Si al PRI le llegara un haz de luz con los resultados de Michoacán quizá podría aprovecharlo para reflexionar, con seriedad de adulto, acerca de su decisión de ir con Nueva Alianza (NA), el partido propiedad de la señora Gordillo, en las elecciones presidenciales de 2012.
No se trata sólo, aunque sería lo más importante para México y para los millones de niños y jóvenes estafados con la mala educación pública que se les imparte, del secuestro que la complicidad entre los presidentes en turno y el SNTE ha significado para la política educativa. Es también un asunto estético y estadístico.
Por un lado, hay que recordar que la derrotada candidata del PAN al gobierno michoacano fue acompañada en la fórmula electoral con Nueva Alianza, lo que vale decir que este partido compitió en contra del PRI, la formación de la que ahora querría colgarse para la jornada del año que viene.
La pregunta, entonces, es muy simple: ¿es políticamente decoroso que un día se aparezca en una boleta electoral de la mano de un partido y después se brinque a otra boleta para figurar con el partido opuesto, sin rubor alguno? ¿Cuál es el mensaje que se le da al electorado en general, y al michoacano en particular, de votar en noviembre de 2011 por el PAN y NA y, en julio de 2012, por el PRI y Nueva Alianza? Es algo demencial.
Pero por otro lado, más relevante si se ve con pragmatismo, es que el famoso peso electoral de Nueva Alianza es un mito puro y duro. Véanse los números fríos de Michoacán.
Acción Nacional y NA fueron en candidatura común en la elección para gobernador. Con casi el 100% de las casillas reportadas en el PREP, Nueva Alianza había obtenido en dicha elección, en los 24 distritos electorales locales, tan sólo 10 mil 115 sufragios, lo que equivale al 0.64% de los votos emitidos. Y en las elecciones para presidentes municipales NA captó, en total, 11 mil 053 sufragios o 0.67%. Esa fue la aportación real del partido magisterial a la candidata del PAN. Supongamos que en 2012 triplique su rentabilidad electoral: llegaría, apenas, al 2%, que es su valor promedio.
Algunos delirantes podrán imaginar que Nueva Alianza, desde adentro, hizo labor de zapa o traicionó al PAN; es posible. Otros dirán que su valor agregado no está en los votos que recauda sino en la movilización que genera o en la puesta a disposición de cientos o miles de maestros para que sean representantes de partido en las casillas. Pero ni en el caso de Michoacán ni en las elecciones estatales del año pasado, por ejemplo, hay evidencia de que así haya sucedido.
Que Nueva Alianza sea uno más de los fraudes de su fundadora no debe sorprender a nadie. Lo que provoca estupefacción es que todavía haya quien se lo crea. |