A los 18 años Ainsley se marchó de casa para estudiar en una prestigiosa universidad americana. Durante el primer curso todo marchó sobre ruedas: hizo muchas amigas y sacó buenas calificaciones. Pero luego la cosa se torció. Empezó a beber demasiado, dejó de asistir a clase y al final fue expulsada de la universidad.
Al regresar a casa, su madre se mostró inflexible. “Te has comportado estúpidamente, le dijo. Has arrojado tu futuro por la ventana. Has avergonzado a tu familia”. En mitad de la bronca, su padre se acercó a Aisnley y le dijo al oído: “¿Te encuentras bien, hija?. Ella se echó a llorar”.
“No se puede imaginar cómo me afectó aquello, le explica Ainsley a la doctora Meg Meeker. Eso pasó hace treinta años, pero el amor que siento por mi padre en este momento es algo tan fresco y tan reciente como lo fue entonces… supe que era a mí y no a los logros que pudiera alcanzar a quien realmente amaba”.
El caso de Ainsley es uno de los muchos que la doctora Meeker ha escuchado en su consulta de pediatra y consejera familiar y que la llevaron a escribir el libro “Padres Fuertes, Hijas felices”, recientemente traducido al español.
"Las jóvenes de hoy se encuentran expuestas a más riesgos que las de antes (anorexia y bulimia, enfermedades de transmisión sexual, depresión, alcohol, drogas, fracaso escolar) y son los padres los únicos que pueden interponerse entre ellas y el ambiente social que las rodea", afirma Meeker.
“No importa la edad que tengan;
las hijas necesitan un héroe: papá”
No importa si sus hijas tienen seis o treinta años, papá siempre será su héroe, a menos que deje de vivir con integridad y honradez.
Aunque al crecer, las hijas se den cuenta de que su padre es una persona común y corriente, mientras sea íntegro y honrado, siempre será su héroe. “La autoridad paterna es crucial. De hecho, las chicas más problemáticas e infelices son las que han tenido padres permisivos y pasalones…”
Tan sólo déjele ver que no está sola…
Si un padre de familia tiene un hijo varón, sabe que pueden ver un partido de futbol juntos, casi no hablar, y sin embargo, se sienten a gusto los dos. Pero las hijas están hechas de otra pasta, y Meeker da este consejo: “esté donde esté, asegúrese de que ella percibe que usted se da cuenta de que está a su lado, hágale preguntas, escúchela. Las mujeres odian el sentirse invisibles”.
Padres: No tengan miedo de establecer reglas
A finales del siglo pasado el padre fue presentado como una figura autoritaria que pretendía imponer sus reglas a los hijos ansiosos de libertad. Esa idea caló tanto en la mente de algunos padres, que temen establecer límites a sus hijas ya que pudieran rebelarse.
Meeker asegura que la autoridad no provoca traumas a las hijas, al contrario, es lo que más las acerca a sus padres y hace que los respeten más. Algunas de las mujeres que acuden a la consulta de Meeker se quejan de que sus padres no se atrevieron a establecer reglas por no causar un conflicto.
“Permítanme que les cuente un secreto, dice Meeker, sobre las hijas de todas las edades: les gusta presumir de lo duro que son sus padres, y de lo estricto y exigentes que son con ellas. ¿Por qué? Porque esto les permite hacer notar lo mucho que ellos las quieren”.
"Y por lo que se refiere a inculcarles sus creencias, tampoco tengan miedo a hablarles de Dios. Si usted no le proporciona una guía a su hija, ella buscará las respuestas por su cuenta y la autoridad de Usted quedará suplantada por otra persona. Su hija necesita a Dios por dos razones: porque necesita ayuda y porque necesita esperanza. El le proporciona esa ayuda y le promete que el futuro será mejor” |