Por Carlos Fonz
Esta semana viajé a una ciudad del norte de México para dar una charla sobre cuestiones familiares a un grupo de padres de familia. Y, como sucede siempre, al final somos los expositores los que aprendemos y nos enriquecemos de las aportaciones, de las preguntas y de los enfoques que tienen las personas del auditorio.
Por esos días se presentó en la Ciudad de México la iniciativa de un partido para legalizar la unión de parejas homosexuales bajo la figura de matrimonio. Como era de esperar, el tema surgió en las reuniones.
Una madre de familia, comentó que no le parecía correcto que en un momento en que el país tiene tantos temas por atender, y los congresos y órganos legislativos tienen tantas leyes pendientes de analizar y destrabar, se presentaran iniciativas de ese talante. Es distraer de los temas que son realmente urgentes para México como el empleo y la actividad económica, combatir eficazmente a la delincuencia y frenar la ola de secuestros, de asesinatos, de tráfico de drogas de diversos tipos.
Casi sin darme tiempo a intervenir, uno de los asistentes pidió de inmediato la palabra para expresar que lo que sucede en México con los partidos que supuestamente son “de izquierda” es que se han dedicado a imitar las acciones de sus correligionarios en otros países en el sentido de promover cuestiones como el aborto, la contracepción, la eutanasia y la unión legal entre personas del mismo sexo, sin atender a otros temas realmente importantes para la mayoría de los habitantes.
Era una constante observada a nivel mundial que partidos considerados de izquierda defendían a las clases menos favorecidas y protegidas, pugnaban por mejores condiciones de trabajo y de retribución, por conseguir que la justicia fuera más expedita y ágil, buscaban, en pocas palabras, ayudar a los más necesitados. Pues, ahora, en el momento en que millones de personas están sin trabajo en todo el mundo, ahora que la atención médica está lejos del alcance de la población y que millones, aún en los países occidentales, pasan por situaciones de extrema necesidad, esos partidos se desentienden de sus causas y se enfocan a impulsar iniciativas del tipo que interesan sólo a contadas minorías, como las que comentaba la señora que intervino en primer lugar.
Es un hecho que hay personas con una inclinación sexual hacia el mismo sexo, y que en el mismo Distrito Federal se legisló recientemente para dar a ese tipo de uniones el carácter equivalente a un matrimonio en lo que hace a derechos a la seguridad social, a las pensiones, etc. Pero también es un hecho que el matrimonio es la unión de un hombre con una mujer que buscan establecer una familia para procrear, sostener y formar a los hijos. Jamás habrá procreación de la unión entre dos personas del mismo sexo en la especie humana: así nos hizo la naturaleza, y ni la ciencia , ni una votación mayoritaria, ni el capricho, podrán cambiar eso.
Otro de los participantes comentó que hace unos días, una propuesta de ese tipo fue rechazada en una de las regiones más liberales de Estados Unidos. El movimiento gay fue derrotado en las urnas en Nueva Inglaterra y Maine se convierte en el 31 de los estados americanos que en un referéndum se opone al llamado “matrimonio homosexual”. La derrota ha causado nuevas divisiones en el movimiento gay, y una buena parte de ellos no quiere ya acudir a las urnas para someter su proyecto, por el miedo a sufrir nuevas derrotas que los debiliten más aún.
En ocasiones nos empeñamos en seguir tendencias y modas que en los países donde se iniciaron ya están de regreso al comprobarse su improcedencia.
No confundamos a los hijos ni cerremos los ojos a lo que ven y escuchan en los medios. Las cosas como son: el matrimonio se da solamente entre hombre-mujer para establecer una familia y tener hijos y apoyarse mutuamente en la vida. Lo demás, llámenlo como quieran, no cae en la categoría ni tiene la dignidad del matrimonio.
Como ven, los viajes ilustran. Y de este viaje a la ciudad norteña regresé con la certeza de que afortunadamente cada vez hay más personas sin pelos en la lengua, que dicen las cosas como son, que se informan, se forman y no se dejan llevar por las tendencias y caprichos que se ponen de moda.
Las modas cambian cada temporada. La naturaleza es así desde que el hombre es hombre, y lo será mientras sigamos siendo parte del género humano.
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