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Base de la familia y de la sociedad

El Matrimonio, mucho más
que un simple contrato civil

  • La autoridad no debe limitarse a “agilizar trámites” para el divorcio
  • La mediación es fundamental, aunque deben atenderla profesionales deseosos de ayudar
Aguascalientes, Ags., México. 10 octubre, 2008

 
 
 
 
 

 

     
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Anette Mejía tiene licenciatura en Derecho en la Universidad Bonaterra, ahora Universidad Panamericana Campus Bonaterra. Hizo la maestría en la UP Ciudad de México y cuando habla, especialmente cuando habla de la familia que es su tema de especialidad, combina la frialdad del argumento jurídico con la pasión contagiosa de quien está convencida de lo que dice.

En los últimos años parece que el matrimonio es solamente una cuestión de tipo civil que se regula por un contrato, nos dice. Cuando se tiene una visión de miras tan corta, resulta lógico pensar que, al igual que los contratos, el matrimonio tenga fecha de caducidad o de extinción, o que sea posible, y en algunos casos hasta deseable, disolverlo a voluntad de las partes o a petición de una de ellas.

Sin embargo, no es así. El matrimonio es algo mucho más grande que un simple contrato. Es la adhesión a una institución natural que da origen y que protege a lo que es el núcleo de cualquier sociedad sana, la familia.

“Durante el siglo XIX, cuando las tendencias liberales en Europa constituyeron los Estados laicos, se buscó una figura civil que pudiera contener al matrimonio y se eligió el contrato, pero la naturaleza del matrimonio lo excede, es superior y más complejo”.
Los tratadistas hablan ahora de una “institución civil”, pues reviste mayor trascendencia que un simple acuerdo de voluntades. “El matrimonio es más que un contrato, porque une no sólo voluntades, sino sentimientos y afectos. De él surgen los hijos y juntos integran una familia, célula básica de la sociedad contemporánea, fuente de valores y esencia misma de la existencia y desarrollo de las personas. Quiero enfatizar la idea: el matrimonio ha sido un contrato por imposición de la ley, por una necesidad histórica circunstancial. La figura jurídica le queda corta, no lo abarca en toda su dimensión”.
Explica que un contrato civil que se liquida a voluntad de las partes pudiera a lo más terminar con un acuerdo de arrendamiento o con una sociedad de tipo mercantil, ya que las consecuencias son principalmente económicas. Sin embargo, cuando la autoridad “facilita en exceso” o hace expeditas las causales para un divorcio, más que conseguir un bien al grupo familiar se le afecta de manera grave y se socava la base de toda sociedad.

Debería ser responsabilidad de la autoridad ayudar por todos los medios a que los matrimonios resuelvan sus dificultades y problemas para que, una vez resueltos, la familia esté protegida, cuidada y pueda dar frutos a la sociedad entera, comenta.

Una mediación real y efectiva, que solucione problemas

Ante una solicitud de divorcio, la ley marca como necesarias las audiencias de avenencia, sin embargo, este paso que debería ser conciliatorio y llevado por personal especializado para la función, ha caído en un mero trámite, que jueces y personal de los juzgados se afanan en cumplimentar lo más pronto posible, muchas veces de la manera que sea.

No es posible que personas sin la mínima preparación profesional y sin interés por resolver los problemas a fondo, se encarguen de buscar la avenencia. Como funcionan las cosas hasta ahora, lo único que se consigue es agilizar los trámites para que el juicio se resuelva y disminuya el rezago de casos en el juzgado.

La ley contempla la mediación, pero para que sea efectiva debe ser atendida por personas competentes, profesionales y sobre todo que tengan interés en que los problemas de los cónyuges se resuelvan de raíz, para que no se llegue a la separación, y si esto fuera imposible, no llegar al menos a las ofensas y en algunos casos a la violencia que daña de manera profunda tanto a los hijos como a los propios padres.

La función mediadora profesionalmente ejercida es la solución efectiva para casos de problemas matrimoniales y la que mejor garantiza el apoyo a la familia. Mientras no tengamos familias sólidas y que cumplan con su función protectora y formadora sobre los hijos, la sociedad seguirá mostrando los desajustes que nos han llevado a la situación actual de delincuencia, adicciones y violencia, nos dice Anette Mejía con plena convicción.

 
 

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