar con efectividad, sólo la reúne el PRI en este momento. Y una segunda se relaciona con la definición del programa. Si partimos de que la atmósfera pública se ha cargado ya de una manera tóxica con el tema de la violencia y el crimen, hay una ventana que el PRI debe explorar y es intentar mover la agenda para México hacia los temas centrales para el mediano y largo plazos y que son, al menos, el crecimiento, la competitividad, el empleo productivo, la educación y la equidad social.
Paradójicamente, a pesar del enorme ruido y de los hechos que lo producen, ni el PRI ni el resto de las fuerzas políticas tienen mucho qué ofrecer en el tema de seguridad por la preocupante razón de que quizá nadie sepa, en un sentido estratégico, realista e integral, qué hacer con él.
Lo que México demanda hoy es contar, al menos, con la expectativa de que alguien puede generar las condiciones de liderazgo y de concordia con que vive una nación.
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