Con motivo del “Día del Maestro”, la presidenta del SNTE volvió a insistir, ahora con una retórica más enredada, en que la agrupación que controla ha impulsado diversas propuestas sobre, por ejemplo, calendario escolar, mecanismos de evaluación o criterios de selección de docentes. Una vez más, miente de cabo a rabo.
La extensión del calendario escolar a 200 días —entre otras innovaciones— fue planteada, por vez primera, en marzo de 1993 por el gobierno de Aguascalientes en el marco de la presentación del programa educativo estatal 1993-98 y de la iniciativa de ley estatal en esa materia. “Éste fue un logro inusual —escribió el investigador del CIDE Leonardo Alvarez—, puesto que Aguascalientes amplió el calendario antes que ningún otro estado. De hecho, establecieron el precedente para la expansión que promovió el gobierno federal”.
Más aún: como lo han documentado otros especialistas (Margarita Zorrilla, Maricarmen Pardo y Merilee S. Grindle, entre otros), el SNTE no sólo no apoyó esta idea (ni muchas más), sino que activamente se opuso movilizando, finalmente sin éxito, a la burocracia de la sección 1. Dice Grindle: “La sección local del SNTE —inicialmente en favor de la reforma— fue forzada por la dirigencia nacional a protestar por los cambios”.
No sólo en eso patina la maestra. El proyecto de introducir nuevos mecanismos de evaluación tanto de docentes como de rendimientos escolares tampoco ha sido originado en el sindicato, sino, más bien, constantemente torpedeados por sus líderes.
Un reporte de Fernando Reimers y Sergio Cárdenas, de Harvard, para el BID, ha aportado evidencia dura de que la influencia del SNTE “en la gerencia del recurso docente ha politizado y dificultado la introducción de reformas necesarias para introducir parámetros modernos, equitativos y transparentes de gestión que permitan elevar el profesionalismo de la carrera docente y por ende su calidad. Éste es sin duda el mayor obstáculo que enfrenta actualmente el sistema educativo mexicano”.
Y, finalmente, no es verdad que haya sido el gremio magisterial el promotor de los concursos de acceso a la carrera docente.
En el llamado Compromiso Social por la Educación, un documento de buenos deseos promovido en agosto de 2002 por la señora Gordillo y con el que le tomó, sin mucho esfuerzo por cierto, el pelo al presidente Fox, no aparece absolutamente nada parecido a la introducción de criterios rigurosos, cualitativos o meritocráticos para ser maestro en la escuela pública, por la sencilla razón de que allí está el resorte central del corporativismo del SNTE.
Quienes llevaron el punto a la Alianza por la Calidad de la Educación, recogiendo viejas demandas de investigadores y observadores, fueron, en realidad, Josefina Vázquez Mota y su equipo de la SEP.
No es una novedad la sistemática mitomanía de la señora Gordillo. Pero, por lo visto, con los años también ha perdido cualquier noción de lo que significa el recato
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