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La historia de Katrina
Una chica norteamericana que quería tener padre
  • El drama de los “niños de probeta”
  • Cuando la ciencia se deshumaniza, causa tragedias
  • Siempre soñé con un padre que me protegiera y amara…
Aguascalientes, Ags., México. 23 de septiembre, 2008

 
 
 
 
 

 

     
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Katrina Clark pudiera haber pasado por una joven norteamericana cualquiera que no tenía padre ni nunca lo conoció. Sin embargo, a los 18 años le llegó una “crisis de identidad” que la hizo investigar acerca de su padre.

Aunque lo parece, Katrina no es una adolescente norteamericana común y corriente; es uno de los primeros “bebés de probeta” que nacieron sin padre y sin la posibilidad de rastrearlo, ya que procede de uno de esos engendros que comercializan y deshumanizan la ciencia en algunos países: los bancos de esperma.

El diario norteamericano The Washington Post presentó hace meses la historia de Katrina y dio cabida a su queja: las leyes de fecundación artificial se hicieron pensando sólo en los deseos de personas adultas que querían concebir un hijo a toda costa, pero jamás previeron que las personas concebidas con ese método también llegarían a tener derechos.

“Me molesta, dice Katrina, que todo lo relativo a la fecundación artificial se centre sólo en los padres, que toman decisiones sobre nuestras vidas. Se simpatiza con la madre que quiere tener un hijo y el donante de semen consigue una garantía de anonimato y la seguridad de que no tendrá ninguna responsabilidad por lo que respecta al hijo nacido por su donación. Mientras estos adultos sean felices, la concepción de este tipo será un éxito, no?"

Nosotros también somos personas…

Pero no es así de simple, dice ella misma, ya que los nacidos de manera artificial también son personas, y desde un punto de vista emocional, muchas de ellas sufren por la situación en la que viven. Nosotros no pedimos nacer de este modo, con las limitaciones y la confusión que trae ese hecho. Es hipócrita que médicos y padres supongan que a “los productos” del banco de esperma jamás le interesará conocer sus raíces biológicas.

Katrina se propuso encontrar a su padre biológico, contra todas las posibilidades de hacerlo. Lo primero fue convencer a su madre, junto a la que ha pasado momentos muy difíciles que han logrado superar.

Siendo muy pequeña, su madre le había contado que ella nunca tendría un papá sino sólo un padre biológico desconocido. Katrina confiesa: “me gustaba soñar con un hombre alto y delgado que me abrazaba y me balanceaba dando vueltas en el patio… un hombre varonil que estaba encantado con su niña.”

Sentí celos de mis amigos que tenían padre…

Ya adolescente, añoraba la figura de un padre que la cuidara y la protegiera. “Muchas veces sentí celos de mis amigos que tenían una familia con padre y madre y hermanos. Cuando los padres de uno de mis amigos se divorciaron, sentía también celos del amor y la compasión que todos les manifestaban por haber perdido a su padre. A mi nadie me ofreció ese apoyo y comprensión.”

Cuando Karina era una jovencita, su madre se casó y las cosas marcharon bien en el hogar hasta que un día su padrastro la regañó y su madre no lo soportó y perdió el control.

- “No tienes autoridad sobre ella, le dijo. No eres su padre; ella no tiene padre”

Yo nunca tendría un padre… y lo odié

En ese momento, Katrina tuvo una sensación de vacío. “Me dí cuenta de que en cierto sentido, era rara porque nunca tendría un padre. Entendí plenamente lo que significa ser concebida por un donante anónimo… y lo odié”.

Meses después, vio un programa de TV acerca de una mujer que murió de un problema cardiaco de origen genético, que ella ignoraba por ser hija adoptiva que no conocía la historia médica de sus padres. Esto la decidió a buscar a su padre.

Hizo una labor detectivesca con su madre y con el banco de esperma, lanzó cientos de mensajes por correo electrónico entre donantes y al cabo del tiempo dio con el que pudiera ser su padre. Las pruebas de ADN lo confirmaron y “mi vida cambió desde entonces.”

Hay mucho que quiero saber de él

Su padre no estuvo demasiado entusiasta con el encuentro, pero Katrina no quiso perderlo. “Hay mucho que quiero saber de él, de su familia; estoy segura de que no se da cuenta del papel tan grande que ha tenido en mi vida a pesar de su ausencia. Si no puedo estar cercana a él como padre, siempre podré estar apegada al sentimiento de que tengo un padre”.

"Los nacidos por donación de esperma llegaremos a ser adultos y a formar nuestra opinión acerca de la decisión de traernos al mundo de un modo que nos priva del derecho básico de saber de dónde venimos, cuál es nuestra historia y quiénes son nuestros dos padres”.

 
 

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