No se entiende por qué las oposiciones pusieron el grito en el cielo cuando el presidente Calderón anunció la exención de la tenencia a vehículos nuevos de cierto precio, si es uno de los principales anzuelos que sus propios candidatos a gubernaturas estatales han estado ofreciendo, igual que en 2006, a los votantes.
Supongo que, a estas alturas, ya no será muy rentable electoralmente para el PAN, pero sí es altamente revelador del ambiente de opereta que se vive en la política mexicana y un pésimo mensaje en materia de gobernanza profesional.
El primer problema es que hay una seria confusión cuando se dice que, con esta medida, se alienta el mercado interno. No es exactamente así. Cualquier economista sabe bien que la expansión del consumo pasa obligadamente por el ingreso y éste, a su vez, por el empleo, la producción o la productividad. En una palabra: crecimiento.
Por ende, si lo que se quiere es aumentar ese mercado lo que se necesita son reformas de gran calado que lo estimulen, y no ocurrencias populistas de última hora.
Una de ellas, justamente, es fortalecer los ingresos fiscales de un país que recauda poco y mal. La tenencia es un impuesto importante para los estados (el año pasado fueron 300 millones en Guerrero y Quintana Roo, 203 en Aguascalientes, 600 en Tamaulipas, y así sucesivamente), razón por la cual algunos gobernadores se han venido oponiendo a su eliminación.
El segundo desfiguro es que sugiere que las arcas federales están de maravilla, puesto que el costo del donativo lo absorberá Hacienda, y no los estados. En consecuencia ¿con qué argumentos va a proponer el Ejecutivo, de ser el caso, aumentos impositivos en la ley de ingresos para 2011 o generalizar el IVA o suprimir los regímenes tributarios especiales si se da el lujo de “quitar la tenencia”, como por cierto lo pidió en marzo de 2009 ese ejemplo de sofisticación intelectual que es AMLO?
A menos que, gracias a la medida, la venta de vehículos vaya a ser tan espectacular como para que el pago de otros gravámenes (digamos el Impuesto sobre Automóviles Nuevos, IVA e ISR) compense y rebase la merma de la tenencia, no parece tener racionalidad económica.
Y finalmente, si a partir de 2012 los gobiernos estatales deciden suprimir enteramente la tenencia para todos los vehículos —pues será entonces su facultad— se crearán incentivos perversos para el uso del transporte público (Holanda, por ejemplo, va a reemplazar el equivalente a la tenencia por algo más estricto: en lugar de pago fijo, quien más circule más paga) o para la conservación por más tiempo de las unidades viejas, atentando, más aún, contra la calidad del aire y la reducción de emisiones contaminantes.
¿Cuándo podrán los políticos de ahora pensar con cierta —sin excesos, desde luego— inteligencia para entender lo que es bueno y lo que no para el interés público?
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